Con la candidez de siempre, el presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, nos notifica, una vez más, que su partido no está disponible para ponerle freno a la violencia que lentamente se vuelve a tomar las calles del país. Para algunos, esto es una sorpresa; para muchos de nosotros, esto es la confirmación de lo que ya sabíamos.

El comunismo, por esencia, requiere de la violencia para subsistir. Está en sus definiciones teóricas y también en su experiencia práctica. La revolución, violenta y antidemocrática, es la única forma que han empleado siempre para poder conseguir el poder y, una vez que lo tienen, usan la violencia sistemática para mantenerlo.

La única novedad en Chile es que quien lidera las preferencias presidenciales de la izquierda es Daniel Jadue, un alcalde comunista. Hábilmente, como lobo vestido de oveja, Jadue ha logrado camuflar sus posturas detrás del populismo municipal y ha logrado mantenerse al margen de la dirigencia comunista, con el objeto de ser visto como un líder apolítico y así conseguir el favor de una mayoría que lo lleve a La Moneda. Pero pierdan cuidado, si el destino de Chile permitiera que Jadue llegara a la presidencia, no hay duda que a su lado estarán Teillier, Gutiérrez y compañía, dirigiendo el camino de Chile hacia la próxima revolución comunista.

Por tanto, la verdadera pregunta que tenemos que hacernos hoy no es quien está del lado de la violencia, porque lo sabemos, si no quien está dispuesto a condenarla de verdad. Algunos pretenden decir que los símbolos, las opiniones y hasta la forma de hablar o escribir es violenta, buscando igualarlo a las piedras, palos y molotovs que lanzan los agresores de Carabineros. No es así: no permitamos que el falso empate logre poner en grado de igualdad aquello que no es igualable.

La violencia es clara y nítida y tenemos que condenarla con toda nuestra fuerza. En democracia no hay espacio para disensos frente a la violencia y sólo los demócratas son aquellos que eligen el lado que la condena. De nada sirven las cartas de los conglomerados o las declaraciones de indignación a través de redes sociales. Lo que se requiere es hacer lo que se dice y ser consecuente con ello a través del tiempo.

Por eso, el mensaje para la izquierda menos radical es evidente. Si ellos se ponen del lado del Partido Comunista, también serán cómplices de la violencia y serán igual de antidemocráticos que ellos. No sería la primera vez, pues hace 50 años ya lo hicieron, dándole el gobierno a la izquierda extrema que estuvo a punto de destruir a Chile.

Por el bien de nuestro país y el futuro de nuestra Patria, espero que los verdaderos demócratas tengan la capacidad y el coraje de rechazar la violencia y de aislar a aquellos que buscan el caos y la destrucción del país. Los chilenos hoy necesitan un gobierno firme y que esté centrado en las urgencias sociales que la crisis social, económica y política nos obliga a resolver. De lo contrario, tendremos el grave riesgo de seguir prolongando esta crisis y el grave peligro, de retroceder hacia el infierno comunista que algunos nos quieren imponer.

/Escrito por José Antonio Kast para El Líbero

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