Al pasar por fuera de varios hoteles capitalinos la verdad es que cuesta comprobar que éstos se encuentren en funcionamiento. Hay que detenerse un momento y mirar hacia el interior para darse cuenta que hay gente en la recepción –obviamente con mascarillas- y que por lo mismo estos alojamientos se encuentran abiertos. Mientras tanto afuera, por lo general, reina una absoluta calma. No se ven turistas de bermudas y zapatillas blancas caminando y tampoco hay minibuses esperando a alguna delegación o taxistas tratando de agarrar a algún pasajero.

Según datos entregados por la propia industria hotelera hace algunas semanas, las cifras de ocupación en toda Latinoamérica rondan el veinte por ciento del flujo normal de pasajeros, aunque el número es bastante mejor que el ocho por ciento que se dio en los meses de pleno confinamiento. Así las cosas, lo que se registra en el rubro de los hoteles por estos días en Santiago es un tránsito lento, muy lento, de clientes que llegan a los distintos recintos por variadas razones y –obviamente– no les queda otra que someterse a las nuevas normas instauradas, consecuencia de la pandemia.

Protocolos y restricciones

Algunos acaban de abrir, otros ya llevan varias semanas operativos e, incluso, hay otros que jamás cerraron durante estos meses. Como sea, todos los hoteles en funcionamiento deben acatar una serie de medidas dictadas por la Seremi de Salud, que van desde el uso obligatorio de mascarillas para pasajeros y empleados, chequeo de temperatura, restricción de uso de zonas comunes y mucho más. Además, varios recintos se han acogido a protocolos aún más estrictos siguiendo certificaciones internacionales o de las mismas cadenas a las que pertenecen.

En el caso del Hotel Bidasoa, en Vitacura, sumaron la realización de un test rápido para coronavirus a cada pasajero al momento de llegar por primera vez al hotel. “Antes de comenzar con el check-in se realizaba el test y si salía positivo, que nos pasó en algunos casos, se llamaba a un número que también nos dejó la Seremi y la persona se iba directo a una clínica”, explica Andrea Sanz, directora creativa del hotel.

“Antes de comenzar con el check-in se realizaba el test y si salía positivo, que nos pasó en algunos casos, se llamaba a un número que también nos dejó la Seremi y la persona se iba directo a una clínica”, explica Andrea Sanz, directora creativa del hotel Bidasoa.

 

Ahora bien, si uno logra entrar en un hotel, ¿cómo es la vida al interior actualmente? Podríamos decir, normada. Esto porque los chequeos, controles y restricciones se aplican –a diferencia de lo que pasa en restaurantes o establecimientos comerciales- de manera permanente. Se controla la temperatura cada vez que se entra al hotel y se pasa por las –a estas alturas- tradicionales alfombras para desinfectar el calzado. Pero la cosa sigue, porque en el interior de los hoteles está demarcado por donde se debe circular y existen aforos máximos para ascensores y salones, además de abundar los carteles con indicaciones y los dispensadores de alcohol gel por todas partes.

Obviamente, los pasajeros sólo pueden sacarse la mascarilla al interior de sus habitaciones y sólo se permite alojar en piezas matrimoniales o singles. De grupos nada, hasta nuevo aviso. Pero hay más, porque el tradicional desayuno buffet que los hoteles solían ofrecer a sus huéspedes durante las primeras horas de la mañana ya no es igual. Ahora abundan los sándwiches, pasteles y otros alimentos ya envasados, mientras la fruta fresca y los huevos revueltos prácticamente desaparecieron. Esa oferta ahora se sirve en las habitaciones y, en algunos casos, el resto de las comidas también. “Tenemos muchos pasajeros que por seguridad prefieren consumir todas sus comidas en sus habitaciones, por lo que nos ha tocado reinventar un poco nuestro roomservice, que ahora se parece más al de una línea aérea que al de un hotel”, explica Andrea Sanz.

En otros recintos, como el Mandarin Oriental Santiago, aprovechan su infraestructura al aire libre para darle un poco más de normalidad a esta situación. “Las terrazas y jardines del hotel nos permiten servir desayuno, almuerzo y cena en el exterior, por lo que podemos ofrecer una experiencia muy placentera”, cuenta Ignacio Rodríguez, gerente general del hotel. Él agrega que en cuanto al desayuno, “los hoteles de lujo ofrecen de forma habitual el desayuno a la carta, por lo que esto no es nuevo para nosotros, ahora faltará decidir si esto queda implementado así o volvemos al formato buffet en el futuro”.

Una restricción adicional que por estos días afecta a los hoteles tiene relación justamente con algunos de los servicios más apetecidos por sus clientes: piscinas, gimnasios, saunas y spa. Todas estas instalaciones, en el caso de los hoteles que las tienen, permanecen cerradas por orden de la autoridad. “Por el momento tenemos el área de la piscina habilitada para tomar el sol”, explica Rodríguez, reconociendo que para todo lo demás no queda otra que esperar que las fases de desconfinamiento avancen.

La tecnología también sirve para reducir el riesgo de infección para los pasajeros. Crédito: AgenciaUno
Pasajeros y nuevos usos

Más allá de todas las restricciones que afectan el normal funcionamiento de los hoteles, lo cierto es que también vale la pena preguntarse por el perfil de las personas que deciden alojarse en este tipo de recintos, considerando que seguimos con las fronteras cerradas, restricciones de desplazamiento dentro del país y todavía mucho teletrabajo. “Para nuestros hoteles en Santiago en estos momentos tenemos una demanda cien por ciento nacional, con gente proveniente de regiones, ya sea por temas profesionales, personales o médicos”, cuenta Andrea Svart, directora comercial de Hoteles Cumbres. Lo mismo sucede en el Mandarin Hotel Santiago donde “por el momento sólo tenemos público local. Es decir, chilenos y extranjeros residentes”, cuenta Ignacio Rodríguez.

/Reportaje de Álvaro Peralta para La Tercera

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