Encerrados en un hotel. Así han tenido que pasar Alexis Sánchez y Arturo Vidal desde que volvieron de Chile, tras participar en el inicio de las Eliminatorias con la Selección. Ambas figuras del Inter de Milán, como todo el plantel que encabeza Antonio Conte están en una suerte de burbuja sanitaria. No pueden hacer nada que no esté en la planificación del club. Ni siquiera recibir visitas. En el Inter temen por un rebrote de coronavirus que complique sus planes inmediatos.

De hecho, tras la igualdad frente al Borussia Mönchengladbach, el equipo volvió al claustro, que solo abandona para los entrenamientos y los partidos. Antes de ese duelo, el defensor marroquí Archraf Hakimi habría arrojado positivo para Covid-19. Naturalmente, ambos chilenos son considerados contactos estrechos del futbolista africano.

La burbuja sanitaria establecida por el Inter no tiene, por el momento, fechas definidas. La prioridad absoluta está puesta en la prevención. En ese contexto, el control es total. Se controla hasta lo que comen los jugadores, quienes están advertidos de que cualquier vulneración a los protocolos derivará en drásticas sanciones. El único flujo de movimiento es entre el hotel y el campo de entrenamiento. Nada más.

“Tienen que pedir permiso para todo”, grafican desde el entorno de ambos futbolistas, quienes han tenido que suspender una serie de eventos particulares y comerciales producto de la restricción.

En Italia el posible brote de coronavirus genera inquietud. De hecho, se ha llegado a plantear la opción de suspender la próxima fecha de la Serie A ante el inminente riesgo.

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