El abogado del general (R) Juan Emilio Cheyre, Jorge Bofill, habla sobre los casos en los que interviene, pese a la impopularidad de los mismos. También revela que iba a ser el primer Fiscal Nacional al implementarse la Reforma Procesal Penal, pero que fue bajado a último momento.

No me complica trabajar en casos impopulares. El abogado que se dedique a esto y que no quiera trabajar en estos temas está en el lugar equivocado. La impopularidad está fundada en prejuicios. Hoy, mi caso más bullado es la defensa del general (r) Juan Emilio Cheyre. Esto genera atracción pública y mucha critica desde ciertos sectores. Para mí es una gran responsabilidad representar al general del “nunca más”.

La puerta giratoria es una analogía que está instalada en el imaginario colectivo. Chile tiene más presos per cápita que ningún otro país en América Latina. Las cárceles están saturadas. Estamos hablando de etiquetas que ponen los políticos como reacciones coyunturales frente a problemas que no son capaces de manejar.

Cuando niño era bastante fome. Me dediqué a estudiar, siempre me saqué buenas notas. En la universidad fue lo mismo, además, empecé a trabajar muy temprano, entonces fue una infancia pobre en anécdotas. Por la forma en que mi vida fluyó, me traje pocos amigos de la juventud.

Soy nieto, hijo, hermano y sobrino de abogados. La profesión está en nuestra sangre. Tengo un hijo que es abogado y trabaja en mi oficina, otro que está a punto de dar su examen de grado. En algún momento me gustó la idea de ser médico, pero como mi padre era abogado, me decidí por un mundo que conocía. Nunca me presionaron. Es una linda tradición.

Hago clases universitarias y veo que hay mucho desorden por los paros. Uno se pregunta hasta qué punto el interés de los estudiantes por los temas públicos puede terminar afectando el funcionamiento de una Facultad de Derecho. El año pasado hicimos un curso de litigación con Julián López, que requería la presencia de los alumnos y al final terminamos haciendo un curso por correo.

Si tuviera más tiempo me encantaría dedicarme a cocinar. Soy un cocinero aficionado. Es una actividad muy creativa que me relaja. Lamentablemente, no tengo mucho tiempo. No me veo jubilando voluntariamente.

En Alemania jugué fútbol en una liga amateur. No son troncos, eso es un mito. Tenían una disciplina admirable, con pretemporada y dos entrenamientos a la semana. Ya no juego, a mi edad, uno tiene que cuidarse.

Participar en la Reforma Procesal Penal marcó mi carrera. Llegué ahí porque mi tesis doctoral en Alemania tenía que ver con eso. La reforma fue un diseño exitoso y se implementó bien, tengo la impresión de que eso generó un impulso para que mi trabajo fuera más visible.

La justicia no es un reality show. Las audiencias son públicas, pero no pueden ser grabadas en su totalidad ni debieran ser transmitidas por streaming. Hay una mala interpretación de la ley. La administración de la justicia no es un producto que se venda por televisión. Está comprobado que las personas cambian su comportamiento por una cámara. Sería impopular discutir sobre eso, no faltará el que reclame por una ley mordaza.

Iba a ser el primer fiscal nacional, pero me bajaron.
La entonces ministra de Justicia, Soledad Alvear, me invitó a considerar la posibilidad. Postulé, pero en la Corte Suprema me dijeron que había olvidado entregar un papel y estaba fuera. Fue un pretexto para dejarme fuera de la quina. Habría que preguntarles a los supremos de la época por qué lo hicieron.

La gracia de Sebastián Piñera es que no oculta quién es.
Tengo claro que no me representa y que no voy a votar por él. En cambio, no puedo decir que discrepo con Alejandro Guillier, porque no tiene un proyecto ni una línea de pensamiento conocida. En eso, Piñera es mucho más sincero.

Acá la política es mucho más seria, limpia y responsable que en otros países. Nosotros estamos lejos de lo que pasa en Brasil. La sospecha está instalada y, por lo tanto, trabajar en política es más duro que antes. Me han sondeado para entrar en política contingente, pero la respuesta siempre ha sido que no. No quiero estar expuesto, me gusta mi intimidad, tengo una familia en quien refugiarme. Y los políticos no tienen ese derecho.

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