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Desde el inicio de la campaña que lo llevó a la Casa Blanca, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, acusó a China de manipular su moneda, de robar propiedad intelectual estadounidense y de “quitarles los empleos” a los trabajadores de su país, situación que prometió revertir creando fuertes aranceles a las importaciones chinas.

 Beijing reaccionó ante cada crítica e incluso el presidente Xi Jinping advirtió en el foro de Davos que “nadie saldrá victorioso de una guerra comercial” y que la economía global “es un gran océano del que uno no puede escapar”.

¿Pero en qué consistiría esta guerra comercial entre las dos primeras economías del mundo?

La revista británica The Economist considera en un reciente artículo que un primer campo de batalla sería la Organización Mundial del Comercio (OMC), en la cual el gobierno de Barack Obama ya había iniciado una serie de denuncias contra China frente a la práctica del dumping, inundar un mercado con productos baratos, y otras medidas prohibidas por los acuerdos internacionales.

En este escenario, Trump podría aumentar la cantidad de causas o incluso lanzar denuncias de dumping desde el mismo gobierno, en lugar de incentivar a empresas estadounidenses a hacerlo —la doctrina de Obama—, o de subsidios excesivos por parte de Beijing.

China podría responder entonces con el bloqueo de sus importaciones de alimentos estadounidenses citando supuestas infracciones de seguridad e higiene.

La OMC tiene herramientas y reglas consensuadas para mediar en estas disputas y evitar una escalada, pero lo cierto es que el organismo podría ser un primer escenario de tensiones.

Los mayores temores, sin embargo, vienen de una confrontación por fuera del sistema de las Naciones Unidas si la Casa Blanca no obtiene lo que busca en ese foro mundial, según consigna The Economist.

Trump prometió en campaña una tarifa del 45% para los productos chinos

Trump prometió en campaña una tarifa del 45% para los productos chinos

Trump prometió en campaña una tarifa del 45% para los productos chinos, que en la práctica funcionaría como un impuesto a la electrónica y la vestimenta, trasladable a los precios.

Los productores chinos sufrirían, pero los consumidores estadounidenses, en especial los más pobres, serán quizá los más afectados en un mercado en el que la mayor parte de los textiles y los aparatos electrónicos son chinos.

Una suerte similar tendrán los productos estadounidenses que se nutren de componentes chinos, cuyos precios podrían también subir en el contexto de una guerra comercial.

Además, una tarifa del 45% violaría las bases de la OMC y China podría reaccionar también por fuera del organismo e ir contra las importaciones de soja desde los Estados Unidos, su segunda exportación al gigante asiático y una actividad comercial vital en estados agrarios como Iowa, de donde proviene el embajador estadounidense en China.

El presidente chino, Xi Jingpin, dijo en Davos que “nadie saldrá ganador de una guerra comercial” (Reuters)

El presidente chino, Xi Jingpin, dijo en Davos que “nadie saldrá ganador de una guerra comercial” (Reuters)

No todos serían perdedores. Al menos en el corto plazo, la Casa Blanca vería un crecimiento en su recaudación tributaria y algunas empresas estadounidenses se beneficiarían del proteccionismo.

Por otro lado, desde hace años China está intentando dejar atrás su identidad de “fábrica del mundo” y fomentar una economía basada en su propio mercado interno, según consigna la revista Forbes, por lo que podría estar mejor preparada de lo que espera para una guerra comercial.

En 2016, los Estados Unidos exportaron 125.300 millones de dólares a China, mientras que recibió 484.000 millones de dólares en importaciones del gigante asiático, según Panjiva, una empresa que mide el comercio global.

/Infobae

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