Pienso que no pudo ser más oportuna la fecha que eligió ME-O para inscribir su tercera candidatura presidencial. Lo hizo el viernes 19 de mayo, lo cual me permite a mí escribir sobre él hoy, 21 de mayo, día de la mayor gesta heroica de nuestra patria: la de Arturo Prat, el ídolo máximo.

Marco ha sido uno de los candidatos más dotados que me ha tocado ver en mi ya extensa observación de la realidad política local. Era -y sigue siendo- un talento innato. Rápido como liebre, bravo como tigre, encarador como rinoceronte, pero seductor como un flamenco. Un animal político de aquellos.

Marco leyó tempranamente el mapa político que se venía fraguando en el país y el año 2009 presentó una oferta a la ciudadanía que estuvo a punto de permitirle pasar a la segunda vuelta y enfrentar a Sebastián Piñera. Pero le faltó tiempo. Si la campaña hubiese durado dos o tres semanas más, habría alcanzado a Eduardo Frei.

Pero a la campaña siguiente, en 2013, Michelle Bachelet le birló a Marco su proyecto político e incorporó muchas de sus promesas de campaña a su nueva oferta electoral. La actual Presidenta se movió más hacia la izquierda y arrinconó a Marco, dejándolo relegado en un oprobioso empate con Franco Aparece (¿así se llamaba ese candidato?).

Y ahora es Beatriz Sánchez la que le está “haciendo la maldad” a Marco. La estrategia de la candidata del Frente Amplio es reciclar la propuesta de Bachelet (sí, la misma que le había birlado a ME-O) y presentarla como algo novedoso. Su discurso es “el plan de Michelle era bueno, pero no pudo o no supo cumplirlo; yo sí que lo voy a aplicar como corresponde”.

Y aquí se aparece ante nuestros ojos una imagen perturbadora. Porque, de algún modo, programáticamente hablando, ME-O es el padre de Bachelet y el abuelo de Beatriz Sánchez (¡Y ustedes se sorprendían con el presidente Macron, de Francia, que está casado con una mujer 24 años mayor! Marco, que se crió en París, la hizo mejor: es el progenitor de dos mujeres que lo superan bastante en edad).

Pero Marco ya no marca. Por eso lo llamo Marco Exríquez-Nimimami. Fue un gran exponente de la política local, pero ya no más, y ni sus más cercanos están con él en esta pasada. Mató. ¿Y sólo hay que culpar de esto a las mujeres que le expropiaron sus ideas? No. Él también cometió errores. Quiso ir demasiado rápido y se extravió leyendo a Maquiavelo. Pensó, de verdad, que el fin justifica los medios.

Sí, tengo un mal pronóstico respecto de Marco. Lo digo con desolación y nostalgia. Pero lo bueno es que ME-O tiene una salida “por arriba”. Tiene que agradecerle a Dios ser chileno. Porque los chilenos siempre vamos a tener una salida “por arriba” cuando todo está perdido: los chilenos podemos hacer “La Gran Arturo Prat”. Podemos, en la hora final, saltar al abordaje.

Quiero creer que eso es lo que está haciendo Marco. Y quiero creer que por eso eligió la víspera del 21 de mayo para lanzarse de nuevo a la carrera presidencial. Mi apuesta es que va a ir por Beatriz Sánchez, su adversaria natural, con la frente y la espada en alto. Quizás no logre hacerle daño y termine fulminado después de dar tres o cuatro pasos. Pero sin duda su acción será más decorosa que quedarse sentado en su casa viendo cómo se hunde su proyecto político.

Y quién sabe. Quizás en unos 10 o 15 años más esté listo para enfrentar a sus tataranietos.

Columna de Joe Black para El Mercurio

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