El Gobierno ha dispuesto al Senado la urgencia de la discusión inmediata para la tramitación y ratificación del TPP11, cuestión casi valiente teniendo presente el momento político y social que vive el país.

Ya en el pasado, el Tratado acaparó fuertes críticas desde las organizaciones de la sociedad civil y congresistas nacionales. Sin embargo, el país se encuentra en un momento único de su historia, donde echar mano a todas las herramientas que permitan recuperar la economía local -y con ello, por ejemplo, el empleo- se torna fundamental.

Es cierto, una parte importante de los productos chilenos que hoy se exportan a países del TPP ya cuentan con preferencias arancelarias en el marco de los acuerdos bilaterales. Pero no es menos cierto que una fracción de ellos están excluidos del acuerdo o poseen una obtención parcial de dichas preferencias. En ello, la pronta firma del CPTPP generará mejores condiciones arancelarias de entrada para productos a los mercados de Canadá (100), Malasia (667), Vietnam (1022), México (80) y Japón (1065); posibilidades de integración y encadenamientos productivos entre los socios vía el mecanismo de acumulación de origen; acceso a compras públicas a países con los cuales no tenemos este tipo acuerdos -como Vietnam, Malasia y Perú-; facilitación de comercio derivado de la estandarización de normas, regulaciones y el ordenamiento aduanero, la inclusión de los capítulos de comercio electrónico y Pymes, entre otros.

Correctamente también podríamos argumentar que la ecuación que determina el aumento de las exportaciones incluye factores tan disímiles como la elasticidad de la demanda; la estacionalidad de las exportaciones; la capacidad productiva nacional; el nivel de gasto público y privado en promoción; la mayor competencia de los productos nacionales contra bienes de países como Nueva Zelanda y Australia -sobre todo en mercados donde antes estos últimos no tenían preferencia arancelara-; pero también, no es baladí que la falta o limitada preferencia arancelaria de algunos de nuestros productos en los mercados del TPP y en ello, la pérdida de participación frente a otros países -ej. Nueva Zelanda y Canadá- se ha incrementado fuertemente desde la puesta en vigor del acuerdo.

Probablemente, el mejor momento político para haber puesto en curso a trámite parlamentario este Tratado debió ser justo después de su firma en Chile -el 8 de marzo de 2018-, pero hoy no es tiempo de recriminación y lamentos, es momento de avanzar y buscar las mejores herramientas para la recuperación económica y social del país. En ello, los distintos instrumentos de política comercial que podamos tener disponible deben estar a servicio de esto.

Escrito para El Líbero por Rodolfo Vilches, Director de Investigación y Desarrollo, Centro de Desarrollo Económico Internacional, Universidad de Valparaíso (UV). Ex negociador TPP