Hay una idea general que parece deslizarse en la mirada de muchos columnistas por estos días. Lo que marcó la inscripción de los candidatos para las elecciones del 11 de abril –especialmente los constituyentes- es el inicio de un proceso para definir el “nuevo Chile”. Aunque está claro –porque hasta ahora no ha habido ninguna elección desde el 18-O – que nadie sabe cuán “nuevo será”. Al menos, como escribe Max Colodro el domingo pasado, “las elecciones del próximo 11 de abril serán un faro del país que comienza a delinearse y de las tendencias que pugnan en él. Y aquí lo que todos esperan es la respuesta a esa gran pregunta: “¿La situación dramáticamente excepcional vivida, (el 18-O) modificó algo, poco o mucho los parámetros electorales?”.

Quizá como titula su columna Ascanio Cavallo, estamos entrando a “una dimensión desconocida”. Más allá del hecho histórico que representa el récord de inscripciones registradas para los comicios del 11 de abril, la pregunta que surge, según Cavallo, es “si el entusiasmo torrencial de las inscripciones, su distancia de los partidos y coaliciones actuales, y también de los mundos excéntricos de la farándula y el fútbol, expresa la voluntad de reorganizar la política chilena con caras, ideas y agrupaciones nuevas”. Aún no hay respuesta a esa interrogante, pero compartiendo la opinión de Colodro, dentro de poco más de dos meses, cuando se empiecen a entregar los resultados de la jornada electoral, comenzaremos a vislumbrar el “Chile del siglo XXI”.

Y en este proceso será clave el elenco que se conforme para integrar la Convención Constitucional. Será allí donde se delineará el Chile del futuro. Por eso, varios columnistas han abordado el desafío que representa el diálogo que se dará ahí, en momentos en que –como escribe Iván Poduje- parece que las “funas” se han vuelto cada vez más habituales. Para la investigadora del CEP, Carmen Le Foulon, por ejemplo, es decisivo el rol que asuman las autoridades y los propios convencionales frente a los discursos violentos o descalificadores. “Si quienes consideran que el uso del insulto personal no tiene cabida en el debate público interpelan a sus amistades o incluso a sus seguidores cuando lo hacen, veremos que cambia lo que se considera aceptable”.

Volviendo al debate de contenidos de la futura convencional constitucional, Pablo Ortúzar agrega otro punto que conviene tener en consideración. “Mi mayor convicción política es esta”, asegura, “hacer el bien es mucho más difícil de lo que parece. Y no es principalmente culpa de la maldad o la mediocridiad de los adversarios. Uno puede tener las convicciones políticas más puras, la mejor de las intenciones y toda la disciplina y aún así terminar no sólo cometiendo errores o produciendo daños leves, sino con mayor probabilidad creando males profundos y brutales”, escribe. Por ello, para los futuros convencionales recomienda leer El Federalista, cuyo principal valor es mostrar la preocupación constante entre la realidad y el articulado constitucional”.

Y en este debate de propuestas y contenidos, hay otra que se sumó por estos días –aunque en rigor venía desde hace un tiempo- el del Ingreso Mínimo Garantizado, planteado inesperadamente por el presidente de la CPC Juan Sutil, en la Enade y bien recibido en el gobierno. Sin embargo, para Claudia Sanhueza, considerando que ya existe un subisidio fiscal para trabajadores que aumenta el sueldo a un mínimo de 300 mil pesos, “lo que en realidad es momento de discutir, a propósito de la pandemia y la imposibilidad de salir a trabajar es la Renta Básica Universal”. Suena similar, pero es distinto, precisa Sanhueza, porque la RBU no es un complemento del ingreso sino un subsidio al que las personas tienen derecho por el hecho de ser ciudadanos (as).”

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