“A 50 años de la nacionalización del cobre, tenemos la oportunidad histórica de poner las riquezas del país al servicio del desarrollo nacional y asegurar un nuevo horizonte para las familias chilenas, ¡que vaya que merecen un mejor vivir!”. La frase la dijo el alcalde de Recoleta Daniel Jadue e hizo temblar a las mineras y los empresarios. El miembro del Partido Comunista está entre los que lideran las encuestas presidenciales y tiene un plan agresivo para con el sector. Las mineras miran con nerviosismo el nuevo debate sobre la contribución que debe hacer a la nueva agenda social del país.

  • El cobre está disparado. La semana pasada cerró a US$ 4,3 la libra, rozando casi su máximo histórico. En el año sube casi 70 % y cada centavo extra significa cerca de US$ 25 millones para el fisco. Esto hace que la estrechez fiscal se relaje un poco y haya más espacio para financiar las demandas sociales y la recuperación económica pospandemia. El cobre sigue siendo nuestra principal exportación, alrededor del 50 %, y representa entre el 7 y el 10 % de los ingresos fiscales. Hay un creciente consenso de que se viene un nuevo superciclo impulsado por la demanda de la revolución energética y los autos eléctricos, que podría llevar al cobre por sobre los cinco dólares la libra.

El rally ha puesto en discusión si la minería debería hacer una mayor contribución a la economía chilena. El alcalde Jadue no es el único que está hablando del tema. Y muchos no son de izquierda. Hasta ahora, los aportes específicos han sido negociados con la industria a cambio de extender la invariabilidad tributaria. Las mineras apuntan a estudios que muestran que en Chile es donde más pagan impuestos después de Australia. Por otro lado, el Banco Mundial lo muestra como el tercero entre los que menos cobra. Como bien lo explica Daniel Matamala en La Tercera, puede que sea hora de volver a hablar sobre un royalty minero.

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