Y COMO SI el ambiente no estuviera lo suficientemente enrarecido, fue la Sofofa la que denunció el hallazgo de micrófonos y cámaras ocultas en el despacho de su presidente. Lo cierto es que durante las últimas horas hemos escuchado teorías tan delirantes como graciosas, al punto que resulta difícil tomarse muy en serio esta cuestión. De hecho, ¿qué razón habría de tenerse para registrar las conversaciones y movimientos en la oficina del señor Hermann von Mühlenbrock Soto? Si quizás hubiera sido la sala de consejo o algún otro lugar donde se deliberara colectivamente, la situación resultaría menos extraña y por lo mismo más grave.
Pero ya que en política la realidad supera muchas veces la ficción, y esta vez los empresarios no han querido ser menos, les propongo tres posibilidades.
Alternativa 1. Este gobierno, cuya conocida animadversión contra el mercado, los empresarios y sus principales dirigentes, fraguó una oscura operación de inteligencia -ciertamente pagada con gastos reservados- con el propósito de conocer al detalle los movimientos de esta organización contrarrevolucionaria. Se trataría de una conspiración de alto nivel, orquestada en la oficina de aquel funcionario experto en seguridad, ese de voz lúgubre, conocido como el subsecretario de las mil caras (pero todas iguales, por cierto).
Alternativa 2. La denuncia es un golpe blanco de aquellos halcones que se resisten a entregar el poder al jovencito de la película, y que pese a ser derrotados bajo sus propias reglas del juego y que incluso intentaron con posterioridad levantar una segunda lista para evitar lo inevitable -haciendo el soberano ridículo, siempre es bueno recodar-, ahora quieren postergar las elecciones del 31 de mayo. Argumentarían que en este difícil momento de la organización, se hace necesaria una lista de unidad encabezada por el primer consejero espiado, cuyo apellido suena a gánster de la época de la prohibición, y que públicamente se refiere a su jefe como “patrón” (esto último no es chiste).
Alternativa 3. El jovencito de la película no es tan bueno como creen, y apoyado en sus novísimos secuaces idearon un plan ultra secreto denominado “Operación Constanza” -o también conocida como “Larry” en el submundo de la inteligencia empresarial-, cuyo principal objetivo era conocer las tratativas que llevaron a la candidatura de otra emergente promesa; el que traicionando la fuerza generacional de los rebeldes, después de ser seducido por el lado oscuro, amenazaba la primera y gran posibilidad de derrocar a los octogenarios dirigentes.
Probablemente la imaginación de los lectores pueda engrosar la breve lista plasmada en esta columna. Dejo constancia, eso sí, que deliberadamente dejé fuera todas aquellas teorías más vinculadas a la vida privada de los protagonistas y/o víctimas; las que siendo ciertamente más sabrosas, poco tienen que ver con la altura de miras con que este país afronta los temas de interés público.7agp

/Columna de Jorge Navarrete para La Tercera

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