Detrás del existen muchas cosas. Hay, sin duda, la capacidad económica de poder contratarlo. Pero eso no es todo. Hay valores específicos que fueron cuidadosamente trabajados por los padres y abuelos de los donantes: la preocupación patriótica y por las comunidades en que se vive; el compromiso con los demás; el amor a Dios, la naturaleza y la vida de todos los seres humanos, entre otros muchos que podríamos recordar.

Existe también un aprecio enorme por las tradiciones nacionales y todo lo que puede desaparecer con un desastre de esta naturaleza. Los terremotos e incendios nos arrancan de las manos muchos recuerdos y bienes del patrimonio cultural.

Hay amor a la familia y desde la familia, el que ha hecho que un extranjero sienta también el impulso de ayudar en Chile.

Hay la sensibilidad de una persona que desde lejos ve el sufrimiento de muchos, se da cuenta de que algo está pasando y decide actuar, remeciendo a muchos.

Existe detrás todo el trabajo de generaciones por hacer crecer una empresa, dando a su vez sustento a millones de personas en el mundo. Al final del día, es ese trabajo el que ha de permitir financiar esta ayuda.

Junto a ello, se aprecia el ejercicio de la libertad orientada hacia el bien, asumiendo una responsabilidad inexigible, que llegó a comprometer incluso la tranquilidad y privacidad familiar.

Detrás del Supertanker están Lucy Ana Avilés H. y Ben Walton, su involucramiento directo y personal, junto con muchos valores sobre los que poco se habla por estos días.

Todo un ejemplo el que nos han dado, en momentos en que se pone en duda la vida del que está por nacer; se reclaman solo derechos, pero se rechazan las obligaciones; se exacerba lo individual, y se sueña con crear un país desde cero, mientras se vive una crisis de confianza de proporciones no conocidas hasta la fecha.

Carta al diario El Mercurio de Víctor Manuel Avilés H.

gap