«No era el Día del Padre pero, que yo recuerde, fue el primer día que pasé todo el día con mi padre. Todo un lujo, porque mi padre se pasaba el día trabajando. Tenía tantos empleos como plantas tiene El Corte Inglés. Pues pese a trabajar tanto, casi nunca sobraba dinero para salir de vacaciones. Pero una de las pocas veces que pudimos viajar, nos fuimos a Madrid. Allí fue la primera vez que pasé todo el día con mi padre.

En Madrid, nos instalamos en una pensión. Para que la estancia saliera más barata, la habitación solo tenía una cama, que compartíamos mis padres y yo. Mi hermana, que tenía un año, dormía en un cajón. El domingo por la mañana mi padre me preguntó: ‘¿Quieres ir al fútbol?’. Su propuesta me encantó. Y también me sorprendió, porque no solíamos ir al fútbol. Íbamos más a los toros. No nos encantaban, pero nos salían gratis. Un cuñado de mi padre le regalaba entradas. En cambio, no teníamos cuñados futboleros. La familia a veces te sale rana.

UN ATLÉTICO-VALENCIA

Pero ese domingo mi padre estaba dispuesto a tirar la casa por la ventana para que yo pudiera ir a un campo de Primera División, cosa que no había hecho nunca. Mi padre me cogió de la mano y me llevó al Bernabéu. ¡Sorpresa! El Madrid no jugaba en casa. Ya me veía en Las Ventas viendo toros otra vez. Pero mi padre no se rindió. Me volvió a coger de la mano y me llevó al Manzanares. Y allí se coronó. Mi padre compró dos entradas, que me parecieron las mejores del mundo, y, al cabo de un rato, estábamos en el gallinero del Calderón. Ganó el equipo visitante, el Valencia, por 1 a 0. Me lo pasé de miedo viendo la liga de las estrellas con mi padre y al lado de un hincha colchonero que amenazaba de una manera muy original. Aunque han pasado casi 50 años, sigo recordando lo que ese hombre gritaba: ‘¡Árbitro, te voy a llenar la cara de aplausos!’. Tras el partido, mi padre me cogió de la mano y regresamos a la pensión. Llegamos a tiempo de darle un beso a mi hermana antes de que entrara en el cajón.

Mi padre es futbolero, pero nunca ha sido fanático de ningún equipo. Es fan del fútbol. Un día mi tía, que estaba hablando de política, le preguntó: ‘¿De qué partido eres?’. Y mi padre contestó: ‘Del partido de fútbol’. Y la prueba es que fuimos a ver al Madrid, acabamos viendo al Atlético y nos encantó ver al Valencia. Me siento orgulloso de haber heredado de él esas ganas de pasarlo bien sin necesidad de ser partidista. Prefiero que me guste el fútbol que solo un equipo. Tienes más posibilidades de disfrutar. Y, ya de paso, le digo a mi tía que prefiero que me guste la política que solo un partido. Te decepcionas menos. Pero lo que más me gustó de ese domingo en Madrid fue que mi padre me cogiera de la mano y pasáramos todo el día juntos. Ese será para siempre mi Día del Padre».

/Jordi Gago para El Periódico

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