Hoy 18 de junio se celebra el día del padre. Muchos tendrán la oportunidad de celebrarlo con sus hijos, pero otros miles de padres no podrán o no tendrán nada que celebrar, o no les dejarán. Son los grandes olvidados y me estoy refiriendo a miles de padres separados que por decisión de la justicia tercermundista, sorda y ciega también en su día se olvida de ellos, y lo que es más grave de sus hijos, que padecen en primera persona esas decisiones vulnerando como siempre los derechos humanos al respeto de la vida familiar.

A pesar de estar en pleno siglo XXI siguen siendo malos tiempos para los padres separados, perseguidos por la justicia, separados de sus hijos sin razón de ningún tipo, provocando el desahucio moral y material de miles de padres, con una burla total a las leyes civiles y un atentado brutal al desarrollo emocional de los niños.

La figura del padre es esencial y no está suficientemente valorada por la justicia. La sociedad y los grandes investigadores hace tiempo que se han apercibido de que la ausencia del padre, tanto física como psicológica, tan común en la actualidad (hay mucho padre en paradero desconocido o que adopta el papel de espantapájaros) es uno de los factores primordiales que explica que la sociedad se desmorone. La conducta de la mayoría de los niños que se implican en hechos delictivos hunde su etiología en la búsqueda del padre-grupo por ausencia real.

El padre no puede estar ausente de la estructura familiar, su figura es necesaria y trascendental. Tiene una función fundadora de la personalidad futura del hijo y es indispensable para el buen desarrollo de su adolescencia. Por eso es impensable a día de hoy que los padres desaparezcan de la vida de sus hijos con un daño irreparable, como si se hubieran muerto, haciendo caso omiso a los mejores expertos del mundo en la materia. El psicólogo forense Shaw Johnson nos muestra que la investigación demuestra que no hay nadie más capacitado para frenar la agresión antisocial de un muchacho que su padre biológico. Algunos trabajos de investigación sugieren que la función paterna tiene una influencia crítica en la instauración y desarrollo de la capacidad de controlar los impulsos en general y el impulso agresivo en particular, es decir, la capacidad de autocontrol. Esta relación entre función paterna y control de impulsos tiene posiblemente un papel importante en las adicciones (Stern, Northman & Van Slyk, 1984). De hecho más del 50% de los toxicómanos en Francia, Italia y España provienen de familias monoparentales (Olivier, 1994). El matriarcado social y educativo perjudica el correcto y equilibrado desarrollo de los hijos al favorecer personalidades individualistas y narcisistas, pues la madre y su función materna no es por lo general capaz de limitar los deseos de onmnipresencia del niño.

Hoy es el típico día en que el síndrome de alienación parental aparecerá en alguna de sus vertientes. En muchos colegios la profesora preparará con todo el cariño del mundo el regalo que los niños harán a su padre, sin saber que ese regalo nunca llegará a papá. Será intervenido por la progenitora custodia para terminar en el cubo de la basura. Las llamadas telefónicas se prohibirán o se cortarán inmediatamente para que no puedan felicitar a su papá. Y cientos de besos y abrazos no podrán hacerse realidad porque será saboteado cualquier acto con el padre durante ese día, con la gilipollez suprema de que «no le toca» o que «no tiene visita» porque también se han olvidado de ponerlo en el papel sin que la justicia haga absolutamente nada (si es verdad que en algunas sentencias ya va apareciendo) o porque sencillamente muchas sentencias nunca se ejecutan. Es incomprensible, que el día del padre también le vuelva a tocar a la madre. Así que habrá que celebrar «día de la madre 2» no sea que se enfade. Además suele ser ella la que decide la sentencia, ella decide si está de acuerdo, si no está, si hay compartida, si no la hay. La justicia está de comparsa. Perdone usted, a un padre como a una madre siempre le toca, y las visitas son para el médico. Eso si, el niño podrá ver ese día al quiosquero, al vecino de enfrente, al del carrito de los helados, al carnicero y al tendero, pero a su padre no: peligro «es su padre, imposible». ¡A ver si le da un siroco al niño!

Es preciso que la justicia, que está a años luz de la sociedad, se sensibilice de una vez por todas y se empiece a aplicar de forma automática la custodia compartida. Es bueno y de justicia que la separación de los papás deje de ser un «adiós papá», desgarrador y brutal, y que el padre separado deje de ser a los ojos de sus hijos esa figura patética, despojada de sus derechos y su dignidad, que se aleja con la maleta y lo puesto, ante el regocijo de su ex y de lo que es peor, la justicia que lo permite y es la principal responsable.

Hoy es el día del padre, pero ¿de qué padre? ¿Del que soporta denuncias falsas y nunca se persiguen, del padre visitante, del padre monedero, del padre desahuciado, del padre alejado de sus hijos? Despreciados y machacados por la injusticia, miles de padres seguiremos en el empeño de una sociedad justa e igualitaria, que esperemos que por lo menos disfrutarán nuestros hijos. Felicidades a todos los padres en el día de hoy, que tienen la suerte de estar con sus hijos y especialmente a todos los padres que siguen luchando incansablemente, por estar con ellos para conseguir el objetivo noble, justo y primordial de la custodia compartida.

JUAN CARLOS PRESA. PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN PRO DERECHOS DEL NIÑO SOS PAPÁ, ESPAÑA

/gap