La intención de las generaciones es dejar huella. Por eso a los mayores les duele cuando su bar del barrio de toda la vida se convierte de la noche a la mañana en una pastelería especializada en cupcakes veganos, cuando la panadería de la esquina ahora es un locutorio. Toda generación quiere dejar su huella, indeleble en el tiempo, una historia que poder visitar y recordar a los que vengan por detrás. Por eso el Real Madrid es una generación, única, desde su fundación hasta el pitido final de Cardiff. Por eso el Real Madrid no deja de ganar para volver a pisar encima de su propia huella. Y ya van doce veces.

El Real Madrid aterrizó más allá de la última frontera. Como siempre, fue pionero en Europa para lograr lo que nadie antes había logrado. Graba por segundo año consecutivo su nombre en la placa de campeón. Su forma de vivir es ganar y nunca está saciado. Destrozó a la Juve en una segunda parte memorable, para el recuerdo.

La Juve dio paladas de carbón desde el primer segundo. Puso la caldera a funcionar e intentó atropellar a un Madrid que se tomó el amanecer de la final sin despertador. La carga emocional obligaba a los italianos al galope, a quitarse la etiqueta de perdedor de finales y a sacarse aquella espina del 98. Los de enfrente confundieron experiencia con relajación.

En exceso. Los primeros esfuerzos del minutero por encontrar el siguiente dígito se tiñeron de bianconero y Keylor tuvo que volar con el ala desplegada para evitar el gol de Pjanic. Un paradón en el que había poco que celebrar y mucho con lo que preocuparse. El rival no era un muro defensivo, no era una tortuga encerrada en su caparazón, no era lo que la historia había instalado como un virus informático en la mente madridista. Era un equipo que hacía daño y que se quería medir a golpes con el Madrid.

Pero el Madrid no avisa, es el pistolero que se da la vuelta al oír “Nueve” y dispara mientras su rival en el duelo al sol intenta cumplir el décimo paso reglamentario. Una salida de balón rutinaria se convirtió en inyección letal. Modric y Casemiro mimaron el balón en la cuna, Kroos se lo llevó de marcha, Benzema encontró a Cristiano y el luso se la cedió a Carvajal con acuse de recibo. La devolución del lateral la mandó a la red Ronaldo con un derechazo al palo largo que se fue alejando del alcance de Buffon. Un golazo de los que se intentarán repetir en el patio del colegio el lunes.

Se contaba con que la Juve no es un muñeco de trapo que se rinda al primer golpe. Siguió apretando y tardó siete minutos en tomarse venganza. Higuaín tuvo demasiado tiempo para controlar un balón en dirección a un Mandzukic que tuvo demasiado tiempo para pensar, parar de pecho y sacarse una volea a la media vuelta que se coló en la escuadra contraria de Keylor. Un recordatorio: había rival.

El descanso sirvió al Madrid y al madridismo para plantarse ante una línea que le separaba de la gloria eterna. Una de esas oportunidades que no se pueden dejar pasar. La segunda parte fue memorable, un repaso histórico en el que convirtió a la gran Juve en un pelele en sus manos. Con Kroos y Modric a los mandos, con Isco pletórico y Benzema eufórico, pegó una lección de fútbol de las que se ven en todo el mundo, de las que asustan y dejan claro, a los ojos del planeta, que esta época es la del Real Madrid.

Casemiro abrió el camino con un zapatazo lejano que se coló junto al palo de Buffon, un disparo de esos que hacen salir un “Pero dónde vas” de las gargantas que queda ahogado por un grito de gol inmediato.

Y sin dar tiempo a la Juve a reaccionar, como se debe hacer, cuando el rival está aturdido, Cristiano fusiló a Buffon en una imagen icónica, la del vencedor sobre el caído, la de un duelo que se había prefabricado y que Ronaldo se encargó de reventar a su favor. Tiene otra Champions en el bolsillo, las mismas que Messi. Tiene encargado el quinto Balón de Oro, los mismos que Messi.

Asensio puso la puntilla dejando claro que tiene estrella y que la próxima generación tiene transfusión de sangre y gloria de las anteriores. Lo llevan en la camiseta, en el escudo, en el parche de la competición. Las seis Copas de Europa ya tienen seis Champions a su lado. El mejor equipo de la historia en blanco y negro es también el mejor equipo de la historia a color.

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