Mientras la deuda total de los hogares siguió subiendo -con una variación real de 6,6% anual a diciembre pasado-, el deterioro del mercado del trabajo se ha traducido en un aumento de los indicadores de no pago de los hogares, morosidad que podría profundizarse de continuar ese deterioro, de acuerdo con el último Informe de Estabilidad Financiera (IEF) del Banco Central presentado ayer.

La deuda hipotecaria es el componente que más contribuye al mayor endeudamiento de las familias, pero mientras el impago de deudores hipotecarios bancarios se estabilizó en el primer trimestre de 2017, la morosidad en los créditos de consumo subió.

El mercado inmobiliario continúa ajustándose e indicadores del sector residencial, incluido el crédito hipotecario, dan cuenta de una desaceleración. Aunque los desistimientos de compra de viviendas se han mantenido acotados, el presidente del instituto emisor, Mario Marcel, indicó que frente a un mayor deterioro en el mercado laboral, es posible que se incrementen.

Esto podría afectar a empresas inmobiliarias que no tengan flujo de caja suficiente para afrontar los costos asociados a la reventa de una unidad desistida, advierte el informe.

En el caso de los oferentes no bancarios, la morosidad se mantuvo estable en las cajas de compensación de asignación familiar. En las casas comerciales, el nivel de impagos se mantuvo en 3,2% al cierre de 2016.

Capitalización de los bancos

Por otra parte, el Índice de Adecuación de Capital (IAC) de la banca, sigue sobre 13% desde mediados de 2016, cerca de su promedio histórico, pero bajo estándares internacionales. Entre 2011 y 2014, los bancos que mantenían un IAC sobre 10% después de aplicar un ejercicio de tensión, representaban un 85% de los activos del sistema y 50% en los últimos dos años.

Esta situación, explicó Marcel, se debe a que los bancos más expuestos al deterioro de la actividad económica, no han realizado un ajuste acorde a sus niveles de capital. La nueva Ley General de Bancos contemplaría una convergencia gradual a las normas de Basilea III, con mayores requisitos de capital.

En un análisis específico sobre la solvencia de la banca y los desafíos pendientes, el IEF plantea que, aunque con frecuencia se destaca que Chile tiene niveles de capital en concordancia con el bajo riesgo de crédito, al medir la morosidad respecto del capital la economía chilena se ubica en la media de países latinoamericanos. Además, se sitúa algo por debajo de los países de la OCDE, algunos de los cuales registran altos niveles de morosidad a consecuencia de la crisis financiera global.

El informe hace especial hincapié en la necesidad de que el sistema bancario fortalezca la base de capital, lo que podría realizar vía capitalizaciones exógenas o una mayor retención de utilidades.

Utilidades
Bancos no evidencian crecimiento orgánico del capital, dado que siguen con distribución del 50% de las utilidades en los últimos cinco años.

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