Una vez más el día libre o previo a una concentración de la Roja acaba en crónica policial. La normalidad de la selección se distrae de la pelota por un episodio inmoral o ilegal que sonroja, interrumpe y alborota. Y una vez más, asoma a continuación la reacción complaciente, encubridora y asustadiza del jefe, ya sea director o seleccionador, que, lejos de poner orden o reproches, mira hacia otro lado y coloca palmaditas en la espalda de quien delinque o comete una incorrección.

Un indignante mensaje de cinismo, comprensión y debilidad tras el que posiblemente se explique y alimente la secuencia del mal. El recado le llega nítido al oído al futbolista: sabe que manda, que mientras haya gol tiene permitido obrar a su antojo, comportarse como quiera.

La selección está a los pies de los jugadores. Y en ese peculiar gobierno caben el capricho, la falta y hasta el delito. Dejar plantado al aficionado en la fiesta de celebración de la Copa América, imponer como premio hasta el último peso de la caja fuerte, viajar a Chile desde Europa cuando el acuerdo es quedarse para ganar en descanso y, en las horas de permiso, beber alcohol, manejar a más velocidad de la permitida o incluso ambas. No se puede meter cada suceso en el mismo saco, pero juntos sirven para ilustrar el todo vale imperante en Pinto Durán.  Salvemos el ceacheí.

Cuando la noticia de la detención de Mena saltó a los medios, la ANFP se apresuró a proteger al  seleccionado (“lo del alcohol es mentira”, se vociferó hasta tres veces desde el interior de Quilín). Y a partir de ahí todos los esfuerzos se concentraron en buscar una salida política al asunto que, sin ofender al jugador, perfumara la debilidad de la jefatura. Y se encontró en el oficial “a mí qué me cuentan, fue un incidente fuera del período de concentración”, refrendado ayer por Pizzi con el diplomático “Eugenio llegó a su hora”. En definitiva, que los pisoteados respiraron al dar con la coartada para seguir sin hacer nada. Ni medidas, ni palabras de reprobación o condena, ni respuestas para afrontar de cara su cobarde postura. Mejor desentenderse e ignorar el problema que atajarlo o resolverlo. Y con el hincha además aplaudiendo. Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas. Ceacheí…

Blog de José Miguelez, Editor de Deportes de La Tercera

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