Las primarias en Chile Vamos y el Frente Amplio nos tienen distraídos con anécdotas que son reveladoras acerca de las características de los candidatos en competencia, pero que no alcanzan a ocultar el hecho de que en ambos bloques participantes se trata ya de carreras corridas.

En estos días ha quedado en evidencia que el senador Manuel José Ossandón tiene grandes limitaciones para aspirar a la Presidencia de la República y que Felipe Kast posee condiciones para asumir un liderazgo en el futuro de la centroderecha, todo lo cual confirma que Sebastián Piñera será el candidato del sector en esta oportunidad.

En el Frente Amplio, por su parte, Alberto Mayol hace esfuerzos denodados por visibilizar su candidatura frente a Beatriz Sánchez, denunciando maltrato por parte de sus aliados, lo que no logra esconder que sus propuestas son de una irresponsabilidad y falta de sentido de la realidad fantásticas. Para muestra, un botón: propone la construcción de trenes rápidos de norte a sur y transpatagónicos que sólo existen en su cabeza, y en cambio se opone a los vehículos de la plataforma Uber, que circulan por las calles de nuestras ciudades aportando decisivamente al transporte urbano.

Paradojalmente, las escaramuzas más importantes para el futuro de la política chilena se dan entre quienes no participarán en las primarias: los partidos políticos que formaron la Nueva Mayoría, la efímera alianza electoral que se congregó en torno al segundo Gobierno de Michelle Bachelet.

De manera soterrada en ocasiones y otras veces abiertamente, la izquierda dura está empeñada en romper la histórica alianza con la Democracia Cristiana que prevalece desde la vuelta a la democracia. Con pocas posibilidades en la contienda presidencial, el Partido Socialista, el Partido Comunista y el controlador del PPD pretenden aprovechar la movida de la DC de participar con su propia candidata en la primera vuelta de la elección presidencial, para propinarles una feroz derrota que los transforme en un elemento irrelevante en la política chilena.

La razón es la evidente incomodidad que sienten con sus aliados, las diferencias culturales con ellos, y la sensación de que la DC ha actuado como fuerza moderadora de su intención de instaurar el socialismo en Chile. En la propia Democracia Cristiana un grupo de militantes, entre los que destaca Gutenberg Martínez, no ven con malos ojos el camino propio y parecen incluso dispuestos a perder representación en el corto plazo con tal de adquirir un perfil propio que sería indispensable para volver a estar en una posición de liderazgo en la política chilena.

El afán secesionista de la izquierda dura podría tener como corolario, en un futuro cercano, el acercamiento a sectores de izquierda más radical representados hoy por el Frente Amplio, que tiene la ventaja de un rostro más amable y ciudadano, tras el cual se esconde un proyecto ideológico para erradicar la economía de mercado de nuestro país y desafiar la democracia representativa tal como la conocemos.

Esta ofensiva se ampara en la audaz decisión de la DC de llevar candidata propia a las presidenciales, lo que da un pretexto a la izquierda para aislarla desde el punto de vista parlamentario, forzándola a competir en una lista separada que le reduce brutalmente sus posibilidades de representación en el Congreso. Si ello resultara, la movida de la falange habrá sido un salto al vacío.

El problema es que en la medida en que esta estrategia de la izquierda quede en evidencia, Carolina Goic y el grupo que la ha alentado en su aventura presidencial pueden sufrir fuertes presiones al interior de la DC para bajar la candidatura de la senadora, apoyar a Alejandro Guillier y llevar una sola lista parlamentaria de la Nueva Mayoría. De hecho, la junta nacional de la DC a realizarse en julio, que tiene la misión de ratificar a los candidatos del partido al Congreso, podría ser la oportunidad para bajar la candidatura presidencial.

Entretanto, en ambos lados se realizan escaramuzas para estar mejor preparados para la batalla. Goic recluta a destacados representantes del laguismo y denuncia que el Partido Socialista quiere bajarla, al igual como lo hizo con Ricardo Lagos; la candidatura de Guillier se la juega con un masivo acto en el Teatro Caupolicán, en el que pretende mostrar el refuerzo de su comando con figuras emblemáticas del socialismo.

Pero antes de que se declare formalmente la guerra, debe despejarse una duda que aún flota en el ambiente: ¿Carolina Goic está decidida a dar esta batalla?

Luis Larraín, #ForoLíbero

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