Hablar a “calzón quitado” sobre política, en un año electoral, no es tarea fácil. Más bien provoca sentimientos encontrados en una opinión pública cansada de escuchar lo que muchas veces traduce como meros ofertones y, a la vez, les impone a los candidatos la presión de tener que ser concisos, claros y estratégicos a la hora de comunicar sus ideas.

Pero la política es magnética y siempre logrará producir cierto grado de curiosidad, porque es uno de los ámbitos más importantes para dar a conocer la dinámica social de un país y porque es desde donde emanan muchas de las pistas sobre cómo será su futuro desarrollo.

Ahora que estamos en plena campaña presidencial, los candidatos que aspiran a tomar las riendas de la nación están muy concentrados en explicarnos cuáles serán sus medidas al momento de gobernar; pero el ambiente no los acompaña del todo, ya que se encuentran bajo el severo escrutinio de una sociedad que los observa de reojo, con cierto desgano y cada vez desde más lejos.

Hace algunos días se llevó a cabo un programa televisivo de conversación en que los panelistas clavaron sus aguijones sobre un candidato campechano, distendido y abiertamente disconforme con la forma cómo va evolucionando el país. A ratos, la discusión se tornó incómoda y se tradujo en un áspero y difícil encuentro para el entrevistado; sin embargo, transmisiones de este tipo son valiosas para evaluar la sustancia detrás de las ideas, y recordar que no por ser el más espontáneo y vociferante se logra la adhesión de la ciudadanía.

El bochornoso incidente televisivo —en que el candidato admitió no tener respuesta en algunos temas de actualidad— pudo pasarles a otros aspirantes al sillón presidencial, quienes a pesar de su constante exposición en los medios aún no logran clarificar cómo llevarán a la práctica sus planteamientos. Varios de ellos están dejando con gusto a poco —incluso con un sabor amargo en la boca— a una población cada vez más desencantada y escéptica, aburrida de recibir una serie de recetas mágicas que le declaran cuál es el camino más adecuado para ayudarla a progresar.

Si vamos a hablar “a calzón quitado” sobre política, es necesario reconocer que en estos momentos los aspirantes a la Moneda, más que “ñeque”, “garra” y frases para el bronce, requieren de un ímpetu distinto al que han demostrado para salir a convocar a los chilenos. Un espíritu que logre manifestar que sus ideas saben adaptarse a los cambios del país.

Escrito para El Líbero por Paula Schmidt, periodista e historiadora

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