En algunas semanas más —cuando, probablemente, su jefe ya haya ganado las Primarias de Chile Vamos—, Magdalena Díaz Vergara (36), la jefa de gabinete de Sebastián Piñera, viajará hasta el campamento La Chimba, en Antofagasta.

No lo hará por motivos políticos ni de agenda del ex mandatario. Quiere retornar a sus raíces y a su vocación social para acompañar unos días a su amigo, el sacerdote jesuita Felipe Berríos, en su trabajo en una de las zonas más pobres del norte del país. Será un remanso antes de entrar a la vorágine de una campaña que se prevé será dura.

Es trabajadora social de la Universidad del Pacífico y tiene un magíster en Gobierno y Sociedad de la Universidad Alberto Hurtado. En marzo del 2015 continuó lo que antes hizo el abogado Ignacio Rivadeneira. Éste había sucedido a la primogénita Magdalena Piñera Morel en la jefatura de gabinete del presidente. Cuando asumió Díaz, a diferencia de sus antecesores, era una absoluta desconocida para gran parte de los dirigentes de la oposición.

No así para la familia presidencial. Hija de Pedro Pablo Díaz, histórico amigo del ex presidente, y de Verónica Vergara, conoce a los Piñera-Morel desde su infancia. Fueron muchas las veces que pasó los días entre Navidad y Año Nuevo en la casa de Caburgua. Con “Mane” y Cecilia, las hijas del ex mandatario, son aún muy amigas.

Pero quienes fueron testigos de su aterrizaje en la oficina ubicada en Apoquindo 3000 afirman que para asumir el cargo de jefa de gabinete fueron claves dos “activos”: su experiencia en lo social —forjada con los jesuitas— y también la profunda confianza que Cecilia Morel tiene en ella.

Desde sus tiempos de colegiala en el Villa María Academy de calle Presidente Errázuriz, en Las Condes, el mundo en el que Magdalena se movió fue el del trabajo social más que el político. Fue fundadora del proyecto “2000 mediaguas para el 2000”, que luego derivó en Techo Chile, colaboró con América Solidaria —ONG que trabaja con la pobreza infantil a través de profesionales voluntarios— y comenzó su vida laboral en 2004 como directora de la Fundación Mujer Emprende, creada por Morel en 1989. Sus intereses son la lucha en contra de la pobreza y la educación como herramienta para salir de la miseria.

Separada y con dos hijos, también ha trabajado en la inclusión de niños con necesidades educativas especiales.

Durante la época en que construía mediaguas, dicen quienes la conocen, jamás habría pensado en entrar a la política. Menos como está hoy: en la primerísima línea del piñerismo ad portas de una presidencial.

VMA, MEDIAGUAS Y AMETRALLADORAS

Tras vivir 5 años y medio en Atlanta, EE.UU., donde su papá fue director de Comunicaciones de Coca-Cola, su familia la matriculó en el Colegio Los Andes, perteneciente al Opus Dei. Ya de vuelta en Santiago, Magdalena —entonces de 14 años— decidió otra cosa: tocó la puerta del Villa María Academy. Tenía ahí amigas y primas que veía cada vez que venía a Chile. Las monjas le pidieron una tutora. Ella consiguió a una tía que era ex alumna y logró entrar.

Este episodio, dice un cercano, demuestra su carácter. “Tiene una personalidad fuerte, es frontal para decir las cosas y muy determinada. Tiene su genio”, afirma.

El regreso desde el extranjero fue más suave de lo que esperaba. Ello —cree una persona que la conoce— habla también de su capacidad de “sobreadaptarse”.

En un mundo socialmente homogéneo como el VMA, en su interés por el trabajo social fue clave el entonces capellán de ese colegio, Felipe Berríos. A través de él se adentró en el mundo jesuita, el que conocía por su padre, un activo ex alumno del Colegio San Ignacio. En este, también conoció a los sacerdotes Fernando Montes y Fernando Verdugo. En 1997, llegó a integrar el grupo fundador del proyecto “2000 mediaguas para el 2000”. Ahí estuvo hasta 2003, donde trabajó en la formación del área de Secundarios.

A través de Berríos fue que, en 2002, llegó a América Solidaria para ofrecerse voluntariamente para ir a Haití, donde esta ONG comenzaba sus labores. “Ella quería partir a África y recuerdo que le dije que hay la misma pobreza en su propio continente”, narra el sacerdote.

Benito Baranda, quien la conocía por su cercanía con sus padres, rememora que fue parte del segundo grupo que llegó a Puerto Príncipe a trabajar en labores de América Solidaria. “Su equipo logró preparar el terreno en un período en el que se estaba construyendo nuestra relación con Haití”, cuenta. Ahí, por seis meses, trabajó con niños con sida y tuberculosis. Una “experiencia extrema”, contó a su vuelta. Cuando ya estaba por regresar, en marzo de 2003, mientras viajaba junto con una amiga en auto hacia Puerto Príncipe, seis hombres con la cara cubierta obstruyeron la carretera y las amenazaron con ametralladoras. Baranda relata que el grupo que llegó a ese país justo después de Díaz fue enviado de vuelta a Chile. Se veía venir la guerra civil. Hasta el día de hoy, la trabajadora social se ve frecuentemente con  Baranda.

LA CONFIANZA DE MOREL

La cercanía con la política llegó poco después. Trabajó activamente en la comisión Mujer y Familia de los Grupos Tantauco, en la campaña presidencial de 2009 que el amigo de su padre ganó.

Votó en la segunda vuelta de enero de 2010 y, al día siguiente, partió a Barcelona por motivos de estudio de su entonces marido y junto al mayor de sus dos hijos. El segundo nacería allá.

Cuando volvió en 2012, a petición de la primera dama, Magdalena Díaz llegó a dirigir su gabinete. A Morel le había costado afiatar el equipo.

Junto con ella, trabajó el periodista Enrique Barrera, la encargada de Programación Andrea Balladares, y una de las mejores amigas de la Primera Dama —desde los años en el colegio Jeanne D’Arc—, Francisca Aninat. Con ellos creó el grupo de Whatsapp “First Lady”,  que continúa activo hasta hoy.

Uno de sus integrantes cuenta que entre ellas nació una relación cercana, de mucha confianza. “En algunas ocasiones se decían cosas con mucha franqueza. Desde afuera se veía como un intercambio de mucha firmeza, pero la relación que se tienen es de un cariño enorme, no sólo de jefa a funcionaria”, relata. La misma persona describe a Magdalena como “un motor”. Discreta y meticulosa, pero de carácter fuerte y muy directa para decir lo que piensa. “Es ejecutiva, rápida y decidida, y tiene una tremenda capacidad para leer a las personas”, agrega otro compañero de esos años.

A cargo de las siete fundaciones que dependen del gabinete de la Dirección Sociocultural de la Presidencia, la trabajadora social logró validarse ante Morel. Entre quienes compartieron techo con ella en La Moneda hubo quienes pensaron que esa confianza estaba dada por la relación de amistad que hay entre las dos familias. “Pensé eso, pero al verla desenvolverse me quedó claro que tenía vuelo propio”, dice un miembro de ese equipo. “La Cecilia no es una persona que confía en alguien por ser quien es, hay que ganarse su confianza. “La Maida se ganó esa confianza por su trabajo, más que por ser hija de quien es”, agrega.

Otra cercana afirma que “da más confianza una persona a la que conoces, pero en su caso es un mix con la buena pega que hizo”.

En esos dos años le tocó participar de las bilaterales que, al menos cada 3 meses, sostenía el entonces presidente Piñera con sus ministros. Ahí comenzó a tener un vínculo directo con él. Aunque muy amigo de su papá, sus cercanos afirman que no tenían una relación personal. Fue en La Moneda que lo empezó a conocer como jefe.

Al terminar el gobierno, cada uno de los que estaban en ese gabinete tomó su rumbo. Magdalena trabajó ocho meses como directora de la Fundación Incluyamos, que apoya a centros educativos de niños con necesidades educativas especiales. Un año después, a principios de 2015, recibió el llamado de Piñera. “La confianza de Morel en ella fue fundamental”, asegura un cercano.

VÍNCULOS POLÍTICOS

Magdalena tomó el cargo que “Mane” Piñera tuvo en 2009 y al entrar a La Moneda. Ello despertó suspicacias en algunos sectores de Chile Vamos, más aún luego de que la hija del ex mandatario dejara Apoquindo 3000 para irse a una oficina propia en Providencia. Sin embargo, un cercano a ella afirma que “las dos son muy amigas y no hay competencia entre ellas. La Maida se acopla muy bien a la vida familiar de Piñera”.

Quienes trabajan con ella afirman que ha llegado a conocer bien a su jefe, quien delega mucho en ella. Se tratan de “usted”. “Ella conoce muy bien al presidente en lo personal y laboral. Maneja muy bien los tiempos, sabe cuándo plantearle una idea que él puede no recibir bien. Se convirtió, de a poco, en una persona fundamental para su agenda y para la fundación”, dice un ex colaborador de Avanza Chile.  “El presidente sabe que la primera revisión de las cosas es realizada por alguien de confianza, ella sabe cómo piensa. Tiene un margen importante de decisión que se ha dado con el tiempo por su competencia personal y profesional”, agrega.

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