La imagen de 200 apoderados pernoctando durante la gélida madrugada del martes a las afueras del colegio Salesianos Alameda, para obtener un cupo para sus hijos, puso la atención sobre el proceso de admisión a los recintos subvencionados que establece la nueva ley de inclusión, conocida como “no al lucro, el copago y la selección”.

Dicha reforma escolar -una de las principales promesas de la Presidenta Michelle Bachelet– establece un sistema centralizado de admisión, que busca “terminar con la selección y la discriminación arbitraria” en los procesos de admisión en los colegios subvencionados.

Esto se realiza a través de una plataforma web (tómbola virtual) administrada por el Ministerio de Educación, en la que participan todos los establecimientos subvencionados por el Estado, y que “terminará con las largas filas y la peregrinación de colegio en colegio en búsqueda de vacantes para los niños, niñas y jóvenes”, según la promesa del Mineduc.

Además de ese procedimiento de tómbola, los colegios pueden usar el sistema de orden de llegada, en que se asignan los cupos a los primeros que postulen, que fue lo que ocurrió esta semana en el colegio Salesianos, establecimiento que implementó esta modalidad por segundo año consecutivo.

La vocera de Gobierno, Paula Narváez, defendió el mecanismo de ingreso que establece la ley, ya que es “cómodo y empático con los apoderados” y funciona en países más desarrollados.

Los problemas de la tómbola virtual en Magallanes

Pero, ¿qué tan eficiente es el mecanismo de la tómbola?

Su debut fue el año pasado en la Región de Magallanes y más del 50% de los apoderados quedaron disconformes, porque les eligieron colegios que no estuvieron entre sus tres preferencias, según afirma a este diario Hernán Herrera, presidente de Colegios Particulares de Chile, A.G (Conacep).

Incluso Mario Benavides, presidente del Centro de ex Alumnos de los Liceos Emblemáticos Patrimoniales de Chile, y quien siguió de cerca el proceso en Magallanes, asegura que mil alumnos quedaron fuera de los colegios subvencionados a los que postularon.

“Se produjeron situaciones en que la tómbola virtual colocó a alumnos de Punta Arenas en colegios de Porvenir. El sistema no considera a los alumnos con capacidades distintas o Síndrome de Down, donde tienen que ir a colegios especiales. Los envía a colegios normales sin programas especiales. Entre lo que había antes y lo que sucede hoy, se ha alterado los procesos de admisión para las familias. Eso ha causado mucha molestia y protesta. Como la región está alejada, esos problemas no se conocen en Santiago”, señaló a este diario Benavides cuando se implementó el sistema.

El presidente de Conacep advierte que la utilización de la tómbola virtual en la Región Metropolitana en 2019, podría generar un nivel de insatisfacción “inmenso si no se busca una fórmula en que los padres tengan una segunda opción de postular cuando se hayan copado las matrículas”.

Qué dicen los especialistas sobre la tómbola virtual

Raúl Figueroa, presidente ejecutivo de la fundación Acción Educar, plantea que la ley de inclusión limita las alternativas que tenían las familias de elegir proyectos educativos de calidad para sus hijos al eliminar la selección y el copago.

El proceso de selección les quita la posibilidad a los padres de elegir el colegio de sus hijos y se la entrega al Estado, ya que el Mineduc es quien finalmente decide dónde irá cada alumno. Con esto, el Estado está marginando a los padres y suprimiéndoles el derecho a elegir, involucrarse y aportar en la formación de sus hijos”, afirma Figueroa.

Además, considera que dicho proceso de selección es dañino para los establecimientos, porque el “control centralizado de la admisión impide que los establecimientos puedan utilizar la selección como una herramienta válida para llevar a cabo su proyecto educativo. Esto no equivale a discriminación arbitraria, ni a exclusión, sino al derecho a crear establecimientos que tengan características particulares y puedan mantenerlas”.

El caso más obvio, además de los liceos de excelencia, es el de proyectos artísticos o religiosos que requieran de un compromiso especial de las familias para admitir estudiantes, plantea Raúl Figueroa.

“La eliminación de la selección obliga a los establecimientos a abandonar esas especificidades y volverse aptos para recibir a cualquier estudiante, por lo que la diversidad de los proyectos educativos disponibles para elegir, disminuye, y eso afecta el derecho a elegir de las familias”, asegura el especialista.

En cambio, la investigadora del Centro de Estudios Públicos (CEP), Sylvia Eyzaguirre, afirma que si el sistema centralizado de postulación y selección funciona bien, debería facilitar el proceso de postulación a los padres, y que se parece mucho al sistema que se utiliza para postular a la universidad.

“Uno postula a los distintos colegios en función de las preferencias y no tiene necesariamente que ir a todos los colegios y postular en persona, si lo desea lo puede hacer desde su casa. Para que el sistema funcione bien es fundamental que los padres cuenten con toda la información necesaria para postular a sus hijos a los colegios que ellos desean, en particular. Es muy importante que los padres cuyos hijos sean beneficiarios de la Subvención Escolar Prioritaria lo sepan, porque eso les permite postular a cualquier colegio que reciba recursos del Estado, independientemente del monto de copago que el colegio cobre, aumentando sus posibilidades de elegir”, afirma Eyzaguirre.

La investigadora asegura que “el nuevo sistema de postulación y selección funcionará mejor que lo que hay hasta ahora, si las familias cuentan con información y si postulan a muchos colegios. Uno de los problemas de este sistema es que si las familias postulan a pocos colegios, entonces la probabilidad de que un número importante de niños no quede en el colegio que postuló es alta, y es evidente que no quedar en ningún colegio al cual se postuló es causa de frustración para las familias”.

Por ello es importante mejorar la forma en que el Ministerio está asignando los colegios a los niños que no quedaron en ningún colegio elegido por ellos. “Actualmente la ley exige que se matriculen en el colegio más cercano con vacantes, pero el Mineduc agregó además a nivel de decreto que debe ser gratuito. Estos criterios no tienen por qué responder a las preferencias de los padres. Lo óptimo sería que los criterios para asignar los colegios de los niños que no quedaron en ninguno de los colegios que postularon los eligieran los mismos padres y no el Mineduc”.

Por último, Eyzaguirre dice que la familia debería decidir qué criterios son para ellos más importantes: cercanía al hogar, puntaje Simce, municipal o particular, laico o religioso, con o sin copago, humanista científico o técnico profesional, etc. “Esto mejoraría la asignación de colegios a niños que no quedaron en ninguno”, afirma.

La también investigadora de Libertad y Desarrollo, Cristina Tupper, advierte que la complejidad para las familias que genera la tómbola virtual es que “probablemente dejen de existir proyectos educativos específicos para ciertas preferencias, como proyectos educativos de excelencia académica o proyectos educativos religiosos”.

Reportaje de Uziel Gómez para El Líbero

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