LA CORPORACIÓN Nacional Forestal (Conaf) emitió un informe en el cual se evalúa la efectividad de las distintas aeronaves utilizadas en el combate de los devastadores incendios forestales que afectaron al país en el verano pasado. De acuerdo con dicho análisis, el “SuperTanker” -el avión más grande en su tipo- tuvo un porcentaje de efectividad que apenas alcanzó al 13%, mientras que el avión facilitado por el gobierno ruso -el Ilyushin 76- presentó una tasa de efectividad de 35%. A la luz de estos antecedentes, implícitamente se ha puesto en entredicho la utilidad de este tipo de aeronaves, lo que coincide con la apreciación que anteriormente había manifestado el director ejecutivo de la Conaf, quien desestimó la efectividad de los grandes aviones en el combate de estos siniestros.

No queda claro cuál es el sentido del informe emitido por la Conaf, considerando que en el caso del “SuperTanker” su costo de operación fue financiado por aportes privados. Al enmarcarse dentro de una donación, resulta discutible que ésta deba ser objeto de una “evaluación técnica”, la que solo se justificaría en caso de que se hubiere incurrido en gasto público o si se tratara de un contrato celebrado por el Estado. Pero aun si la Conaf hubiere estimado que era indispensable realizar dicha evaluación, es discutible que la haya efectuado esta misma entidad, considerando su opinión contraria a estas aeronaves, lo que resta imparcialidad al informe.

Con dichas conclusiones, se ha dado la impresión de que el esfuerzo desplegado para contar con estos aviones fue inútil, sin aquilatar que justo cuando el país estaba sobrepasado en sus capacidades para combatir los incendios, cualquier aporte constituyó una valiosa ayuda, la que fue largamente valorada por la sociedad, en particular por los habitantes de las zonas afectadas. Antes que destinar tiempo a evaluaciones inoficiosas, el país espera que la Conaf pueda explicar el porqué de sus múltiples inoperancias durante la catástrofe.

/Editorial del diario La tercera

/gap