Fue una de las grandes promesas de campaña de Michelle Bachelet, pero como pasa en Chile la han dejado para última hora. Y todos sabemos que cuando las cosas se dejan para el final, no es bueno el resultado…

En estos días, la Cámara de Diputados aprobó en general la Ley Orgánica Constitucional que regula la elección de los gobernadores regionales (nuevo nombre para los actuales intendentes), pero rechazó un artículo en particular que involucra puntos claves del proyecto. En concreto, la Cámara Baja rechazó el artículo que establecía que la primera elección se haría este año, en conjunto con los comicios presidenciales y parlamentarios. Esto, porque, pese a que 63 diputados votaron a favor, la iniciativa necesitaba 70 sufragios para ser aprobada. El Ejecutivo pensaba que la votación era pan comido, pero ¡sorpresa! Chile Vamos votó en bloque el artículo transitorio, como también dos diputados de la Nueva Mayoría que se sumaron a la negativa, mientras otros dos se abstuvieron.

La vocera de Gobierno, Paula Narváez, no tardó en vociferar que la derecha es la culpable de que seguramente esta ley no vea la luz antes de agosto (plazo máximo para firmarla). Injusta acusación o, como se diría popularmente, le echó la culpa al sofá de don Otto. Es que hasta cuándo este gobierno deja las cosas para el final, hasta cuándo se realizan leyes mal hechas como la tributaria, laboral, educacional, código de aguas, etc.

El Congreso se ha convertido en una especie de fábrica de salchichas, donde se aprueba todo lo que el Ejecutivo desea. ¡No pues, señores! El Parlamento debe estudiar acuciosamente cada proyecto de ley y votar en conciencia lo que considera mejor para Chile (y sin apuros). Eso, en general, no está pasando. Por eso se debe celebrar la decisión de la Cámara en estos días (aunque algunos votaran en contra por confusión, más que convicción), tanto con votos de Chile Vamos y la Nueva Mayoría, de no ser meros buzones del Ejecutivo.

Pongamos un ejemplo. ¿Qué haría usted si le quieren vender una casa, pero no la puede ver hasta que pague por ella? ¿La compraría? Me imagino que no. Con este proyecto de ley ocurre algo similar, pero en grandes dimensiones: el Ejecutivo quería que el Congreso aprobara la elección directa de gobernadores regionales, sin saber antes las atribuciones qué estos tendrían y serán aprobadas finalmente (ese proyecto se encuentra en discusión en el Senado). Eso es claramente poner la carreta delante de los bueyes.

¿Se imagina que en agosto se lograra tener la nueva ley de gobernadores regionales así como está hoy?

Los parlamentarios sí podrían competir por el puesto de nuevos intendentes (¿no será mucha la codicia?). Pero lo más grave es que la propuesta original viene con letra chica. Si bien se busca elegir popularmente a los gobernadores regionales (muy loable), se ha propuesto que exista la nueva figura del delegado presidencial, que hará de fiscalizador y/o contrapeso al intendente. En otras palabras, el gobierno central igual va a mantener su injerencia regional de forma directa. ¿Se imagina las discusiones y peleas cuando el intendente quiera hacer algo que el delegado presidencial no? ¿Quién tendrá la última palabra? ¿Quedará eso muy bien estipulado en la ley? Las regiones se merecen que les hagan leyes de calidad. Con lo que hay ahora se va directo a un Transantiago regional. Es legislar para la galería.

Por lo pronto, el proyecto  votado en estos días seguirá su trámite en el Senado, donde, de realizarse modificaciones, retornará a una comisión mixta. Esperemos que no siga la chacota en torno a este proyecto de ley que debió estar aprobado hace un año, y pidamos al patrono de los políticos, santo Tomás Moro, la iluminación de los legisladores.

Blog de Rosario Moreno para El Líbero

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