Mi llegada a ARCIS se origina ya que, dada mi inquietud intelectual permanente, quise estudiar sociología. Me entrevista Fernando Torres y quedo matriculado como alumno de la carrera de Sociología. Transcurren dos semanas y se me presenta un problema  que arrastro desde toda mi enseñanza. Me comienzo a aburrir en clases ante la lentitud en el proceso de aprendizaje de mis condiscípulos y busco a Fernando Torres para decirle que me retiro explicándole los motivos. (De hecho, en la enseñanza media, me retiraba de mis clases incorporándome a niveles dos o tres veces superiores al mío, principalmente en los ramos de Química, Física y Matemáticas por las mismas razones lo que equivocadamente me llevó a estudiar en primer término Ingeniería Química y Petroquímica).

Ante esto él me dice: “Pero, yo te conozco y sé que has dictado clases en Universidades, que tienes un vasto currículo, ¿por qué no postulas al Post-Grado y Maestría en Comunicación Social? Me sugiere elevar una solicitud al Consejo Superior, el cual acepta mi postulación y quedó afortunadamente para mí, en el Pos-Grado y Maestría en Comunicación Social

Digo afortunadamente, puesto que, debo confesar que, hasta ese entonces, era muy arrogante en términos intelectuales, pues estaba acostumbrado a aprender lo que quisiera y solo. Fue tanta mi motivación, que postergué en un semestre mi partida al futbol colombiano, ya que, teniendo el contrato y los pasajes enviados por el Deportivo Cali de Colombia, no quise dejar trunco mi post Grado y Maestría en CS, no por el diploma, a los que nunca he dado gran importancia, si no, porque cada ramo, cada profesor era realmente motivante.

Desde el primer día, me di cuenta que los profesores eran de un gran nivel, muy inteligentes, de gran conocimiento, con una perspectiva y visión de la sociedad y del mundo absolutamente diferente a lo que estaba acostumbrado y que de ellos había mucho que aprender, enriqueciendo con un tremendo plus, mi visión del mundo y la manera de enfocar, entre otras, la realidad Latinoamericana.

Fuimos unos afortunados con mis condiscípulos, unos privilegiados, nuestros Maestros fueron entre otros: Luis Torres, quien era además Rector de ARCIS con quien desarrollé   una gran amistad, y que por esas circunstancias de la vida nos encontramos posteriormente en la Universidad del Valle en Colombia, ya que dado su prestigio él iba de expositor y yo aprovechando mi estada en dicho país, estaba estudiando en esa universidad,  compartiendo gratos momentos en mi casa en Cali, Colombia; Carlos Ossandón, gran intelectual y excelente profesor con libros publicados sobre el pensamiento Latinoamericano; Tomás Moulian quién posteriormente fue Rector, reconocido intelectual de la izquierda chilena; José María Bulnes, quien me dio una lección de flexibilidad intelectual, ya que, en la tesis del semestre, nos dijo que no tomáramos a Gabriel García Márquez ni sus obras como categoría. Pues bien, como me gustan los desafíos intelectuales, tomé  a Macondo y lo convertí  en categoría y al parecer mis fundamentos fueron lo suficientemente válidos ya que terminé  el ramo con un siete final; Fernando Reyes Matta, tremendo profesor, quién entre otras cosas, nos mostró y anticipó lo que venía en internet y las comunicaciones y demostrando su verdadero interés por enseñar y prepararnos, nos llevó a la FLACSO para demostrarnos lo que ya existía en internet, la información acumulada, y su gran utilidad en el futuro; Carlos Pérez y su entretenida e ideológica forma de enseñar la Epistemología de las Ciencias, y su frase favorita cuando teníamos alguna dinámica en clases, “cuidado Sforzini, que quien entiende demasiado la dialéctica se hace marxista, con las risas generales del gran grupo que conformó ese Post Grado y Maestría en CS; Guido Lagos con su Pragmática del Lenguaje, gran amigo luego del Master a mi vuelta a Chile, tremendo intelectual; Andrés Gacitúa mi profesor sobre Gramsci, cuya temática fue tan contingente y necesaria, quedando refrendada en la cantidad de páginas que el Mercurio dedicó a Gramsci en sus ediciones dominicales ; Nuestro Master en  Fine of Arts Manuel Jofré, en el ramo de la Comunicación, de los más exigentes profesores de la Maestría, gracias  a quien, debido a que  la temática de mi trabajo de tesis del ramo: “El ruido en la comunicación” me permitió desarrollar un modelo inédito para explicar cómo y qué  produce “Ruido” en la comunicación humana, ya que en ese entonces no existía nada sobre el tema,  y tantos otros que sería largo de enumerar.

Tuvimos muchos seminarios, entre ellos, uno con Ariel Dorfman, es decir, realmente tuvimos entremeses intelectuales en forma permanente.

El que cada cual tenga posturas políticas, religiosas, ideológicas diferentes, no significa que no puedas aprender mucho del otro.

Intelectualmente los tres semestres cursados fueron una tremenda gratificación para el intelecto, y por lo mismo, creo que será una enorme pérdida para la sociedad chilena, ya que, sin importar nuestras propias ideologías, para que una sociedad prospere se necesitan referentes ideológicos diferentes e intelectualmente preparados para lograr los equilibrios necesarios y suficientes. No en vano, el Mercurio citó a dicha Universidad como el equivalente ideológico para la izquierda y la sociedad chilena al mismo nivel de la Universidad Católica.

Gramsci planteaba claramente la necesidad de que los intelectuales fueran orgánicos para poder ejercer su función como tales en la sociedad y poder influir sobre ella. Que había que disputar ese espacio para irrumpir en la hegemonía de la ideología reinante. Por lo tanto, podemos puntualizar que el mal manejo de los administradores de la izquierda chilena, entre otras el partido Comunista de dicha Universidad, como un suicidio intelectual y una falta de compromiso y de congruencia increíble con sus pares. La izquierda chilena actual es gramsciana, por lo que éste debe estar retorciéndose en su tumba, al ver el despilfarro de los administradores de dicha universidad al perder un referente ideológico tan importante como lo es una Universidad, la que a su vez permite formar sus propios intelectuales.

En la parábola del buen samaritano, éste puede ayudar porque tenía dinero, aquí, el dinero al parecer sobró, llegaron incluso aportes de Venezuela y, sin embargo, increíblemente, en definitiva, hay una quiebra. En conclusión, entonces no solo hay que tener dinero, si no, hay que saber administrarlo, (deberían haber tomado clases con el partido socialista y no se habrían farreado el esfuerzo de unos pocos visionarios que se dieron cuenta que hacía falta un lugar para los futuros intelectuales de la izquierda chilena). Mi reconocimiento a esos cinco fundadores de ARCIS.

Les dejo link de carta enviada a los medios de comunicación por el ex –Rector y uno de los fundadores de ARCIS para quienes se interesen en conocer como unos pueden destruir la gran obra de un pequeño grupo de intelectuales: El rector fundador de la Universidad Arcis, Luis Torres Acuña, escribió una carta titulada: “El legado de la Arcis: Un Imposible que fue realidad

 

http://www.emol.com/noticias/Nacional/2017/05/27/860231/Fundador-de-la-cerrada-U-Arcis-Me-da-pena-me-duele-me-da-vergenza.html

 

http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2017/05/26/fundador-de-u-arcis-el-origen-de-la-crisis-radica-en-un-interes-politico-ocultado-y-manipulado-bajo-la-ficcion-de-un-conflicto-economico/

MI TESIS DE LA MAESTRÍA

Fue tanta la importancia que le di al conocimiento y la perspectiva Gramsciana de la sociedad, que mi tesis se basó precisamente en el tema:

“La Función de los Intelectuales a partir de Gramsci y Jean Paul Sartre”

Resumiendo, la desaparición del ámbito académico de la Universidad ARCIS es una pérdida irreparable para un sector ideológico de nuestra sociedad; la consunción de ARCIS, sobre todo, debido al mal manejo o lo que resulte finalmente de un grupo que aparentemente dilapidó los esfuerzos de un grupo de profesionales e intelectuales que bajo el Gobierno Militar generó esta brecha principalmente para los sectores de la izquierda chilena.

A todos mis ex profesores, gracias por su dedicación y esfuerzo, valoro en alto grado el que un ser humano dedique sus bríos y energías a su quehacer diario con un sentimiento de compromiso, de creer que pueden mejorar la sociedad que integran, sean válidos o no sus planteamientos. Conociendo al otro, su ideología, sus propósitos, me enriquezco y refuerzo las mías o las acreciento si las comparto.

Victor Sforzini Sepúlveda

/gap