La NASA ha completado el primer estudio que identifica los objetivos que una misión a un gigante de hielo debe abordar, y discute instrumentos, naves, rutas y tecnologías que podrían usarse.

Los resultados de este y futuros estudios sobre una misión a Urano y/o Neptuno se utilizarán a medida que la próxima Planetary Science Decadal Survey delibere sobre las prioridades de ciencia planetaria de la NASA en el periodo 2022-2032.

“Este estudio argumenta la importancia de explorar al menos uno de estos planetas y todo su entorno, que incluye lunas heladas sorprendentemente dinámicas, anillos y extraños campos magnéticos”, dijo en un comunicado Mark Hofstadter del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena, California. La Agencia Espacial Europea (ESA) también participó en el estudio.

Hasta la fecha, Urano y Neptuno han sido visitados brevemente por una nave espacial, Voyager 2. Voyager rápidamente voló por Urano en 1986 y Neptuno en 1989, como parte de su gran recorrido de descubrimiento que anteriormente pasó por Júpiter y Saturno.

Amy Simon, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, dijo: “No sabemos cómo se formaron estos planetas y por qué ellos y sus lunas se ven así. Hay pistas fundamentales sobre cómo nuestro sistema solar se formó y evolucionó que sólo pueden ser encontradas por un estudio detallado de uno, o preferiblemente ambos, de estos planetas”.

Una variedad de posibles conceptos de misión se discuten en el estudio, incluyendo órbitas, sobrevuelos y sondas que se sumergirán en la atmósfera de Urano para estudiar su composición. Una cámara de ángulo estrecho enviaría datos a la Tierra sobre los gigantes de hielo y sus lunas. Urano tiene 27 lunas conocidas, mientras que Neptuno tiene 14.

Colectivamente, Urano y Neptuno son conocidos como planetas gigantes de hielo. A pesar de ese nombre, se cree que hay relativamente poco hielo sólido en ellos hoy en día, pero se cree que hay un océano líquido masivo bajo sus nubes, que representa aproximadamente dos tercios de su masa total. Esto los hace fundamentalmente diferentes de los planetas gigantes de gas, Júpiter y Saturno (que son aproximadamente 85 por ciento de gas en masa) y planetas terrestres como la Tierra o Marte, que son básicamente el 100 por ciento de roca.

No está claro cómo o dónde se forman los planetas gigantes de hielo, por qué sus campos magnéticos están extrañamente orientados y qué impulsa la actividad geológica en algunas de sus lunas. Estos misterios los hacen científicamente importantes, y esta importancia se ve reforzada por el descubrimiento de que muchos planetas alrededor de otras estrellas parecen ser similares a nuestros propios gigantes de hielo.

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