La madrugada del 9 de julio, los 5 hombres que a esa hora trabajaban en el yacimiento Delia II, en Chile Chico, decidieron subir. Eran pasadas las dos de la mañana: hora de cenar. Tres de ellos se adelantaron y entraron –peleando con el frío y la nieve– al casino en la superficie, como cada día.

Enrique Ojeda (34) y Jorge Sánchez (25) se quedaron en el fondo de la mina, pero todos pensaron que comerían después y no extrañaron su ausencia.

A las dos y media de la mañana, vino el primer indicio de que algo extraño ocurría.

–¡Suena la alarma! –comentó uno de los trabajadores, sobre la alerta que debía encenderse si los ventiladores, encargados de inyectar aire fresco al socavón, dejaban de funcionar. Es decir, algo pasaba, por qué se habían apagado.

“Todos pensamos que simplemente se accionaron”, relata un trabajador al recordar ese día. Su explicación es que el aviso no sonó más de 10 segundos.

A eso de las 5 de la mañana, un supervisor ingresó a la mina y descubrió la tragedia: estaba todo inundado, incluso era visible en los 150 metros sobre el nivel del mar. Nadie sabe en qué parte estaban Jorge y Enrique cuando el agua se filtró por el yacimiento. Sus compañeros piensan que se quedaron atrapados en el nivel 55. Recién en ese momento entendieron por qué la alarma había sonado por tan poco tiempo: el agua había hecho que se cortara la luz y había arrasado con todo a su paso.

Otras emergencias

La compañía Minera Cerro Bayo –propiedad de la canadiense Mandalay Resources y que se dedica a la extracción de oro– sufrió uno de los accidentes más graves, antes que el que afectó a Enrique Ojeda y Jorge Sánchez, el 10 de septiembre de 2010. Aquel sábado, Ricardo González Hernández (30), quien había dejado Los Andes para trabajar en la faena, murió producto de una explosión. El informe de Sernageomin señala que, mientras uno de los trabajadores se encontraba en la plataforma de canastillo de la grúa levante Haulotte, para la revisión de un tiro quedado, repentinamente detonó un tiro que golpeó el cráneo de González. Murió en el lugar. Ese mismo día, otros trabajadores de la cuadrilla quedaron con heridas leves: el operador de la grúa en maniobras de izaje del canastillo y el ayudante minero que acomodaba la manguera de la red de agua en la entrada de la labor. La onda expansiva de la explosión y la proyección de partículas les provocó lesiones de baja envergadura.

En esa oportunidad, la responsable de la faena era Orica, una compañía contratista a la que Sernageomin también sumó a las causas tras el accidente. Entre estas, el organismo minero encontró “falta de resguardo o defensa inadecuada de la empresa contratista, supervisor no implementa un sistema de cierre ante la presencia de un tiro quedado en corona derecha en la frente de la labor Estocada Acopio, proveniente de la tronadura de la frente efectuada en el turno anterior”. También destacaron el diseño inadecuado del frente de trabajo. “Diagrama de disparo se encontraba en etapa de optimización de rendimientos, lo que generó eventos de tiros quedados en días anteriores al accidente”, puntualiza el informe.

Como medida correctiva, el mismo documento señala que la compañía “deberá controlar en terreno el cumplimiento estricto de los procedimientos de operación. Las empresas mineras deberán considerar dentro de sus actividades de prevención de riesgos operacionales, observaciones planeadas y no planeadas del trabajo, al personal que opera con explosivos en la faena minera”, añade.

La firma enfatiza que el accidente de 2016 fue responsabilidad de los contratistas y detalla que opera tres minas subterráneas en el mundo y en ellas busca tener los más altos estándares de seguridad industrial. “A nivel corporativo el rendimiento de seguridad industrial es considerado un componente clave del éxito”, responde mediante correo electrónico.

Antes de ese hecho, en julio de 2013, otro accidente fatal se vivió al interior de la mina. En esta ocasión, según el informe de Sernageomin, el trabajador estaba contratado directamente por la minera. Después de prestar apoyo en carga con el equipo de levante, Remigio Andrade comenzó a retroceder con el equipo por la rampa ascendente. Cuando observó que el loro o cenefa le impedía el paso, se bajó del equipo. Entonces este cedió y lo golpeó en la cabeza.

Después que se hiciera pública la muerte de Andrade –que incluso convocó al comité de emergencias de la Onemi– el secretario regional de Minería de entonces, Omar Muñoz, hizo hincapié en la legislación vigente: “Estamos preocupados por que se mejoren las condiciones de seguridad de todas las empresas, pero particularmente en el sector minero. Hemos instalado un reglamento, donde se fortalece la seguridad en las faenas mineras. Aquí tenemos un accidente que afectó a un trabajador, quien tuvo un accidente y que actualmente se encuentra en investigación”.

Ariel Keim, del sindicato de trabajadores de la Compañía Minera Cerro Bayo, señala que saben que la tasa de accidentabilidad, con la situación de los dos últimos empleados, se agrava. Según él, hay accidentes que no han sido públicos, pero no dejan de ser graves. “En poco más de tres años tuvimos un accidente fatal con un equipo pesado y después fallece otro trabajador en faenas de manipulación de explosivos. A eso se suma la caída de altura de dos trabajadores, atrapamientos en derrumbes, lesionados. Sabemos que la empresa maneja un estándar de seguridad elevado, pero ciertas condiciones escapan a la capacidad de control, como este colapso del techo de una mina”, dice Keim.

Inundación fatal

Lo sucedido en la mina de Chile Chico aún está en estudio. Se sabe que una fisura pudo ser la responsable de la inundación que envolvió de agua a los mineros Jorge Sánchez y Enrique Ojeda. Nadie se percató de que existiera; tampoco personal de Sernageomin que inspeccionó las faenas por última vez el día 29 de marzo de este año.

De hecho, el miércoles las autoridades a la cabeza del rescate confirmaron que la sonda número 5 LF 90 llegó hasta la galería en la que se encontraba ubicado el refugio de la mina Delia II. Solo encontró agua y lodo. “La evidencia indica claramente que tenemos lodo en la zona del refugio. Comprobamos que la mina está con un nivel importante de lodo y (también) en este caso específico en la zona del refugio, donde había alguna esperanza de que pudieran estar los trabajadores”, agregó Felipe Matthews, quien fue uno de los geólogos involucrados en el rescate de los 33 en la mina San José y ahora actúa como asesor de Sernageomin.

El mismo Matthews señaló que a eso hay que sumarle las condiciones químicas de el agua que contendría la mina. En una conferencia de prensa fue claro respecto de estas condiciones. “La gente que vive aquí sabe las condiciones del agua, incluso antes trabajaban el cuero y eso es por el PH, que es de un nivel histórico, de 9 a 10. Tenemos muestras del PH en el agua en el primer sondaje, del orden de 9. El PH que se obtuvo, gracias a los buzos, es de 8,5. Por lo tanto, ¿dónde podríamos verter esa agua que sacamos de la laguna?”, manifestó el geólogo.

El Sernageomín, en tanto, explicó a la prensa que “la presencia de agua en la superficie provocó un reblandecimiento del terreno que generó el fenómeno de subsidencia, que es el hundimiento de la tierra debido al colapso de galerías generadas para la extracción de minerales (sumado al ingreso de agua de la Laguna Verde, que es colindante a la mina). Es decir, en el caso de los mineros el terreno contaba con estructura de roca competente, mientras que en el segundo el terreno se encuentra reblandecido por la acción del agua mezclada con barro y sedimentos”.

Ariel Keim dice que la empresa y Sernageomin tienen la misma opinión: que el accidente se debió a la lluvia y el viento. “Pero sabemos que Chile Chico siempre ha sido ciudad de viento y de lluvia. Pensamos que algo falló en el diseño. No se trata de responsabilizar a nadie, eso lo determinará la investigación, pero entre el fondo de la laguna y el techo de la mina tienes un pilar y ese pilar se dice que habría tenido que ser de 40 metros, pero pensamos que pudo ser de menos, por eso colapsó”, indica el profesional.

A pesar de las malas noticias y la imposibilidad de encontrarlos con vida, las familias siguen esperando una especie de milagro. “El estado de excepción Constitucional permitió un trabajo en equipo con las autoridades nacionales, regionales y locales, más ordenado y estrecho”, dicen en Cerro Bayo. Realizan dos reuniones diarias en las que todos los participantes de los equipos de la compañía y autoridades comparten sus avances. Una vez al día también les avisan a las familias respecto a la situación que enfrentan con cada paso.

Ahora, seguirán perforando en diferentes puntos de la mina para establecer el estado de la misma. Continuar trabajos y bombeo en superficie que pretenden reducir el nivel de agua en la Laguna Verde.

Jorge Sánchez llevaba 5 años trabajando en la mina y era su pasión, jamás tuvo miedo, al contrario. “Era feliz como cargador frontal a cargo de su scoop”, comenta uno de sus primos que cada día, a las seis de la tarde, espera con ansias nuevas noticias. Jorge trabajaba 5 días, 5 noches y tenía 5 días libres. Nunca había dejado de llegar a su casa.

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