Justo. En sus dos acepciones. Porque Chile clasificó sufriendo pero le alcanzó. Y también porque lo merecía. Sin embargo, este concepto nos ofrece un análisis en dos vertientes, una positiva y otra no. La selección nacional había hecho un torneo y un par de partidos, sobre todo frente a Alemania, de enorme rendimiento. Habría sido ilógico que un equipo que asomaba como el mejor del campeonato, se hubiera quedado afuera.

Pero más allá de los merecimientos obtenidos previamente es indudable que ayer el encuentro dejó situaciones preocupantes. No es recomendable caer en el lugar común y la tentación permanente de señalar que hicieron falta aquellos que no estuvieron. Claro que Medel, Beausejour y Marcelo Díaz son importantes, pero adjudicar las fallas del funcionamiento sólo a eso sería simplista y peligroso.

La Roja no pudo resolver el puzzle planteado por Australia, basado en marcas individuales que fueron anulando su juego. La fortaleza física y los golpes como último recurso fueron mermando e interrumpiendo la fluidez con el balón acostumbrada. Chile cayó en el desconcierto provocado por los oceánicos, que hicieron un muy buen partido y que aprovecharon ese error en la salida, agravado por la mala cobertura de Paulo Diaz, que se fue con la pelota en vez de quedarse con la marca de Troisi. La pelota es un imán y eso traiciona.

De ahí en más, la reacción futbolística costó más de lo habitual. Así como alguien pudo a extrañar a los ausentes, en la cancha los estandartes estuvieron lejos del nivel acostumbrado. Ni Alexis Sánchez ni Arturo Vidal hicieron un partido a la altura de lo que son, unos superclase del fútbol mundial.

Surge como elemento inquietante a la hora de buscar respuestas el cansancio. Pero aunque exista, no es determinante. En un deporte de oposición, el rival cuenta. Y por eso, es importante señalar que el resto de los participantes sufre el mismo agotamiento por el fin de las temporadas.

Por último, cuando es muy difícil marcar diferencias, cada ocasión de gol vale oro y ayer Chile desperdició las que tuvo. Eso también influyó para quedar segundos en el grupo y tener que enfrentar a Portugal. Rival difícil, dueño de una solidez defensiva y un gran contragolpe, liderado por uno de los mejores jugadores del mundo. Cristiano Ronaldo exhibe su faceta más goleadora y eso lo hace más peligroso que nunca. Necesita muy poco para hacer mucho.

De todas formas, Chile puede ganar, fundamentalmente porque lo de ayer fue circunstancial. La tendencia es que la Roja exhiba uno de los mejores rendimientos futbolísticos a nivel mundial. El miércoles tiene otra vez la oportunidad de demostrarlo.

Por Fernando Solabarrieta para el diario La Tercera

/gap