La saga continua. Desde este jueves ya está en los cines la segunda entrega de “50 sombras de Grey”, basada en las novelas escritas por E. L. James. Hace ya dos años nos llegó el primer filme causando un gran fenómeno fan que inundo las salas de cine para ver las aventuras, desventuras y escenas de cama (o sin cama) de Anastasia Steele y Christian Grey. Ahora, otra vez en San Valentín, se espera que este movimiento de fans vuelva a ocurrir… y visto lo ocurrido en la Premiere celebrada anoche en Madrid, no tengo ninguna duda de que volverá a ocurrir.

Yo creo que a estas alturas todos somos conscientes del tipo de material del que parte esta adaptación cinematográfica, incluso aunque seas megafan de la saga literaria. Este fan fic basado en las novelas de “Crepúsculo” se pueden definir en tres palabras o frases, “fáciles de leer”, “erótico” y “quiero que me pase a mi”. No son las novelas del siglo, y tampoco logran crear un mundo o personajes de lo más interesantes, cosa que en las películas se hace mucho más patente. No son un mal producto (las películas), para nada, se nota que las películas tienen gusto, en especial en el apartado musical, y que han intentado contentar al máximo a los lectores. Simplemente son un producto para los consumidores de estas novelas, ni más, ni menos.

Es mejor que la primera entrega en algunos aspectos, por ejemplo, el humor. Esta segunda parte nos ofrece mayores dosis de chistes, dobles sentidos, chascarrillo… lo que provoca que el tono sea más desenfadado comparado con la primera entrega, a pesar de la inclusión de argumentos un poco más oscuros. Esto hace que el espectador no se canse de tanto drama romántico edulcorado y resulte menos evidente la falta de sangre de ambos personajes. Seamos sinceros, ni Anastasia ni Christian son personas de sangre caliente, excepto cuando están practicando sexo, parece que tienen horchata corriendo por sus venas. Les falta, chicha.

Al igual que en “50 sombras de Grey”, la relación de ambos personajes parece ir dando tumbos de una escena a otra, pero luego realmente no llega a ocurrir nada, bueno sí, que permanecen juntos. Aunque en esta ocasión tengamos nuevos elementos en la historia, como la ex-sumisa, la ex-profesora sexual – Kim Basinger – o incluso la escena del helicóptero – escena que hace que parezca que estamos viendo una película completamente diferente -, ninguna de estas historias logra aportar nada a la historia general. Por muchas cosas que ocurran a su alrededor, ellos van a terminar en el punto que todos sabemos que van a terminar. La verdad es que lo ocurrido en estas dos primeras películas podría contarse en una sola.

Sí, tiene más desnudos, o eso creo recordar, pero tampoco vamos a ver nada que no hayamos visto hasta el momento. Excepto dos escenas de esta temática, en el resto no vemos ningún avance en la trama. En la primera parte veíamos las escenas de sexo como un aprendizaje de Anastasia, la exploración del sexo y de ese peculiar juego. En esta segunda gira entorno a los límites que Grey le pone a Anastasia a la hora de tocarle. Se que muchos se van a limitar a tachar esta película como una basura, críticas interminables destacando que no es más que puro porno, pero la verdad es que no lo es.

Es cierto que no llega a aportar demasiado, por no decir nada, pero si es un entretenimiento de lo más palomitero. No lo pasaréis mal, si os gusta el género romántico, y disfrutaréis de una fantástica banda sonora, para mi lo mejor de la película, de Dakota y del cuerpo de Jaime Dornan. Son películas insustanciales pero que logran su propósito de forma eficiente, entretienen. Y lo más importante, gusta a los fans, que es para quien va dirigida la película al fin y al cabo.