UN DEBATE televisado entre candidatos que aspiran a la Presidencia es una buena oportunidad de información para los electores y, en ese sentido, es un gran aporte al proceso democrático. Pero también es un programa televisivo más y, como tal, requiere cumplir  estándares de entretención sin los cuales muy poca gente lo vería, con lo que se perdería su mayor valor social. Definitivamente, en la confrontación de los candidatos de ChileVamos, no se logró ese equilibrio virtuoso entre información y entretención.

Demasiadas recriminaciones, rostros severos, acusaciones personales e incluso comentarios de sorprendente mal gusto, y muy poco de temas tan importantes como la reactivación de nuestra economía o el proyecto que, con sus matices, plantea la centroderecha en materia social y de seguridad pública. Fue un debate al que le sobraron adjetivos y le faltaron sustantivos, pero lo más difícil de creer es que los tres candidatos de oposición tuvieron una hora y media en cadena nacional, sin hacer casi referencia alguna a la mala gestión de la NM, a los fracasos del actual gobierno y a la alternativa que ellos representan. El expresidente Piñera fue el que tuvo la expresión más clara en este sentido, cuando aludió a dónde están sus verdaderos adversarios.

Lo importante para la coalición opositora es reflexionar qué viene hacia delante, si después de esta primaria sigue siendo un sector que ofrece gobernabilidad al país, ordenándose tras un proyecto y un liderazgo común. La segunda pregunta que merece formularse es si el senador Ossandón representa el surgimiento de un populismo antisistémico que se instala en la derecha.

Para responder ambas interrogantes es fundamental conocer los números electorales del próximo domingo, es indudable que, aún derrotado, un resultado que le de una votación alta al senador lo instala como factor de inestabilidad, porque tendrá una tribuna asegurada hasta diciembre. Además, ese escenario supone un mal desempeño de la opción de Kast, algo que golpearía todavía más la alternativa de un proyecto de centroderecha serio en noviembre.  

Hay que recordar que el senador ya no milita en RN y, por lo tanto, el paso siguiente sería intentar formar una organización que le dé un mínimo de estructura a su discurso.  Su denuncia permanente de que la política está corrupta, comprada por el dinero y su validación de la desigualdad como prioridad, son un camino cierto hacia la conformación de un equivalente de derecha al populismo de izquierda de Mayol.

Ninguno de estos temores son reales si el expresidente Piñera gana por un amplio margen y Felipe Kast obtiene un resultado competitivo con el senador. En ese caso se impondría la institucionalidad de la centroderecha, cuyos partidos y dirigentes están casi unanimemente en un proyecto compartido y se ordenarían esa misma noche tras el vencedor.

Pero el debate, por su rudeza y porque estuvo marcado por el tono de Ossandón abrió una incertidumbre sobre la consistencia de la centroderecha que solo los electores del propio sector pueden cerrar este domingo.

/Columna de Gonzalo Cordero para La Tercera

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