Sí, el chiste fue malo, desatinado, fuera de lugar y lamentable, pero no deja de ser un mero chiste bien poco gracioso. También es lamentable que haya salido de la boca de un ex Presidente de Chile y actual aspirante a la Presidencia, lo cual no eleva la calidad de “chiste” que tiene el famoso chascarro.

Pero lo que es aún menos gracioso son las inmediatas reacciones de las mujeres del bando opositor al candidato, partiendo por la propia Presidenta de la República. Estas han sido leídas como aprovechamiento político por el sector cercano a Sebastián Piñera, para luego caer en la discusión de si es pertinente o no empatar el traspié con la imagen de Alejandro Guillier junto a la muñeca inflable en la Asexma.

En fin, una discusión que no es más que una serie de sinsentidos que caen como fichas de dominó alineadas y con un destino fatal y predecible, que nos conduce al mismo lugar de siempre: ninguna parte.

Este tipo de equivocaciones debería centrarnos en la discusión de las necesidades reales de la mujer, que son enormes y muy poco atendidas; debería hacernos escuchar la voz de la mujer chilena que vive la realidad más dura. Algo que ha sido corroborado reiteradamente por todas las cifras que hablan de pobreza, desempleo, maltrato, discriminación, soledad, abandono y todo suerte de barreras culturales inmerecidas e insuficientemente abordadas por la autoridades.

Hoy contamos con autoridades que sólo están centradas en el discurso e imponen la dictadura de la corrección política a diestra y siniestra. Lo que es peor, muchísimos se suman a esta ridícula ola de la discusión semántica que no beneficia en nada concreto a la mujer.

Incomprensiblemente, se suman los políticos de todos los sectores, los medios y los líderes de opinión. Sin embargo, de ellos se espera que cumplan otra función que aporte mirada crítica, profundicen en la discusión y contrasten posturas y visiones. A las mujeres se nos ha transformado en objetos de utilización política y seguimos pasando igual de desapercibidas que antes. Peor aun, la Presidenta en sus dos Gobiernos —y las actuales autoridades femeninas del oficialismo— al parecer tiene mucho que decir, pero nada que mostrar.

Raya para la suma, parece que somos la noticia del día. Incluso por más de un día, parece que somos importantes, parece que nos defienden… Pero sólo parece, porque la verdad es que quienes tiene real poder para cambiar la realidad no están haciendo nada.

/Escrito para El Líbero por Mónica Reyes, socia de Reyes & López-Hermida Comunicación Creativa

/gap