Una vez más, una vez más nuestra selección nacional hace historia y se instala tal como en el 2015 y el 2016 en una nueva final. A través de los lanzamientos penales Chile venció a Portugal, de Cristiano Ronaldo, y logró acceder a la definición por la Copa Confederaciones. Después de igualar en el tiempo reglamentario y en los dos lapsos de alargue, desde los 12 pasos, la “Roja” clasificó al partido definitorio.

La estrella del duelo fue Claudio Bravo, quien tapó tres penales, mientras que Chile no falló. Primero fue Arturo Vidal, luego Charles Aránguiz y finalmente Alexis Sánchez. El capitán de la “Roja” estuvo notable. Gigante, mágico. Le atajó los tiros a Ricardo Quaresma, Joao Moutinho y Nani. El resultado fue justo. Sobre todo por lo demostrado en el tiempo extra. Cuando se jugaban los últimos minutos Chile tuvo una jugada que dio dos veces en el travesaño de Rui Patricio, primero Vidal y luego Martín Rodríguez, quien ingresó por Vargas.

A esto se suma un grosero error del árbitro iraní Alireza Faghani, quien no cobró un clarísimo penal en contra de Francisco Silva. ¿Hubo VAR?, no. Los asistentes del video, de nacionalidades poco futbolizadas, nada dijeron, provocando la impotencia de los nacionales.

Charles Aránguiz jugó un partidazo, por lejos el mejor dentro de los 120 minutos. Pero estaba fundido. Igual Alexis Sánchez, que cada vez que tomaba la pelota tenía a tres rivales encima. Pero se repusieron a todo eso. Y liderados por Bravo metieron a Chile en una nueva final. Sí, otra vez por penales.

Ahora a esperar rival. Saldrá del ganador de la otra semifinal que mañana disputarán Alemania y México en Sochi.

Por Ignacio Soto Bascuñán