Tenemos un candidato a las primarias presidenciales que ha escapado al análisis profundo de los analistas buscando razones de su proceder.  Las preguntas obligadas al respecto son: ¿Estrategia? ¿Su naturaleza? ¿Motivaciones inconscientes subyacentes?

Al ser consultado por el periodista Iván Núñez confesó haber sido un estudiante promedio, por decir lo menos, afirmando posteriormente que, el libro de la Inteligencia Emocional le cambio la vida. Existe en su vida, “un antes y un después de haber leído dicho libro”.

Al parecer nuestro, no lo leyó bien, o tendríamos que dudar de su comprensión lectora o preguntarnos las notas que obtenía al tener que leer libros incorporados en el plan educacional.

La verdad es que podemos afirmar que, de Inteligencia Emocional, de lo que se entiende por inteligencia Emocional, no tiene nada. ¿Las razones de nuestra afirmación? Veamos qué es y cómo se define:

 

INTELIGENCIA EMOCIONAL

En el sentido estricto de la definición de la inteligencia emocional, si queremos saber que es, debemos transcribir a Mayer, que fue el primero en investigar sobre ella.

Mayer define la inteligencia emocional como: Una habilidad humana que permite percibir, comprender y regular las emociones propias y de aquellos que nos rodean. Este hecho provoca un crecimiento intelectual y emocional que sirve para transformar nuestro propio comportamiento y pensamiento.

 

 ELEMENTOS DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

El gran teórico de la Inteligencia Emocional, el psicólogo estadounidense Daniel Goleman, señala que los principales componentes que integran la Inteligencia Emocional entre otros, o los que nos interesan para nuestro análisis, son:

1. AUTOCONOCIMIENTO EMOCIONAL (O AUTOCONCIENCIA EMOCIONAL)

Se refiere al conocimiento de nuestros propios sentimientos y emociones y cómo nos influyen. Es importante reconocer la manera en que nuestro estado anímico afecta a nuestro comportamiento, cuáles son nuestras capacidades y cuáles son nuestros puntos débiles. Mucha gente se sorprende de lo poco que se conocen a ellos mismos.

2.- CONTROL EMOCIONAL (O AUTORREGULACIÓN)

El autocontrol emocional nos permite reflexionar y dominar nuestros sentimientos o emociones, para no dejarnos llevar por ellos ciegamente. Consiste en saber detectar las dinámicas emocionales, saber cuáles son efímeras y cuáles son duraderas. No es raro que nos enfademos con nuestra pareja, pero si fuéramos esclavos de la emoción del momento, estaríamos continuamente actuando de forma irresponsable o impulsiva, y luego nos arrepentiríamos.

3.- RELACIONES INTERPERSONALES (O HABILIDADES SOCIALES)

Una buena relación con los demás es una fuente imprescindible para nuestra felicidad personal e incluso, en muchos casos, para un buen desempeño laboral.  Y esto pasa por saber tratar y comunicarse con aquellas personas que nos resultan simpáticas o cercanas, pero también con personas que no nos sugieran muy buenas vibraciones; una de las claves de la Inteligencia Emocional.

Me podría alguien explicar, (parafraseando al abogado de la película Filadelphia) como si fuera un niño de cinco años ¿En qué momento este señor da cuenta de su Inteligencia Emocional en estos aspectos, si se ha dedicado a enmierdarlo todo, a la política, a sus rivales, usando todo argumento y adjetivos para denostar, calificar, descalificar?

  1. RECONOCIMIENTO DE EMOCIONES EN LOS DEMÁS (O EMPATÍA)

Las relaciones interpersonales se fundamentan en la correcta interpretación de las señales que los demás expresan de forma inconsciente, y que a menudo emiten de forma no verbal. La detección de estas emociones ajenas y sus sentimientos que pueden expresar mediante signos no estrictamente lingüísticos (un gesto, una reacción fisiológica, un tic) nos puede ayudar a establecer vínculos más estrechos y duraderos con las personas con que nos relacionamos.

Además, el reconocer las emociones y sentimientos de los demás es el primer paso para comprender e identificarnos con las personas que los expresan. Las personas empáticas son las que, en general, tienen mayores habilidades y competencias relacionadas con la IE.

Tenemos entonces un candidato que cree moverse por la Inteligencia emocional y la degrada a su mínima expresión. ¿Se imaginan un Presidente dejándose llevar por sus simpatías y antipatías, por su celos o envidias? Dios nos pille confesados.

Ha tenido contantemente que pedir disculpas, y si bien es parte de la Inteligencia Emocional reconocer errores, equivocarse permanentemente en su relación con otras personas, de los discursos emitidos, no nos habla precisamente de una gran Inteligencia Emocional.

Se nos aparece más bien con una fijación obsesiva compulsiva con otro de los candidatos. Mas parece un energúmeno contratado para destruir la imagen del otro que forjar la propia. Le falta esa Inteligencia Emocional para darse cuenta, que está siendo percibido como un francotirador, un resentido, envidioso y con una falta grave de ética y respeto por el otro. Enmierdarlo todo como dije anteriormente no es la mejor manera de construir relaciones presentes ni mucho menos futuras, ya que, los resentimientos que se generan no son fáciles de curar.

Lo único cierto que no nos muestra empatía, parte de la inteligencia emocional, nos muestra más bien emociones y conductas primitivas y dañinas como resentimiento, envidia, odio. No da cuenta de procesos de introspección, viviendo en un mundo paralelo, donde sus faltas son auto justificadas por un egosintonismo que raya en un egocentrismo extremo.

Por otro lado, jura y re-jura tener las manos limpias, lo que en términos económicos no lo pongo en duda, pero ¿habrá escuchado la palabra ética? ¿Sabrá el que la insinuación es una peligrosa herramienta en la comunicación humana? ¿Que pretender provocar e instalar en el otro (votante) la semilla de la duda respecto a las intenciones y actos del rival es una falta grave, gravísima en el fair play de la política? ¿Que pretender solapadamente que los rivales puedan votar en su conglomerado para así pretender ganar junto con los otros actos enunciados es no tener las manos limpias?

¿Que atacar en forma indiscriminada, permanente, es un síntoma de extrema debilidad, de falta de capacidades, de falta de liderazgo? Voy a citar a Ortega y Gasset, quien, en su Estética de la Razón Vital, definió magistralmente estos comportamientos:

“Es un error creer que el guerrero esencial se complace en el ataque. Todo lo contrario. Para el buen aficionado a los secretos psicológicos nada más curioso que sorprender en la manía de atacar un síntoma de debilidad, una preocupación defensiva. El hombre fuerte no piensa nunca en atacar: su actitud primaria es, simplemente, afirmarse”.

 “Me parecería un heroísmo inverosímil que un hombre repleto de nuevas ideas sobre las cosas, en vez de exponer éstas, se ocupase en combatir las ideas de otros. La auténtica ofensiva intelectual es la expresión de nuevas doctrinas positivas”

Me atrevo a agregar, no solo combatir las ideas de los demás, si no usar el ataque artero, la insinuación maliciosa, la denostación, la destrucción del otro para obtener mis fines de auto ensalzar mi imagen, mis capacidades.   Que pobreza, que vacío, que tremenda necesidad de auto-reivindicarme.

Termino mi columna, diciendo que no pretendo inclinar la votación de nadie, solo que cuando aparecen personajes con estas características, es una invitación al análisis del discurso que lo representa y de tratar de entender el mundo existente detrás del personaje; sus necesidades; sus conflictos y sus carencias.

Autoproclamarse el ganador de un debate, por ejemplo, o es estrategia, muy mala, por cierto. Si es producto de una asesoría, pésima como tal, ya que rompo la magia de lo emocional y sacudo al telespectador y lo cambio abruptamente de escenario obligándolo a pensar y reflexionar, ¿Fue así? ¿Por qué? En ese periplo, si es que ganó, -nadie gana cuando escupe en el plato que come- lo pierde todo automáticamente.

La otra posibilidad, es la expresión de un tremendo narcisismo que desborda al personaje, corriendo el peligro de repetir la historia de Narciso, que, por querer besar su imagen reflejada en el agua, ya que estaba patológicamente enamorado de sí mismo, que cayó en ella y como no sabía nadar, murió ahogado.

por Victor Sforizni Sepúlveda

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