Carlos Jeldres tiene dos recuerdos de cuando tenía 5 años, antes de aprender a leer: saberse todas las banderas del mundo e ir al estadio de Chillán a alentar a Ñublense, que se debatía constantemente entre segunda y tercera división.

Por eso, cuando a los 29 años decidió tomar lo mínimo e irse arriba de su bicicleta a conocer todos los continentes, se llevó la camiseta de los “Diablos rojos”.

Precisamente esa insignia del equipo de sus amores lo acompañó ayer domingo en el estadio Krestovski de San Petersburgo para la final de la Copa Confederaciones entre la “Roja” y Alemania.

“Desde chico que yo tenía esta inquietud de descubrir el mundo, pero no como lo hacen los turistas: quería visitarlo ojalá caminando. Pero como caminando me iba a demorar mucho, decidí hacerlo en bicicleta”, dice Jeldres, un ingeniero industrial que ahora tiene 30 años, a Emol.

Fue el 11 de junio de 2016, luego de dos años de preparación física y ahorro, que dejó Chillán en una bicicleta que ya había probado en otros viajes, con dos alforjas y un bolso de equipamiento técnico, donde lleva un saco de dormir que resiste hasta -20° y una carpa de cuatro estaciones.

De esa bicicleta, que bautizó “Libertad”, queda sólo el sillín y el marco. Todo lo demás ha tenido que reemplazarlo debido al desgaste que significa pedalear entre seis y nueve horas diarias.

El recorrido que comenzó en la Octava Región siguió hacia el Norte, atravesando el desierto de Atacama y los países del Altiplano, Centroamérica, Cuba y Estados Unidos hasta llegar a Canadá, casi siempre durmiendo a orillas del camino o en el patio de las personas que lo reciben.

“Hay mucha gente que dice ‘hay que renunciar, dejarlo todo y viajar’. La verdad es que eso es súper irresponsable. Yo me reconozco un afortunado por la oportunidad que estoy teniendo, porque tuve la oportunidad de trabajar mucho y ahorrar para hacer esto”, agrega.

El pasado 20 de abril, diez meses después de empezar su travesía, Carlos aterrizó en Europa. Su viaje, que va registrando en el sitio cleteando.com, considera pasar después por París, Turquía, entrar al Oriente Medio, llegar a Sudáfrica, pasar por Pakistán, Singapur y pretende volver a Chillán, pero esta vez avanzando por Chile desde el Sur.

El objetivo de su viaje es cruzar los cinco continentes y recorrer una distancia superior a la de la línea del Ecuador, es decir, más de 40 mil kilómetros. Para eso, calcula, puede que le falten dos años.

Un ñublensino en Rusia

Ahora, Carlos está en Rusia. Avanzó hasta San Petersburgo y, sabiendo que era una oportunidad única que no podría perderse, compró una entrada para ver a Chile ante los germanos en la final del segundo torneo más importante del mundo.

Su abuelo, Luis Venzano, fue el primer arquero que tuvo Ñublense en la era profesional, en 1959. También jugó por la Universidad de Chile y actualmente es un reconocido comentarista deportivo de Radio Ñuble, en la ciudad del Biobío.

“El fútbol ocupa gran parte de mi vida, el amor nació de mi abuelo y siempre he alentado a Ñublense. Cuando he podido he ido a ver a la selección. Soy un ‘cabeza de pelota'”, afirma Jeldres.

Así, cuando este domingo eran las 14:00 hrs en Chile y en tierras rusas se dé el pitazo inicial al lance entre las dos selecciones, hubo un chileno vistiendo una camiseta de Ñublense en las galerías del estadio Krestovsky.

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