“El fútbol es un juego simple: 22 hombres corren detrás de un balón durante 90 minutos y al final siempre ganan los alemanes”. Gary Lineker dijo esto en 1990 y sigue plenamente vigente hasta hoy. Un error, un mísero error, le costó el título a Chile ante una Alemania que no perdona. La Roja dominó, sometió a su rival, pero no pudo cambiar una historia que no aceptaba yerros. Los germanos se quedaron con la Copa Confederaciones en una final que deja un gusto muy amargo, porque el equipo de Pizzi mereció más. O, al menos, no perder así.

La batalla que habían anunciado los técnicos por imponer la presión la ganó Chile en el inicio. Alemania lo intentó, pero no pudo. Fue así como la Roja visitó permanentemente a Ter Stegen durante los primeros 20 minutos. Era una fotocopia de lo que había pasado en el partido de Kazán. Y, al igual que en la tierra de los tártaros, Chile no estuvo bien en el finiquito.

Chile llegaba, pero los remates se iban desviados o a las manos del del Barcelona. Los únicos que le acertaban a la valla rival eran Vidal y Vargas, pero Ter Stegen siempre estuvo bien parado.

El minuto de la desgracia fue el 19. Arturo Vidal probó desde afuera, Ter Stegen dio rebote y Alexis Sánchez solo tenía que empujarla. Inexplicablemente no le pega y se salva Alemania. Rechazan largo los europeos. Chile controla en defensa y se apresta a iniciar el ataque desde atrás. Marcelo Díaz, el que siempre da el primer pasa, no ve por el retrovisor que está Werner. Se la roba, enfrenta a Bravo y se la pasa a Stindl quien, a diferencia de lo que pasó al frente, sí la empuja bien. La Mannschaft anota en su primera llegada que, técnicamente hablando, no fue llegada, si no que un regalo.

Bravo recrimina a Díaz. Se la había pedido, pero el volante optó por la finta. Gary Medel se acerca a levantar a Care’pato. Era el primer gol que recibía la Generación Dorada en una final.

Tres minutos más tarde desborda Isla, se la cede a Aránguiz quien vuelve a pifear dentro del área. Díaz pudo resarcirse del error a los 28′, pero quedó pasado tras un centro de Alexis.

Los 10 minutos finales fueron de Alemania, como para demostrar que la ventaja no solo fue una cuestión de suerte. Goretzka desvió un derechazo, Isla alcanzó a madrugar a Werner cuando estaba solo en el área, Draxler soltó un latigazo pegado al palo y Bravo estuvo brillante para evitar el segundo cuando le achicó a Goretzka.

A los ocho minutos, Pizzi saca a Marcelo Díaz y envía al campo a Leonardo Valencia, quien había estado en el primer partido contra Camerún. El asunto no mejora y Draxler casi vence a Bravo.

Kimmich casi se va a las manos con Vidal, su amigo del Bayern Munich cuando intenta separarlo en una refriega con Bravo. El ambiente estaba espeso y Chile se ve confundido.

Jara fue víctima del VAR. Parecía una jugada intrascendente y terminó con amarilla por un codazo involuntario al escurridizo Werner. Y se perdieron tres minutos por el uso del juguetito.

El aliento llega desde las cuatro esquina del Zenith Arena y Chile crece. A los 70′ Alexis casi logra el desnivel, pero Mustafi lo trabó justo. Vargas lo tuvo a los 73′, pero fue a las manos de Ter Stegen. A la jugada siguiente Vidal eleva tras un rebote en un defensor alemán. Los chilenos piden el VAR, Vargas se gana amarilla y el juez acepta revisar y solo da el tiro de esquina.

A los 79′, Ter Stegen se estira cuan largo es para desviar con la punta de los dedos el disparo de Aránguiz. A 10 minutos del final, Pizzi manda a Sagal y Puch al campo, por Aránguiz y Vargas, en una medida desesperada por lograr el empate. Y el de Huachipato se lo perdió en el área chica, en la primera pelota que tocó, cuando era más fácil echarla fuera que dentro del arco.

Gary Lineker tenía razón.

/Por Leopoldo Iturra para As.Chile

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