No votó en las primarias presidenciales. Como está inscrito en Chile, el economista Sebastián Edwards siguó los resultados por internet, desde su casa en California.

Y mientras en las urnas se jugó el primer tiempo de las elecciones presidenciales, Edwards se da tiempo para analizar la coyuntura política y económica.

Sí importa quién gobierne

Le doy tres alternativas: a) Mario Marcel: “Las elecciones en sí mismas no representan un riesgo en la economía chilena”, b) Rodrigo Vergara: “Para que Chile vuelva a crecer no da lo mismo quién sea el próximo presidente” y c) Rodrigo Valdés: “Chile no se juega la vida en estas elecciones”. ¿Con cuál de las tres comulga?

Desde luego que no da lo mismo quién sea el próximo presidente. A pesar de la buena intención de este gobierno, la mayoría de sus políticas -casi todas sus reformas y su retórica- ha sido dañina para el país. Un presidente que plantea continuar por esta senda, sin enmendar rumbo -como lo ha afirmado Guillier-, sería malo para el país.

¿Y Sebastián Piñera es la persona? ¿Es su programa de gobierno el indicado para sacar a Chile del letargo económico?

En lo económico, el programa de Piñera es muy razonable, es un programa que busca activamente volver a la ruta del crecimiento, la productividad y el emprendimiento. No se puede decir lo mismo de las 128 páginas del programa de Guillier. Y en el Frente Amplio hay planteamientos nostálgicos y que harían que Chile retrocediera enormemente. No hay que olvidar que Alberto Mayol ha alabado las políticas de Ecuador, país que en la primera mitad de los 80 tenía el mismo ingreso per cápita que Chile, pero que desde entonces se quedó tristemente atrás. Hoy, tan solo una generación más tarde, tenemos un ingreso per cápita que es más que el doble del de Ecuador. Lo de Mayol es irresponsable.

¿Cómo califica el primer gobierno de Piñera?, ¿Qué debería hacer ahora que no hizo antes?

Piñera 1.0 fue un buen gobierno; sin ser memorable, fue un gobierno competente. Piñera 2.0 debiera ser más inclusivo y tener una visión moderna de largo plazo; es necesario crear una épica. Tiene que tener un equipo más diverso, desprenderse de su dependencia de un grupo pequeño y homogéneo; rodearse de caras que representen al Chile real. También debiera impulsar cambios constitucionales profundos, que le den estabilidad política al país -periodos presidenciales de seis años- y legitimidad al sistema. Pero lo más importante es que debiera nombrar a Felipe Kast como su súper ministro de protección social, y mantenerlo en el puesto por los cuatro años. Esto, desde luego, significa hacer suyas las políticas sociales propuestas por Kast. Este debe ser un súper ministro con asiento en el comité político.

Si Piñera sale presidente, una de las cartas que suena para ministro de Hacienda es Rodrigo Vergara. ¿Cómo lo ve en Teatinos 120? ¿Qué se puede esperar de su gestión?

Rodrigo Vergara es un buenísimo economista, y en el Banco Central hizo una estupenda labor. Sería un gran ministro. Trabajamos juntos en varios países de Centroamérica, asesorando gobiernos y bancos centrales. Su solidez teórica y su capacidad de análisis son impresionantes.

En sus últimas entrevistas y apariciones, Rodrigo Vergara ha ido sacando un lado político que desconocíamos, ¿cómo ve su “muñeca” en esa arena?

A mí no me sorprende su vuelco a la política más contingente. Siempre ha tenido vocación de servicio público. Me parece que su “muñeca” política es magnífica. No olvidemos que lo educaron los jesuitas.

En el caso de que sea Guillier presidente, ¿quiénes deberían conformar su equipo económico? ¿A quién ve como el más empoderado para llegar a Hacienda?

El mejor economista de izquierda es, sin duda, Manuel Marfán. Sería un buenísimo ministro. Pero no sé si lo habrán consultado. Ahora, si en la segunda vuelta la DC apoya a Guillier, aparecería el nombre de José De Gregorio, un lujo en todos los sentidos de la palabra. ¡Un debate entre Vergara y De Gregorio sería memorable!

¿Qué le parecieron las bases programáticas de Alejandro Guillier y que se le “haya colado” el fin de la libertad cambiaria?

Nunca sabremos si se coló en forma inadvertida o si fue un acto deliberado, que luego generó un arrepentimiento. Pero la verdad es que hay alguna gente que cree que Chile debe “industrializarse” y agregarles valor a las exportaciones por medio de un tipo de cambio alto y estable. Es una noción muy siglo XX, que en los últimos años ha sido descartada por la gran mayoría de los economistas. En las economías modernas no es posible tener un tipo de cambio “administrado”, una política monetaria independiente y movimientos de capitales. Esa situación se conoce como “la imposibilidad de la Santísima Trinidad”. Las naciones modernas han optado por flotar en lo cambiario, y tener política monetaria y movilidad de capitales.

Del programa de Guillier, ¿qué otras ideas le preocupan que se lleven a cabo?

En el programa hay una creencia un poco ingenua de que todos los problemas del país pueden ser resueltos a través de la burocracia estatal. Además, no hay medidas claras que corrijan los errores cometidos en los últimos cuatro años. Esto es particularmente serio en lo que se refiere a la política laboral. Cuando se escriba la historia de Bachelet 2.0, el veredicto más importante será que este gobierno perdió una gran oportunidad para avanzar verdaderamente en la senda de la modernización de las relaciones laborales. En vez de entender que la robotización, la inteligencia artificial, los algoritmos y las máquinas inteligentes son el futuro, la reforma laboral que entró en operación hace unos meses nos devuelve al siglo XX, a una época anterior a los teléfonos inteligentes, los computadores, las tabletas, las redes sociales. Es la nostalgia en toda su majestad.

Reforma tributaria: “Mientras antes, mejor”

Nuevamente el tema tributario se ha tomado la discusión electoral. Vergara señala que una de las primeras medidas de Piñera -si llega a la presidencia- debería ser volver a tasas de impuesto corporativo similares al promedio de la Ocde, del orden de 25%, y a la integración del sistema impositivo. Guillier plantea una revisión también del sistema tributario, ¿es el tema más relevante para lograr un impulso del crecimiento?…

El tema es este: para crecer más, necesitamos invertir más, y una tasa corporativa más baja incentiva la inversión. En ese sentido, Vergara tiene razón. Ahora, hay varias consideraciones técnicas que deben ser parte de la conversación. Lo primero es que no se deben comparar peras con manzanas, y la mayoría de los países de la Ocde no tiene un sistema integrado. En Chile es semiintegrado, por lo que las comparaciones son complejas. Me parece que sería adecuado simplificar y rebajar en algo la tasa. Hasta dónde hacerlo debiera ser un tema de estudio. Pero 25% me parece una cifra razonable para empezar la discusión.

Desde el gobierno, tanto Alejandro Micco como Rodrigo Valdés son de la tesis de que hay que dejar al menos pasar un par de años para meter cambios sustanciales…

Yo creo que la reforma tributaria fue mala. Lo dije en una entrevista en La Tercera hace tres años, donde afirmé que, entre otras cosas, no iba a recaudar lo prometido. Mientras antes se le hagan ajustes y correcciones, mejor. Reconocer errores, enmendar rumbo y seguir adelante. Esa es la manera correcta de actuar.

El subsecretario Micco señaló que la reforma de Piñera tendrá un impacto de 0,6% del PIB en menor recaudación, pero con el actual nivel de crecimiento en las últimas cifras de la Operación Renta se evidenció una baja en las declaraciones del impuesto de primera categoría (-0,8% anual). Entonces, ¿qué es primero, el huevo o la gallina?

La gallina, ¡obviamente! La economía es un ecosistema complejo, que se retroalimenta de un sector al otro, lo que los economistas llaman el “equilibrio general”. Pero creo que después de estos cuatro años raquíticos, lo prioritario es volver a crecer. De ello depende que se creen más y nuevos empleos, y que suban los salarios. Y con mayor crecimiento crece la base impositiva y aumenta la recaudación.

A su juicio, ¿cuál es la receta para que Chile salga de este aletargamiento económico?

El gran economista inglés John M. Keynes lo dijo con claridad en 1936, cuando publicó su libro La Teoría General. Hay que desatar los “espíritus animales” de los inversionistas y de los emprendedores. Si hay confianza y optimismo en el futuro, los inversionistas van a lanzar nuevos proyectos masivos, y se producirá un círculo virtuoso. Pero esto requiere que, además, haya una política económica moderna y consistente, que incentive la eficiencia y la productividad, que fomente el desarrollo tecnológico y el emprendimiento, que se haga cargo de que la revolución robótica nos va a remecer hasta los cimientos, que fomente la inclusión social a través de programas eficientes, efectivos y que beneficien a aquellos que tienen mayores necesidades. No hemos visto mucho de eso en los últimos años.

Y mirando el panorama político, ¿ve a alguien capaz de liderar este tema, que piense en la cuarta revolución industrial, que no sólo la vea pasar, sino que sea capaz de liderar que Chile se suba a ese carro?

Hay una serie de personas en el sector privado, o de las ONG, que han estado pensando y trabajando este tema. Gente de las universidades, en pequeños laboratorios de emprendimiento, algunos incluso en provincia. Cualquiera de estos jóvenes podrían ser los líderes de este proyecto. También se puede pensar en reclutar a alguien por sus capacidades técnicas y de gestión, independientemente de su posición política. Alguien que viene a la mente, dada su labor reciente, es Máximo Pacheco. Él fue el líder en una de las compañías internacionales más importantes, y que más ha avanzado en pensar sobre el tema de la automatización y de los efectos que ella tiene sobre el tejido social de la empresa.

Valdés: Achacarle la desaceleración “es injusto”

¿Qué debió haber hecho el ministro Valdés para cambiar el rumbo?… ¿Le faltó coraje para imponer sus ideas, tuvo impericia política?

Rodrigo Valdés ha sido un buen ministro de Hacienda. Achacarle la desaceleración es absurdo e injusto. La política seguida es la del Programa de la Nueva Mayoría, un programa pésimo, que -y esto es absolutamente verdad- ni siquiera habían leído todos los que entraron en el primer gabinete (varios me lo han confesado). Lo que hay que preguntarse es cómo estaríamos sin Valdés. La respuesta es que estaríamos mucho peor.

En una entrevista a principios de año, usted dijo que sin el ministro Valdés estaríamos probablemente en la “cuerera”, pero hoy estamos con un crecimiento bajo y ad portas de una baja en la clasificación de riesgo… ¿Falló el ministro Valdés?

Mi metáfora de la “cuerera” era buena y la mantengo. Invito a los lectores a imaginarse, en el contexto de este gobierno, a otro ministro de Hacienda. ¿Cómo estaríamos si el señor Arenas hubiera sido reemplazado por un simpatizante de la retroexcavadora? Mucho peor. Para usar la metáfora del barro que se puso de moda durante las primarias, quizás estaríamos en “el chiquero”.

Volviendo a la discusión del crecimiento, ¿quién ha pecado más de falta de autocrítica: Valdés con su tesis de que la debilidad del crecimiento es por un factor estructural y las exportaciones, o Vergara insistiendo en que no hubo un atraso en la baja de tasas?

Ambos son grandes economistas, y cada uno enfatiza una parte de la historia. Pero habiendo dicho eso, es necesario reconocer lo siguiente: la retórica de “la retroexcavadora” no viene del exterior, la nostálgica reforma laboral no es un shock externo, la reforma tributaria no es foránea. Todos son factores domésticos o nacionales, sobre los que el gobierno de Chile tiene control, y todos son factores que han contribuido a nuestra reciente mediocridad. Como dice Vergara, en el mediano y largo plazo los países son los dueños de sus propios destinos.

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