Con un típico cuchillo Stanley, una adolescente de 16 años confesó hoy haber sido la asesina de la pequeña Katie Rough, de tan solo siete, en un caso que conmueve no solo al Reino Unido, sino a toda Europa. Luego de haber sido reportada como desaparecida, la niña fue encontrada con severos cortes en su nuca y pecho en un parque de juegos en York. Horas después, la responsable del crimen sería detenida.

La joven se declaró culpable ante la Corte de Leeds de homicidio involuntario por el hecho ocurrido en enero pasado. El 9 de ese mes, la Policía del condado recibió un llamado al promediar la tarde para informar la aparición del cuerpo de una menor en las cercanías de un campo de fútbol. Aún estaba con vida, pero en críticas condiciones. Los médicos no pudieron revivirla en el Hospital de York, donde murió.

La asesina, cuyo nombre no trascendió por cuestiones legales, realizó su confesión mediante una comunicación por video con la corte que lleva adelante la investigación. Imposibilitada de hablar por la conmoción que sentía, la joven escribió en un papel su breve declaración, que fue leída por su abogado, Nicolas Johnson: “Puedo confirmar que ha indicado que no es culpable de homicidio, pero sí de asesinato involuntario“, indicó al jurado.

El fiscal Graham Reads, quien se encontraba en la corte, se mostró satisfecho por la declaración de la adolescente, y señaló que aceptaban la confesión: “Vamos a aceptar el alegato de homicidio involuntario por medio de la responsabilidad disminuida“. Según explicó el funcionario judicial, la decisión no fue tomada en ese instante. La familia de la víctima conocía los términos anteriormente y habían aceptado esos cargos.. “No fue algo sorpresivo para ellos“, dijo Reads.

Los padres de Katie, Paul y Alison Rough, escucharon toda la audiencia sentados y en tranquilidad. No mostraron ningún tipo de emoción mientras la joven asesina aparecía del otro lado de la pantalla junto con su defensor.

Fue la propia Alison quien llamó a los agentes cuando notó la desaparición de su niña. Al saber que la habían encontrado, cayó de rodillas y comenzó a pedir ayuda en forma desesperada. Once días antes, Katie había sido protagonista de la boda de sus padres y toda la familia estaba en la plenitud de la felicidad.

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