Finalmente, las primarias de Chile Vamos y el Frente Amplio han sido más exitosas de lo que creían los cálculos pesimistas. A pesar de que no hay sorpresa alguna en los resultados principales, la cuestión del número de votantes tiene su importancia. El total de sufragios (1,8 millones) alcanzó a la mitad de las primarias de 2013 (la diferencia es la ausencia de la Nueva Mayoría, o la ex Concertación) y podría representar cerca de un cuarto del electorado esperado para noviembre.

Pero, sobre todo, Chile Vamos consiguió superar su propia referencia, los 800.000 votos que reunió en el 2013, en la única primaria que había hecho, aquella dramática confrontación entre Andrés Allamand y Pablo Longueira que tan mal terminó para todos. El Frente Amplio consiguió su propia meta, que era modesta pero resultó realista: cerca de 300.000 sufragios, más o menos lo que obtuvo Manuel José Ossandón, y un cuarto de lo que recaudó la derecha. Si la abstención llega a los niveles que ha venido registrando en las últimas elecciones, esto representaría alrededor de un 5% de los votantes. No es claro que sus candidatos hayan agregado votación nueva, que es la forma principal que podría tener para crecer.

El resultado de Chile Vamos no es óptimo para el previsible ganador, el ex presidente Sebastián Piñera. Su triunfo ha sido contundente y más que duplica a los contendores; pero está por debajo del 70% que se consideraba como la medida perfecta. No tiene competencia en la carrera hacia noviembre, pero hay señales de daño en lugares importantes, como Santiago. La fuerza urbana mostrada por Ossandón se había insinuado en algunas encuestas, pero resultó mayor que esos mismos indicios.

Ossandón se acercó al 30%, lo que es un resultado aparentemente incoherente con su desempeño en la última parte de la campaña. Sería un fenómeno por sí mismo que el segmento más agresivo del período de competencia hubiese logrado aumentar su votación. De cualquier modo, es claro que ya anoche comenzó su competencia con Felipe Kast por la sucesión en la derecha. Siempre pueden entrar actores nuevos, pero ambos obtuvieron votaciones que les permiten tomar posiciones eminentes como figuras de recambio en los torneos donde ya no volverá a estar Piñera, empezando por el 2022.

Piñera ha sido la sombra desde la derecha en todos estos años. Nada podía crecer en sus alrededores. Estas primarias marcan el fin de esa presencia abrumadora.

Por ahora Kast es exactamente la mitad de Ossandón y quizás represente lo contrario -una idea liberal contra un perfil conservador-, pero ambos dependen ahora de hacia dónde inclina la hegemonía la derecha, cómo interpretan sus electores el futuro y cuál es la calidad de la oferta intelectual de cada uno. La competencia ha comenzado.

No se puede decir lo mismo del Frente Amplio. Uno de los principales promotores de Beatriz Sánchez, el diputado Gabriel Boric, dijo anoche que ahora se proponen ganarle a Alejandro Guillier el paso a la segunda vuelta. La verdad es que, con los números conocidos, esto sólo podría ocurrir a través de un desastre previo y sorpresivo de la candidatura de la Nueva Mayoría y de la Democracia Cristiana, ambas cosas al mismo tiempo, porque, en el improbable caso de que el Frente Amplio haya crecido con votos nuevos (jóvenes), ellos han sido muy insuficientes como para imaginar un proyecto mayor. De modo que al proponerle esa meta la candidata queda en la parrilla: ¿cuál es su futuro si no lo logra?

Sánchez duplicó a Mayol -como se preveía- y confirmó, por tanto, la hegemonía que mantienen en el Frente Amplio Boric y Giorgio Jackson, inventores de ese producto. Pero, nuevamente, las cifras son tan pequeñas que Sánchez solo supera por poco a Felipe Kast, y Mayol ni siquiera se acerca.

En el Frente Amplio queda pendiente el debate sobre la sucesión, aunque parece más lógico que plantee una reforma para reducir la edad mínima de los candidatos presidenciales. En esas condiciones se abriría el espacio para la verdadera confrontación, la de Boric versus Jackson. Si no lo consiguen tendrán que seguir dependiendo de candidatos como los actuales, con resultados como los actuales.

¿Y qué ha significado esto para el resto de las candidaturas? La Nueva Mayoría y la Democracia Cristiana, dicen algunos, se perdieron la oportunidad de tener una franja de televisión por 30 días, lo que es factualmente cierto. Pero ¿significaron algo esas franjas, beneficiaron a algún candidato, le sumaron votos a Mayol, que insiste en haber sido el postulante más deprivado del conjunto?

Al mismo tiempo, la Nueva Mayoría y la DC se perdieron también la oportunidad de insultarse en los debates, como ocurrió en Chile Vamos, o de no debatir en absoluto, como hizo el Frente Amplio.

Indudablemente, desde el punto de vista de la arquitectura de la participación, las primarias se han fortalecido después de este torneo. Pero desde el punto de vista del desarrollo de programas y de la indemnidad de los competidores dentro de una misma coalición, no han demostrado tener ninguna virtud mayor. A la primera vuelta, ni Piñera llegará sin heridas ni Sánchez llegará engrandecida.

/Columna de Ascanio Cavallo para La Tercera

/GAP