En 1997, 78.472 personas murieron en el país. De ellas, 1.462 lo hicieron a causa del alzhéimer y otras demencias, enfermedades que representaron el 1,8% del total de muertes. Dieciséis años más tarde, en 2013, esa enfermedad cobró la vida de 3.595 personas, el 3,6% del total de fallecidos en el país. En otras palabras, en 1997 por cada 100 mil personas, 9,9 morían de alzhéimer mientras que en 2013, por cada cien mil, fallecían 20,4.

La enfermedad de párkinson, con menos muertes totales, tuvo un incremento mayor en las tasas de mortalidad (cantidad de fallecidos por cada 100 mil habitantes). Si el alzhéimer duplicó su tasa de mortalidad en este tiempo, el párkinson se quintuplicó: de 118 fallecidos se pasó a 759 en 2013 lo que representa un aumento en la tasa de 0,8 por cada cien mil habitantes a 4,3.

Con todo este panorama, dicen los especialistas, la situación es preocupante, sobre todo si se considera que ambas enfermedades tienen relación con la edad y que cada año la expectativa de vida crece. En 2011, según Estadísticas Vitales, los hombres vivían en promedio 74,4 años, mientras que las mujeres llegaban a los 80,4 años. De hecho, Chile es el país que ha aumentado más rápidamente la expectativa de vida al nacer. Otro informe de la ONU estimó que para el período 2025- 2030, el país estará entre las seis naciones del mundo con mayor expectativa de vida.

Para Claudio Hetz, investigador de Gero y director alterno de Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica de la U. de Chile, la principal razón de este aumento es el envejecimiento de la población. “El índice de mortalidad seguirá aumentado. En 2050, se estima que un cuarto de la población tendrá 60 años. Habrá una tasa más alta de mortalidad y de enfermedad. Esas personas ya nacieron y hoy tienen casi 30 años. Será un gran problema de salud. Se debe hacer algo hoy, definir las variables que influyen en estas enfermedades que van a suponer un montón de recursos en el futuro. Estas cifras son una alarma”, indica.

Si no se actúa pronto, agrega, “tendremos una catástrofe económica en salud pública porque el país no está preparado para asumir el costo”.

La misma visión tiene Nibaldo Inestrosa, director del Centro de Envejecimiento y Regeneración de la U. Católica. “La mortalidad crece porque el principal factor de riesgo para el alzhéimer es la edad y todas las cosas que ocurren con ella, la diabetes, la hipertensión, la obesidad son todos factores de riesgo para el alzhéimer y otras enfermedades neurodegenerativas también”, dice.

Víctor Zárate, director de Medicina de la U. San Sebastián, señala que se debe proyectar el futuro de la salud del país con estos dos males que restan años de vida y suman muertes prematuras. Son difíciles de diagnosticar, por lo que varios pacientes acceden tarde a algún tratamiento. “El párkinson, por ejemplo, está en GES porque es una patología con gran carga. Hasta el año pasado, se estimaba que unos 28 mil pacientes tenían cobertura pero son cerca de 100 mil los enfermos. Las dos enfermedades tienen un impacto en la familia y se debe considerar en el futuro. Requieren apoyo de siquiatras, neurólogos y atención en la salud primaria y de hospitales. Todas estas variables se deben pensar en las proyecciones de salud pública”, sintetiza Zárate.

Hormonas

Respecto del incremento en la tasa de mortalidad femenina de alzhéimer, que aumentó 15 puntos porcentuales frente a poco más de 5 puntos porcentuales de los varones, Inestrosa explica que los estrógenos, la hormona femenina que decae con la menopausia es un factor protector. “Antes de la menopausia hombres y mujeres tienen el mismo riesgo de enfermar, pero después de este período, el riesgo en la mujer sube cinco veces”, dice. Es una razón por la que es importante contar con terapia de reemplazo hormonal en las mujeres.

En términos sencillos, impide la acumulación de placas amiloides en el cerebro. En cambio, explica, “los hombres no tienen estrógenos pero sí una enzima que transforma la testosterona en estrógeno pero solo en el cerebro. Esa es una de la razón por la que en ellos no aumenta tanto”.

A esto se agrega, que en general, las mujeres viven más años que los hombres.

Párkinson

Hetz recalca que también es necesario hacer estudios ambientales para saber qué tanto influye la contaminación y los metales pesados y el estrés de las grandes ciudades en estas dos enfermedades. “En ciudades como Santiago, o en la zona norte donde hay zonas mineras, se debe revisar si hay más muerte por párkinson. Las neuronas dopaminérgicas son muy sensibles a los factores ambientales”.

Lo que sí es seguro es que las cifras de mortalidad y de prevalencia de la enfermedad crecerán. En el caso del párkinson, Hetz indica que son pocas las personas que mueren finalmente por esta causa, pero muchas las que viven muchos años con ella y con una mala calidad de vida.

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