En las últimas semanas se han ido silenciosamente acercando posiciones a la posibilidad de un entendimiento parlamentario en la Nueva Mayoría, que implicaría un acuerdo entre dos listas, una en la que estén el PS, el PPD y el PC y, en otra, la DC con el PR. Esa era la antigua correlación de alianzas internas, que primó durante toda la década del noventa en la extinta Concertación y que solo fue modificada en el 2000 con la candidatura de Ricardo Lagos, que llevó al radicalismo a sumarse al eje progresista del conglomerado.

El miedo moviliza y en política aún más. El casi millón y medio de personas que el domingo 2 de julio salieron a votar en las primarias de la derecha fue un hecho que no solo superó todos los pronósticos de Chile Vamos, sino también prendió todas las alarmas en la Nueva Mayoría, modificó tanto escenarios internos como agendas personales y partidistas, generando un cambio de clima en la coalición oficialista, que lleva meses enfrascada en discusiones públicas por la negociación parlamentaria y la división que desató el tener dos candidaturas presidenciales, las de Alejandro Guillier y Carolina Goic.

No se trata de que por arte de magia se resolvieran todos los problemas del conglomerado, pero entre sus dirigentes y negociadores reconocieron que las primarias sirvieron para “constatar realidades”. La principal, coincidieron, es que en un escenario de voto voluntario, con el riesgo de una abstención del 50%, el abanderado de la derecha, Sebastián Piñera, con los 827 mil sufragios que tiene en el bolsillo desde el domingo en la noche, perfectamente puede ganar la Presidencia en la primera vuelta de noviembre con la Nueva Mayoría enfrentada internamente, como ha sido hasta ahora.

El impacto de las primarias fue ese, que no se trata de otra encuesta ni proyecciones, sino que de sufragios, de datos duros y la principal raya para la suma que se trazó, en las diversas reuniones que se han llevado a cabo en el oficialismo desde el lunes entre dirigentes, parlamentarios, negociadores y autoridades de Gobierno, es que Piñera tiene un voto “convencido”, inamovible, de gente que –explicaron en la Nueva Mayoría– quiere un cambio de mano en el Gobierno.

Asumido ese punto, los análisis han remarcado también que la derecha no es mayoría en el país y que, si bien es cuesta arriba la chance de ganarle en las elecciones de fin de año, la única fórmula es con una estrategia unitaria y de convergencia. “Desde el domingo en la noche, el verdadero problema pasó a ser la derecha, porque, haciendo una proyección de lo que obtuvo el domingo y la división que hay en la Nueva Mayoría, Piñera puede ganar en primera vuelta incluso”, sentenció uno de los negociadores del oficialismo.

Entre el Frente Amplio y candidatos alternativos como José Antonio Kast y Marco Enríquez-Ominami, el diagnóstico de la Nueva Mayoría posprimaria, que se realizó el lunes en La Moneda con los partidos, apuntó a la necesidad de conquistar en la primera vuelta de noviembre un piso del 40% de los sufragios, para tener oportunidad real de disputar a Piñera la banda presidencial en la segunda vuelta de diciembre. La premisa es que ese 40% solo es posible obtenerlo para el oficialismo si actúa unido, asumiendo que hay dos candidatos presidenciales, con un acuerdo parlamentario que tenga dos listas pero que estén coordinadas y no enfrentadas.

Así, una de las primeras medidas que se han tomado estos días es la elaboración de un documento que se ha trabajado previamente tras al menos cuatro reuniones privadas con representantes de todos los partidos de la Nueva Mayoría, que establece 15 puntos de temas de coincidencia programática, reconoce las 7 principales diferencias que persisten entre las colectividades y que debería quedar afinado a fines de esta semana. El objetivo del texto, explicaron entre los que conocen la iniciativa, es dar una señal pública de cohesión, de unidad, de asumir diferencias pero con capacidad de mantener viva la coalición, una base de confluencia, una suerte de rayado de cancha dentro de la cual Guillier, Goic, los candidatos a senadores y diputados, los partidos, se muevan sin enfrentarse y desgastarse como hasta ahora.

Las primeras señales de este clima de convergencia oficialista se dieron en el Congreso el 22 de junio, cuando 43 parlamentarios de la Nueva Mayoría –liderados por Sergio Espejo (DC), Carlos Abel Jarpa (PR) y Marcelo Schilling (PS)– pidieron públicamente a las directivas de sus partidos llegar a un entendimiento con la DC sin condicionar que la falange deba bajar a Goic antes de la primera vuelta. En esos días diversos diputados públicamente se cuadraron con dicho criterio, como Daniel Núñez (PC), que consideró “fundamental que la unidad se proyecte” para enfrentar a la derecha, y su par PS, Osvaldo Andrade, que recalcó la “necesidad de que exista una base, que es la unidad de la centroizquierda, en lo que resta del Gobierno y en lo que viene para adelante”.

De la mano de ese gesto, es que en las últimas semanas se han ido acercando posiciones silenciosamente a la posibilidad de un entendimiento parlamentario en la Nueva Mayoría, que implicaría un acuerdo entre dos listas, una en la que estén el PS, el PPD y el PC y, en otra, la DC con el PR. Esa era la antigua correlación de alianzas internas, que primó durante toda la década del noventa en la extinta Concertación y que solo fue modificada en el 2000 con la candidatura de Ricardo Lagos, que llevó al radicalismo a sumarse al eje progresista del conglomerado.

Es una fórmula que está en la mesa, pero no se encuentra totalmente afinada ni menos visada, que al menos le quedan dos a tres semanas para cuajar, pero a la que no son pocos los que la miran con buenos ojos, incluso los que inicialmente estaban más reacios “se han abierto a la idea”, porque permitiría bajar los decibeles a la tensión interna de la Nueva Mayoría, evitar derrotas estratégicas de escaños de todos los partidos y, sobre todo, sería la base concreta de un compromiso de trabajo conjunto con miras a la segunda vuelta. “No se puede construir un acuerdo recién después de la primera vuelta, no se puede improvisar, y la manera de avanzar en esto es no establecer posiciones del todo o nada”, explicó un dirigente DC.

En la falange reconocen que han tomado nota de un dato relevante, que el timonel radical, Ernesto Velasco, no ha cerrado la puerta a esta chance. “Hemos asumido que está la candidatura de Carolina Goic y de Alejandro Guillier, que van en primera vuelta y, por tanto, les hemos dado a los equipos electorales y a los secretarios generales la tarea de poder dialogar, conversar y tratar de ver si se puede o no construir distintas alternativas (…). De buena fe estamos participando con nuestros representantes en la conversación global, para ver si es posible concordar un escenario de convergencia”, declaró el presidente del PR el miércoles 5 de julio.

Transversalmente en la Nueva Mayoría reconocen que hasta ahora muchas de las decisiones, performances y declaraciones que han marcado el clima en la coalición están pauteadas por las distintas agendas políticas que tienen los propios partidos y sus parlamentarios, muchos que solo velan por asegurar su reelección, que en la mayoría de los casos no se han supeditado –se lamentan– al objetivo principal, que es derrotar a la derecha. “No es que hayan desaparecido las agendas personales, pero es verdad que el resultado de las primarias sirvió de catalizador, no las eliminó pero sí ha aumentado el ánimo general de cooperación mutua”, explicó un dirigente DC.

Línea Maginot   

Si a nivel parlamentario hay un viento más favorable para el entendimiento en el oficialismo, la convivencia entre las alternativas de Guillier y Goic también se ha modificado tras las primarias del domingo. Con el resultado obtenido por Piñera y la derecha, en la Nueva Mayoría consideran que la abanderada DC pasó a ser un factor de “contención” en vez de ser vista como contrincante del senador por Antofagasta.

Entre los análisis tras las primarias en el oficialismo, se concluyó que los 327 mil votos obtenidos por el Frente Amplio no los instala como una amenaza inmediata para noviembre, que hay que mirarlo con respeto y que debería estar en la primera vuelta entre el 10% y el 15% de los votos. Esa misma conclusión llevó a la DC a plantear que dicho resultado refleja que no existe una polarización gravitante en el electorado y que la disputa de votos en noviembre estará en el centro.

Dicen que hay varios sondeos internos en la Nueva Mayoría que coinciden en que Goic hoy se encuentra entre el 5% y el 7% de respaldo que, sumado al 35% estimado que debería lograr Guillier, constituye la base para pelear la segunda vuelta. “Es en el centro donde hay que hacer contención, no se puede perder ningún voto y la opción de Goic cumplirá la tarea de evitar esa fuga, porque la derecha irá ahora tras los votos de centro. A Guillier le conviene que ella haga de línea Maginot”, explicó uno de los negociadores oficialistas.

En la coalición afirmaron que Guillier ha entendido este escenario, que tras las primarias no es suficiente el coqueteo con el mundo del Frente Amplio solamente y que eso ha contribuido a favorecer todos los intentos por fortalecer este mejor clima de entendimiento.

Por Marcela Jiménez para elmostrador.cl

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