El 9 de junio, en Los Ángeles, a los 88 años, Adam West –el primer Batman de la tevé y el cine– perdió su larga batalla contra la leucemia.
Sin duda lo lloraron los cuatro hijos de sus tres matrimonios, pero posiblemente nadie derramó tantas lágrimas como Burt Ward (71), el primer Robin: el Joven Maravilla.

Ese día, Burt enmudeció. No pudo pronunciar ninguna de sus 356 famosas Holy…! (¡Santa…!), porque ninguna denota congoja.

Sólo se le oyó decir, en el funeral:
–Estoy devastado. Fuimos amigos más medio siglo.

Adam West y Burt Ward,en unas de las últimos fotos juntos (Getty Images)

Adam West y Burt Ward,en unas de las últimos fotos juntos (Getty Images)

Se comprende. A diferencia de otros rubros exitosos que en la vida privada se odiaron –por caso, Dean Martin y Jerry Lewis–, Adam y Burt se fusionaron en una hermandad que fue mucho más allá de sus hazañas en Ciudad Gótica contra los súper criminales.

En parte se comprende: Burt fue 17 años menor, de modo que la compañía de Adam tuvo algo de paternidad. Sobre todo porque cuando un productor lo eligió para ese rol decisivo en su vida, el futuro Robin era todavía una hoja en el viento: “Estudiaba actuación en la UCLA, y los fines de semana vendía casas. Por suerte le vendí una a un productor que me dio pocas esperanzas…, pero dos meses después empecé a trabajar en Batman. Casualidad feliz…”.

Burt grabó su primer capítulo como Robin a los 20 años, tenía 17 menos que Adam West

Burt grabó su primer capítulo como Robin a los 20 años, tenía 17 menos que Adam West

En realidad, ni uno ni otro tenían conciencia del colosal suceso que tendrían entre manos, y mucho menos de sus implicancias sociales. Porque Batman, el Hombre Murciélago, nació como comic (historieta) en el número 27 de la revista Detective, en mayo de 1939: un año antes del advenimiento de Superman, el Hombre de Acero, el Capitán Marvel… y otros similares, siempre en la misma época.

No fue casual: en 1918 había terminado una guerra mundial que diezmó millones de almas, y en el 39 –septiembre 1º– estalló otra que duplicaría la anterior en muertos y ciudades destruidas, y algunos sociólogos afirmaron que la creación de esos justicieros de fantasía –créase o no– mitigarían el terror de las almas simples protegiéndolos del Mal encarnado en los súper villanos… Una metáfora que hoy puede sonar ingenua y risueña, pero que en aquel contexto pareció tan eficaz como una vacuna contra la peste…

Del comic, Batman saltó a la tevé: 120 episodios entre 1966 y 1968 por la cadena ABC, y también el primer film, en tono de comic, siempre con Adam West y Burt Ward como protagonistas.

West y Ward grabaron 120 episordios entre 1966 y 1968 (Getty Images)

West y Ward grabaron 120 episordios entre 1966 y 1968 (Getty Images)

A lo largo de su vida, y en especial después de su retiro, reemplazado West en sucesivos films por Michael Keaton, Val Kilmer, George Clooney, Christian Bale y Ben Affleck, Burt–Robin se animó a confesiones insospechadas…

Según él, debutó en el primer capítulo de la serie televisiva a los 20 años, “y sólo había salido con un par de chicas, sin que nada pasara… Pero Adam me arrastró –¡por suerte!– a las mayores aventuras sexuales apenas imaginables… ¡Sexo salvaje y continuo! Y para colmo de la felicidad eran los años 60: la revolución sexual… Sucedían cosas mágicas. A las siete de la mañana estábamos en la sala de maquillaje, y al rato nos invadían señoritas dispuestas a todo. Santa sardina! Lo “hacíamos” en el set entre escenas, en el wagon, vestidos, desnudos… ¡Puro placer! Y en los fines de semanas nos contrataban para apariciones personales en las que redoblábamos la apuesta. ¡Eramos vampiros sexuales! Hasta que llegó el sida, y el único sexo seguro… ¡es leer un libro!”.

Burt Ward llevó esas experiencias a un ardiente libro: My Life in Tights(Mi vida en calzas: referencia a la liviana y ajustada vestimenta del personaje), y según el autor, “no apto para conservadores sexuales ni eróticos retraídos”.

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