En el número 20 de la calle The Town de Enfield, al norte de Londres, una placa de Barclays Bank recuerda el lugar en el que el 27 de junio de 1967 se instaló el primer cajero automático del mundo. Los londinenses fueron los primeros en hacer operaciones bancarias a cualquier hora del día y sin necesidad de que les atendiera una persona, algo habitual hoy en día gracias a los tres millones de cajeros que hay en el mundo y a la banca por internet, que permite realizarlas sin salir de casa y desde cualquier lugar.

De la misma forma, las máquinas fueron entrando poco a poco en las fábricas y comenzaron a prestar servicios que hasta ese momento desempeñaban personas, al mismo tiempo que películas de ciencia ficción imaginaban un futuro en el que conviviríamos con sofisticados robots humanoides capaces de pensar y tomar decisiones.

Aunque estamos lejos de ese escenario, lo cierto es que avanzados sistemas de Inteligencia Artificial (IA) y robots, todavía bastante simples y con poca movilidad, desempeñan ya, con más o menos autonomía, múltiples tareas. Coches que no necesitan conductor, drones, robots de entretenimiento, que asisten a ancianos, a militares, exploran el océano o participan en tareas de rescate; o sistemas de IA que atienden a los clientes, realizan diagnósticos médicos o juegan al ajedrez. Pero, ¿quién es el responsable de sus acciones o de los errores y accidentes que causen? ¿Deberán las empresas cotizar por los trabajadores robóticos? ¿A quién pertenecen los derechos de autor de una obra creada por una máquina? ¿Qué significa que un robot es inteligente?

La Unión Europea está trabajando para establecer un marco jurídico que regule su uso y un código de conducta para que sean diseñados siguiendo criterios éticos y no supongan una amenaza para las personas. En febrero se votará el borrador con las primeras propuestas, basadas en un informe del Parlamento Europeo que fue aprobado el pasado mes de enero por 17 votos a favor, dos en contra y dos abstenciones.

“La Humanidad se enfrenta a la posibilidad de que se desencadene una nueva revolución industrial con la llegada de los robots y las inteligencias artificiales; si no estamos preparados, el futuro del empleo y los sistemas de seguridad social de los países comunitarios podrían verse amenazados”, se lee en el documento, elaborado por la europarlamentaria luxemburguesa Mady Delvaux, que incluso advierte de que si la Inteligencia Artificial llegara a superar al intelecto del ser humano, la supervivencia de la especie podría estar en juego.

“Creo que no deberíamos temer a los robots, sino a las personas, que son las que toman las decisiones en la transformación tecnológica. Tenemos que ser socialmente responsables sobre en qué y cómo utilizamos cualquier tecnología. Hoy en día los ordenadores ya reemplazan a muchos trabajadores en telecomunicaciones, aeropuertos… En muchos servicios no ves ya a personas, aunque a veces preferirías interactuar con un humano”, reflexiona durante una entrevista Oussama Khatib, director del Laboratorio de Robótica de la Universidad de Stanford (EEUU), que ha visitado Madrid para formar parte del jurado de los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento.

Cotizar por un empleado robótico

El documento europeo advierte que “si se mantienen los actuales sistemas de impuestos puede crearse potencialmente un incremento de la desigualdad y la distribución del bienestar”, por lo que propone que las empresas coticen a la seguridad social también por los robots e inteligencias artificiales que empleen.

El primer paso sería concederles una “personalidad electrónica“, similar a la que tienen las empresas como entidades jurídicas, que los catalogaría en función de varias características que aún están por definir pero que podrían incluir las horas de producción, la rentabilidad o el grado de sofisticación del robot. “Es posible que se deba requerir a las empresas que declaren cuál es la contribución que realizan la IA y los robots a sus resultados económicos para que paguen impuestos y garanticen la viabilidad de los sistemas de seguridad social de los Estados miembros”, especifica el texto. Esto contribuiría a que, aunque se destruya un puesto de trabajo por la incorporación de un robot o se creen nuevos empleos específicamente para ellos, se mantenga la sostenibilidad de los sistemas de pensiones.

Su presencia en el mercado laboral es algo que, en realidad, ya está ocurriendo. En enero, la empresa de seguros nipona Fukoku Mutual Life Insurance comenzó a implementar la plataforma de IA IBM Watson Explorer con la que va a sustituir a 34 de sus empleados administrativos y espera incrementar su productividad en un 30%, ahorrar 1,1 millones en salarios y recuperar la inversión en dos años. No obstante, los empleados humanos revisarán siempre los cálculos que se hagan robóticamente antes de que cualquier suma sea abonada a los clientes. Otras compañías de seguros niponas tienen el mismo plan.

Es una cuestión de tiempo que las máquinas sean capaces de desempeñar cualquier trabajo. El debate es qué tipo de profesiones serán reemplazadas antes y cuáles después”, sostiene José Hernández Orallo, investigador de la Universitat Politècnica de València (UPV). “Pensamos que ciertas profesiones no podrán ser reemplazadas porque requieren cierta creatividad, pero ya se está demostrando que las máquinas también pueden hacerlas. Creo que habrá muy pocas profesiones en las que no habrá máquinas, y será porque se prefiera a un humano, por ejemplo, un futbolista o un actor”, asegura Hernández, que acaba de publicar el libro The Measure of All Minds. Evaluating Natural and Artificial Intelligence (Cambridge University Press), disponible sólo en inglés.

Regular el desarrollo y uso de la IA y la robótica es un asunto muy complejo “porque comprende cuestiones económicas, legales y de seguridad”, señala Hernández, que hace un mes asistió en California a la conferencia Beneficial IA, con Elon Musk, en la que debatieron asuntos como el interés y el miedo que suscita en la sociedad, los riesgos que entraña y hasta dónde se puede llegar, si tenemos que ponernos límites”. Hernández considera que “los científicos tendrán que desarrollar sistemas de IA que estén dentro de la ley, al igual que ha ocurrido con la manipulación genética”, pero rechaza medidas como poner una tasa a los robots.

Las máquinas permitirán liberar al hombre de todos esos trabajos repetitivos a los que no aportan valor“, señala Manuel Fuertes, presidente del grupo Kiatt y director general para España de Oxford University Innovation. “En principio supondrá la salida de muchas personas del mercado laboral pero también avanzar hacia una sociedad en la que se creará riqueza que habrá que distribuir independientemente de si se tiene un puesto de trabajo o no”.

Para ello, tanto Fuertes como la europarlamentaria Delvaux proponen la creación de una renta mínima universal que permita decidir al hombre si quiere emplearse en áreas donde pueda aportar intelectualmente. “El hombre no va a perder su puesto, sino que está generando una sociedad en la que no es necesario trabajar para ganarse el pan. Eso no supone que se muera de hambre, supone la creación de nuevos formatos en los que el ser humano aporte realmente valor, eliminando los trabajos mecánicos y explorando los límites de su inteligencia”, añade Fuertes.

“La gente no tiene necesidad de trabajar, sino de estar ocupada”, coincide José Hernández. En su opinión, “hay que hacer una reforma de todo el sistema, pero no se puede detener la automatización, que está ocurriendo desde hace 100 años y es un fenómeno más positivo que negativo porque aumenta la producción. El objetivo de una empresa no es crear empleos sino producir”, señala.

El documento europeo afirma que la habilidad de las máquinas para “aprender de la experiencia y tomar decisiones ha hecho que sean cada vez más capaces de interactuar con su entorno y alterarlo significativamente. Por tanto, saber a quién pertenecería una patente ideada por un robot o quién respondería por él si comete un delito es una necesidad legislativa imperiosa para el día de mañana”.

Crear una Agencia Europea para las Inteligencias Artificiales y los Robots favorecería, según el informe, que la industria pudiese desarrollar planes de negocios estables a escala europea sin tener que ser forzada a adoptar regulaciones de otros Estados que actualmente son punteros en un sector cuyas ventas crecieron un 17% de media entre 2010 y 2014, y un 29% en 2014.

Sin embargo, organismos como el VDMA alemán, que representa a gigantes de la robótica como Siemens, y fabricantes como Kuka, ya han mostrado su rechazo a unas medidas que consideran demasiado complejas y prematuras. “Se trata de una burocracia excesiva que sólo entorpecerá el desarrollo del sector. Es evidente que la constitución como personalidades electrónicas será necesaria, pero dentro de 50 años no de 10”, señaló Patrick Schwarzkopf, director general del VDMA en declaraciones recogidas por la agencia Reuters el pasado junio, cuando valoró el borrador del informe.

Combinar las habilidades del hombre y la máquina

La máquina y el hombre trabajan juntos y tenemos que asegurarnos de que los robots sean seguros“, apunta Oussama Khatib, que ha desarrollado en su laboratorio un sofisticado robot-avatar humanoide llamado OceanOne. Como muestran las fotografías, este robot-avatar sin piernas es capaz de bucear mientras un ingeniero lo controla de forma remota desde la superficie y siente lo que el humanoide está manipulando gracias a un sistema denominado retroalimentación háptica. El pasado abril, OceanOne recuperó del fondo del Mediterráneo una vasija entre los restos de la fragata La Lune, que se hundió en 1664 en aguas francesas.

“Lo que estoy intentando hacer es construir avatares que trabajen en sitios peligrosos o inalcanzables para los humanos, no que quiten empleos. En minas, en lugares situados a gran altitud o a los que no puede llegar el hombre, como el fondo del mar, o que hayan sufrido una catástrofe, como un terremoto o el accidente nuclear de Fukushima. El trabajador interactúa con el robot y sus habilidades y su intuición siguen siendo necesarias, pero físicamente no está expuesto al peligro. No se reemplaza al trabajador o se despide y se pone un robot en su lugar”, asegura Khatib.

“A veces tenemos la idea de que los robots no solo tienen que ser autónomos y hacer cosas (autonomía funcional), sino también pensar (autonomía cognitiva). Pero creo que uno no quiere que un robot le opere, sino un cirujano, que tiene la experiencia y los conocimientos. Lo que es fantástico es que el cirujano use sofisticadas herramientas para eliminar el temblor de sus manos o evitar que tengan que abrirte todo el cuerpo”, apunta el ingeniero.

Un botón de emergencia para apagar el robot

Para evitar que las máquinas lleguen a herir o matar a una persona, el informe europeo propone establecer diversos mecanismos de control, como la obligación de implementar las leyes para la robótica formuladas por el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov, y la creación de un código ético para los ingenieros que les guíe a la hora de diseñarlos, fabricarlos y darles uso. De hecho, el informe del Parlamento Europeo sugiere que lleven algún tipo de mecanismo (que denomina “botón de la muerte”) para poder desactivarlos inmediatamente en el caso de que queden fuera de control y supongan una amenaza para la seguridad física de las personas.

El sector militar es uno de los más interesados en invertir en estos desarrollos tecnológicos, y su empleo en este campo es también uno de los más polémicos. ¿Llegará a haber soldados robóticos? “Personalmente creo que desarrollamos tecnología para ayudar a la gente, no para herirla. Aunque habrá quien me responda que usarla para la guerra es ayudar y defender a la gente”, afirma Khatib. “Veremos -ya lo estamos viendo en realidad- máquinas que ayuden a los soldados en diferentes tareas, como transportar cosas, pero junto con los humanos. La buena noticia es que se tardará mucho tiempo en conseguir un soldado robótico porque es muy difícil lograr que un robot opere en entornos difíciles “, añade.

“Realmente espero que no lleguemos a un escenario en el que haya robots matando a personas porque ya tenemos máquinas que lo hacen, aviones muy sofisticados y autónomos que tienen todo tipo de sensores que podríamos llamar robots y que, como bien sabemos, son capaces de bombardear a la gente”, dice este ingeniero nacido en Alepo en 1950. “Es trágico que la ciudad más bonita y elegante del mundo, y la más antigua que ha estado habitada de forma continuada, esté siendo destruida”, señala antes de contar varias anécdotas de su infancia.

‘Simples sabios idiotas’

Otra de los objetivos que establece el informe europeo es definir qué es un robot inteligente. ¿Hasta qué punto las máquinas que ya existen lo son? ¿Llegarán a tener las habilidades de las personas? Para Hernández, se están produciendo grandes progresos pero todavía son “simples sabios idiotas. Es decir, están especializados en una tarea muy concreta, y hacen algo realmente bien, a veces mejor incluso que las personas. Sin embargo, no son capaces de integrar todo el conocimiento que han aprendido para tareas que no han visto hacer previamente”.

“Queremos siempre predecir el futuro. Hace mucho tiempo que trabajo con estas tecnologías, así que tengo claro que no es nada fácil conseguir que una máquina tenga las habilidades de una persona. Tardaremos tiempo. A menudo pensamos en que una máquina tomará sus propias decisiones pero la realidad es que la máquina siempre va a ejecutar lo que una persona le ha enseñado”, resume Khatib. “El problema no son los robots, sino las personas. Cualquier tecnología puede ser usada para ayudar a la Humanidad o hacerle daños. Incluso un paraguas. Y los robots, son sólo una herramienta, increíblemente sofisticada eso sí, construida para ayudar”.

“¿Debemos parar el desarrollo tecnológico porque haya personas que estén haciendo un mal uso?“, el ingeniero se muestra convencido de que no. “Lo que tendremos que hacer es establecer las normas que hagan falta para asegurarnos de que, efectivamente, ayudan a la humanidad”.