Los iraquíes en las principales ciudades del país siguen festejando la liberación de Mosul, luego de tres años de la brutal ocupación del grupo terrorista Estado Islámico (ISIS, en inglés), como una gran victoria sobre los yihadistas.

En la vecina Siria las milicias apoyadas por Estados Unidos se aproximan a liberar también Raqqa, la que fue capital de facto del califato desde el inicio de su campaña de conquista, asesinato y desestabilización en 2014.

Mientras que las fuerzas del dictador Bashar al Assad, apoyadas por Rusia, presionan sobre los terroristas en Deir Ezzor sin cesar sus ataques a rebeldes y civiles de diferente afiliación.

Estas derrotas militares del ISIS, sumadas a la acumulación de reportes sobre la muerte de su líder Abu Bakr al Baghdadi, generaron en muchos la sensación de que la pesadilla de la opresión y la carnicería están llegando a su fin.

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