En mayo de 2015 estalló el escándalo más grande en la historia del fútbol. El FBI sorprendía con la detención de seis funcionarios de la FIFA, por sospechas de corrupción, a tan sólo días de una nueva elección para determinar quién sería el próximo presidente de la máxima entidad futbolística. Y en esa jugada de la policía norteamericana hubo un nombre que resultó clave: Charles “Chuck” Blazer, quien en ese momento fue sindicado como el principal colaborador del FBI para conseguir la información que finalmente terminó por hundir a los máximos dirigentes de la Concacaf y la Conmebol.

A más de dos años del hecho que dio vuelta el orbe, “Chuck” Blazer falleció ayer miércoles a los 72 años producto de un cáncer.

El estadounidense, quien en 2008 estuvo en nuestro país para supervisar la organización del Mundial Femenino, fue secretario general de la Confederación de Fútbol de Norte, Centroamérica y el Caribe, Concacaf, y miembro del comité ejecutivo de la FIFA. Fue acusado, en 2013, de recibir más de 22 millones de dólares, de manera ilícita, y recibió una suspensión de 90 días en el cargo.

Producto de todos estos ilícitos, Blazer habría decidido cooperar, apoyando en una investigación conjunta con el organismo estadounidense como “agente encubierto”, y así rebajar las penas en su contra por cargos de evasión.

Por Ignacio Soto Bascuñán