El sitio Pousta.com recopiló una serie de relatos de jóvenes que fueron descubiertos por sus padres nada más ni nada menos que en medio de una jornada de sexo intenso.

Por ejemplo destaca el caso del joven que sintió a su madre llegar y no atinó a nada más que gritar “mamá, sal”. Pedazo de error, ya que lo único que que hizo su madre fue simplemente lo contrario: Entrar con mayor rapidez. Allí vio una escena que jamás olvidará… vio a su hijo pilucho, erecto y a una persona escondida detrás de las cortinas.

A continuación la serie de relatos que resalta el medio:

Andrés (21): “Estaba solo en mi departamento, de hecho vivía solo. No era de Santiago y como muchos de región, me vine a vivir a Santiago para estudiar asumiendo lo que eso conlleva: la soledad, limpiar siempre, cocinarse… y hacer cosas que en la casa de tus papás no puedes hacer. Ante tal libertad las oportunidades para disfrutar mi soltería eran abundantes. Como aquella vez que después de una hora y media de gimnasio almorcé con un amigo y nos fuimos a mi departamento “a tomar un café”. De café hubo poco y de sexo hubo mucho. Estaba encima de él, cuando escucho la perilla de mi puerta. Mi vieja había llegado sin avisar siquiera cuando aterrizó en el aeropuerto como para tener algo de tiempo. “¡Mamá, sal!”, grité desgarradamente mientras mi amigo, desnudo, se escondía detrás de mi cortina. Mi vieja, en vez de asumir mi desesperada orden, entró con convicción a mi pieza gritando “¡¿Qué pasó?!” creyendo que estaba siendo atacado, secuestrado, lo que sea de esa mil situaciones caóticas que se imaginan las madres. Bueno… ahí me vio: desnudo, erecto y peludo acostado en mi cama al lado de una cortina con pies. No dijo nada, soltó su maleta y se fue al mall a paso firme”.

Camilo (20): “Estaba en cuarto medio y había llegado con mi polola, que también era compañera mía, a mi casa después de clases. Era viernes, había terminado una semana de mierda, entonces abrimos unas chelas. Ella me preguntó si estaba solo, caché al tiro la intención. Efectivamente estaba solo, recorrí toda la casa para asegurarme. Nos empelotamos en el living y terminamos obviamente en la cama de mi pieza. Lo pasamos súper y todo terminó bien. Mi polola entonces se levantó de la cama y caminó hasta el baño de mi pieza. Fue ahí cuando entró mi papá, jamás caché cuando llegó a la casa. No soló entró a mi pieza, sino que se sentó en mi cama sin cachar que yo no solo estaba a torso desnudo sino que también estaba desnudo de la cintura para abajo bajo las sábanas. Mire sobre su hombro y veo a mi polola salir pilucha y al cachar a mi viejo, que menos mal no se dio vuelta, puso una cara cuática, sonrojada heavy, y se encerró de nuevo en el baño. “Bueno, solo vine a buscar unas cosas”, dijo mi viejo parándose y sacando una caja del pasillo para volver al auto. Apenas salió de mi dormitorio fui al tiro al baño, abrí la puerta y cacho que mi polola no estaba. “¿Qué pasó?”, pensé. Entonces saco mi cabeza por la ventana del baño y veo que mi polola se había escapado por ahí tapándose con las toallas de la ducha, todo esto en el primer piso . Fue por la salida de autos de mi casa justo era por ahí, entonces pasó mi viejo mientras sacaba el auto y vio como mi polola se tapaba con las toallas. Obvio que también vio mi cabeza fuera de la ventana con cara de muerte”.

Florencia (26): “No vivo sola, pero siempre me repartí entre la casa de mi vieja y el departamento de mi viejo. Realidad típica de familia con padres separados, en la que casi siempre, el papá resulta ser más permisivo. Mi mamá nunca dejó que un pololo entrara a mi pieza, más allá del living y el comedor no podíamos estar, pero en el departamento de mi viejo hacía lo que quería. Nunca estaba, entonces hasta el mesón de la cocina fue alguna vez mi escenario. La cosa es que estaba soltera pero tenía onda con un amigo y nos fuimos para el departamento de mi viejo. Ya entregada total casi que le di un tour en pelota por el departamento, hasta que entramos al escritorio de mi viejo, no sé en qué mierda estaba pensando, y la cosa es que lo vimos ahí. No sé si las paredes del departamento son excesivamente buenas, pero la cosa es que no había escuchado nada, pero me vio desnuda (menos mal que estaba recién depilada) junto al compadre en pelota como si nada frente a él y su escritorio. Nos fuimos corriendo, mi cita tomó sus cosas y se fue. Yo muerta de plancha, después me fui a cocinar algo haciéndome la lesa, entonces apareció mi papá y me preguntó: “¿Y no lo invitaste a comer?”.

Javier (28): “Hace algunos años me fui de intercambio a Estados Unidos y a los pocos meses de haber llegado me puse a pololear con una gringa. Ella vivía afuera de la ciudad en la casa de sus papás que eran un poco estrictos, de hecho mi suegro había estado en la Guerra de Irak y una de las cosas que más tenían en la casa, casi como elemento decorativo, eran armas. Ante el pánico de su sola presencia, lo que hacíamos para poder tirar tranquilos era programar mi alarma a la una de la mañana para ir en auto hasta su casa cuando sus viejos ya estaban dormidos. Una de esas tantas veces estábamos en plena y escuchamos pasos bajando la escalera, era su viejo. Yo no entendía porque su viejo estaba bajando las escaleras si eran como las tres de la mañana. Lo que pasó fue que a mi polola se le olvidó el detalle que mis suegros viajaban temprano y para más remate habían dejado sus maletas echas en la pieza de mi polola. Me quería morir, ya me veía en Guantánamo si es que mi suegro me descubría. En pelota me metí al baño, ahí por fin respiré, pero todo se fue a la porra cuando escucho a mi suegro decir que quería usar el baño. Me metí en la ducha, mi única protección era la cortina. El viejo entró, usó el baño pero antes de salir del baño se quedó parado frente a la ducha, no la abrió. Yo creo que cachó que estaba ahí, pero solo que no quiso correr la cortina”.

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