Miraba concentrado el “Juramento a la Bandera” que hacían los noveles soldados incorporados este año al Ejército. No era menor lo que estaba viendo: después de 27 años esta ceremonia se realizaba frente al “Monumento a la Bandera”, en pleno barrio cívico y teniendo como testigos a las principales autoridades nacionales, encabezadas por la Presidente Bachelet.

Me preguntaba si a los allí presentes, dadas sus altas responsabilidades de gobierno, en algún instante -por fugaz que fuera- se les pasaría por la mente el verdadero significado de aquel rito militar y de la responsabilidad que adquirían los juramentados.

Pensé que ese mágico momento, donde el poder político podría sentir el sublime compromiso del poder militar con la patria y su historia, se produciría cuando esos miles de jóvenes uniformados se juramentaran a viva voz ante la bandera y al Dios de sus creencias de… “servir fielmente a mi patria…y  obedecer con prontitud las ordenes de mis superiores….”

Una vez más, estaba equivocado… Fueron las palabras del Comandante en Jefe las que despertaron la atención de la sociedad política. Habían escuchado “fuerte y claro” el mensaje, ante el cual lo mejor era hacerse los desentendidos con lo que habían oído… ¡Así no más fue!  Con la excepción de una que otra reacción de algún político de baja estofa, nadie se dio por enterado… ¡a nadie le vino el sayo!

En un año electoral, agitadas las aguas de la contingencia, y cuando el electorado quiere definiciones claras de los políticos, éstos por nada quieren salirse de lo políticamente correcto. Por tanto… nada más conveniente que no prestar oído a la indesmentible verdad.

Es innegable que la autoridad militar, en tan solemne momento, quiso subrayar a las autoridades presente que, bajo los preceptos de “la obediencia debida y las circunstancias político estratégicas que se vivieron en la década de los setenta”, los soldados que hoy se encuentran privados de libertad en Punta Peuco o en la cárcel pública de Colina, sólo habían cumplido con el juramento hecho hace ya muchos años, lo que no era para nada distinto al acto que estaban presenciando.

Lo expresado por el General Oviedo adquiere aún más valor si a ello se suma, con toda honestidad, algo que suele omitirse cuando se toca el tema de los militares y es que… sobre “la familia militar” pesa la total convicción de que la gran mayoría de esos viejos soldados privados de libertad son absolutamente inocentes de los cargos que se les formulan.

Tal convicción se soporta en múltiples informes en derecho que sostienen que… esos “veteranos” han sido condenados injustamente, por un sistema procesal dejado de lado por su carácter inquisidor o, como lo ha reconocido un connotado ex supremo, por “ficciones jurídicas”, además de otras muchas arbitrariedades.

Por último, digámoslo claramente, porque a buen entendedor pocas palabras… el mensaje del Jefe del Ejército apuntó al corazón de la asimetría jurídica que se aplica a quienes hace ya muchos años  juraron… “servir fielmente a la patria hasta rendir la vida si fuera necesario”, y lo único que piden es… que se les apliquen las normas como a cualquier ciudadano chileno, en una idea… la igualdad ante la ley.

Sigue pasando el  tiempo  y ¡no se oye padre! En esta oportunidad el Ejército habló fuerte y claro… pero es sabido:  no hay peor sordo que el que no quiere oír.

Cristián Labbe Galilea

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