Por primera vez Chile bajó de categoría en su clasificación internacional de riesgo. La agencia Standard & Poor´s cambió al país de “AA-“ a “A+”, lo que se traduce en un debilitamiento del peso, el aumento de tasas de interés, tanto para el sector público como el privado, y la menor confianza de los mercados internacionales.

Anteriormente, la calificadora Fitch Ratings puso la primera nota negativa a Chile, a modo de advertencia. Justificaron su decisión en el debilitamiento económico prolongado y la baja confianza con respecto a nuestros socios comerciales, síntomas que atribuían a la desconfianza generada por las pretensiones refundacionales del gobierno.

En este caso la suma de mediciones y factores que se han estancado, o han ido a la baja, han generado un punto de inflexión en la imagen internacional de Chile. Estos factores son parámetros objetivos, como el bajo crecimiento económico sostenido, la baja inversión, el déficit fiscal y la deuda pública.

A su vez, el deterioro de cada uno de los elementos mencionados ha sido consecuencia de una suma de factores y malas decisiones que ha efectuado esta administración, al imponer reformas innecesarias y apuradas, pobremente diseñadas y mal implementadas.

En los primeros dos años de este gobierno el gasto público aumentó 3 veces lo que creció el PIB, su sobreexpansión está cayendo por su propio peso.

Al cierre de 2016 la deuda pública alcanzó un 21,7% del PIB, la cifra más alta desde 1994, y la próxima administración deberá asumir una deuda entorno a 26% del PIB, junto a un financiamiento comprometido que hará llegar la deuda hasta los 30 puntos para 2019.

Para recuperar la confianza y rectificar el rumbo del país se requiere un cambio definitivo en materia económica. De momento, las malas políticas implementadas las pagamos todos, especialmente los más necesitados.

Carta al diario La Tercera de José García Ruminot

Senador por La Araucanía

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