Felices y sacando cuentas alegres se encontraban los ministros de Gobierno que, luego de dos años de tramitación, consiguieron que el Senado aprobara los pilares fundamentales de la denominada Ley de Aborto. Un trayecto complejo que aún cuenta con nudos internos, principalmente la objeción de conciencia y algunos ítems del acompañamiento, sumado esto a que en el horizonte aparece ciertamente la sombra del Tribunal Constitucional, en cuyo caso la iniciativa debiera tramitarse antes de la segunda quincena de agosto, fecha en que cambiará la correlación de fuerzas al interior del organismo, pues, de lo contrario, la despenalización del aborto correría serio peligro de naufragio.

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