La declaración histórica del Comandante en Jefe del Ejército en la ceremonia de Juramento a la Bandera, poniendo seriamente en duda el tratamiento del Estado de Chile, desde un punto de vista legal, periodístico, académico, comunicacional, etc. mas en definitiva estrictamente político, a los condenados militares y policiales por derechos humanos, pareciera haber caído en tierra infértil…pareciera.
Veamos primero que dijo y que no dijo el General Oviedo:
Su discurso fue en un lugar simbólico y en el epicentro vital de la república, en el momento más espiritual y tradicional de la formación profesional de su tropa.
Probablemente sin proponérselo habló en nombre de las FF.AA., Carabineros y la PDI, personal en servicio activo, en retiro y sus familias. Los representó a todos. No cabe duda.
También habló en nombre de los ciudadanos que, independiente de su orientación política, ya están asqueados del aprovechamiento que todos conocemos, a partir del manoseo y arreglo de la verdad histórica y el enjuiciamiento ilegal para lucrar y lograr votos y posicionamiento estadístico. Nótese que con una irreverente y equivocada opinión de la DC, todo el mundo político miró para el lado. Y si miró para el lado es porque bien saben que han sido sorprendidos en falta.
Oviedo no negó que hubieron excesos. Pidió se estudie el contexto histórico y también el “contexto político”: muy acertado.
Solicitó que con arreglo a la legislación militar se evalúe el concepto de obediencia debida, el que debería ser aplicado a jóvenes uniformados que en esa época actuaron conforme a su esquema de mando y responsabilidades y hoy son juzgados como gestores, asociados y responsables intelectuales de situaciones que no estaban siquiera en su nivel.
Hoy, en nuestro país, se prepara un cambio de régimen, pero eso no es importante ya que el gran pacto que celebran y honrarán por siempre los políticos: “la democracia de los acuerdos”, se logró a partir del primer y gran acuerdo (no escrito, por supuesto, pero visible por todos), construido, con pocas excepciones, por el amplio espectro del poder:
“Los militares son los responsables del quiebre democrático del año 1973 y de las posteriores violaciones a los derechos humanos. Solo ellos”.
Así, los oídos sordos del mundo político no deben asombrarnos. Colabora magníficamente la prensa en general. ¡Está todo tan bien así!
Comprendamos entonces que están solos, que desde el mundo político no vendrá ninguna solución a los problemas que los aquejan.
Entonces, que se puede hacer?
Las FF.AA. deben usar su estructura, su capacidad instalada. Tienen la capacidad académica para analizar escenarios políticos, político estratégicos, operativos y tácticos. Tienen la capacidad para aportar al desarrollo en todos los ámbitos del devenir nacional. No solo la Constitución, la legalidad y la lógica del funcionamiento del Estado los avalan para opinar con fundamentos y actuar haciendo gala del mayor profesionalismo cuando los problemas nos aquejan a todos los chilenos. ¿Por qué no entonces cuando hoy, con escasas excepciones, nadie los escucha? Es más, creo que es un deber: suyo y nuestro, de todos los chilenos.
Alzar su voz en un gran acuerdo académico estrictamente militar – ni siquiera con aval de la Defensa – utilizando la totalidad de la capacidad académica de que disponen las fuerzas armadas, a partir de una hipótesis de trabajo basada en la cuidadosa argumentación expuesta por el Comandante en Jefe del Ejército, debiera bastar para la realización de estudios, seminarios, paneles de expertos y/u otros que permitan extraer conclusiones respetuosas, ajustadas a derecho y patriotas, que no solo pudieran llegar a darles tranquilidad con sus caídos sino además – creo firmemente – servirán de base conceptual para acciones políticas posteriores urgentes y necesarias; cuando especialmente a raíz de este “ruido de molestia militar”, el mundo político finalmente se dé cuenta que debe abordar una materia pendiente de nuestra historia reciente.
PATRICIO ESPINOSA ZANELLI Coronel (R) delEjército
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