Mario Vargas Llosa afirma sobre el populismo que “No se trata de una ideología, sino de una epidemia viral – en el sentido más tóxico de la palabra – que ataca por igual a países desarrollados y atrasados, adoptando para cada caso máscaras diversas”

¿Qué es el populismo? se pregunta el premio Nobel de Literatura: “Ante todo, la política irresponsable y demagógica de unos gobernantes que no vacilan en sacrificar el futuro de una sociedad por un presente efímero.”, y que en el tercer mundo (como Chile) “viene disfrazado de progresismo”.

Así comienza la reciente obra editada por Álvaro Vargas Llosa “El estallido del populismo”, y que comienza con un prólogo de su padre.

El libro contiene un repaso de las recientes experiencias populistas en América Latina, – esas que ya creíamos superadas a principios de los 90 -, pero que como un cáncer que nunca muere, reaparecen una y otra vez en la historia de nuestro continente.

Ahí está el caso de Rafael Correa en Ecuador, quien después de gobernar por 10 años, en una muy dudosa elección, le entregó el mando a un leal suyo, (Lenin Moreno) y que con el grito de “Revolución Ciudadana”, prometió un gobierno liderado por “mentes lúcidas, corazones ardientes y manos limpias”, apelando a una de las inmortales utopías populistas, “la refundación”.

Todo se ha hecho mal, hay que comenzar desde cero. Cambiaremos TODO y al parecer lo cumplieron con creces. Durante su mandato, Correa destituyó a los 57 diputados de oposición que estaban en el Congreso, aprobó la ley de prensa más antidemocrática de la historia de América Latina, y dilapido los ingentes recursos del boom petrolero que vivió Ecuador entre 2007-2013.

Otro tanto ocurre en México, en donde el más fuerte candidato para las próximas elecciones presidenciales, Andrés López Obrador, se ha convertido en el gran impulsor de lo que él llama la “democracia popular” (que debe sustituir a la “democracia liberal”), y para quien todo lucha democrática se debe producir en base a la movilización social, de ahí su teoría de la “movilización permanente”, pues para un populista como él “Este país no avanza con procesos electorales, avanza con movilizaciones sociales”, reflejando la tradicional visión autoritaria de la mayoría de los populismos latinoamericanos.

Como señala el académico Enrique Krauze, si alguien así llega al poder en México “El hombre maná que se ha propuesto purificar, de una vez por todas, la existencia de México, descubrirá tarde o temprano que los países no se purifican: en todo caso se mejoran”.

Un caso de mayor dramatismo aún es posible encontrar en otro de los íconos populistas de la América Latina reciente: Daniel Ortega, quién por más de 20 años ha ocupado la presidencia de Nicaragua, reivindicando como uno de sus grandes “logros“, el que “las elecciones burguesas se hallan en extinción en Nicaragua”.

Daniel Ortega es también un ejemplo claro de otra de las armas favoritas del populismo latinoamericano, como lo es “la promesa milagrosa”. Esas promesas, únicas y grandes, condesan en un solo hecho todo el paraíso futuro de un país (en Chile, si se recuerda, fue la llamada Nacionalización del Cobre …. ) y que en el caso de Nicaragua, es la siempre presente promesa de construir un Canal propio que una el Océano Pacífico con el Atlántico y que sea capaz de terminar con el monopolio al canal de Panamá.

El último resurgir de la “promesa milagrosa” del canal nicaraguence ocurrió el 2013, cuando Ortega firmó “El Acuerdo Marco de Concesión e Implementación del canal de Nicaragua”, con el empresario chino Wang Ying, quien se comprometió a reunir el capital de 50.000 millones de dólares necesarios para su construcción …. De ahí al paraíso, solo bastaba un pequeño impulso y todos los problemas de Nicaragua se resolverían en un abrir y cerrar de ojos.

Por supuesto, del canal no se construyó ni un solo metro, pero en el intertando, millones de dólares desaparecieron como por arte de magia ….

Lo mismo se puede decir del otrora idolatrado Luiz Inácio Lula da Silva o simplemente “Lula”, a quien la revista Time, calificó el 2010, como el líder más influyente del mundo, y quien practicó otra de las armas preferidas de todo buen populismo: la estrategia del “relato excluyente”, por medio del cual, su gobierno habría dividido las aguas en la historia de Brasil, un antes y un después, en donde solo y exclusivamente él habría logrado devolver el país a los pobres de Brasil. Es lo que se llamó “El Lulismo”.

Sin embargo, como lo demuestran las estadísticas oficiales del país, el gran impulso económico y social del Brasil se gestó no con Lula sino con su antecesor, Fernando Henrique Cardoso, éxito del cual Lula solo usufructuó, siendo además, incapaz de continuar.

Nuevamente citando a Mario Vargas Llosa: “La derrota definitiva del populismo, como fue la del comunismo, la dará la realidad, el fracaso traumático de unas políticas irresponsables que agravarán todos los problemas sociales y económicas de los países incautos que se rindieron a su hechizo”.

Hoy en día, Brasil vive sumergido en una crisis política y económica sin precedentes y el carismático “Lula” ha sido condenado por la justicia por cargos de corrupción.

Por último, ¿Qué cabe agregar de la “dictadura narco-populista de Nicolás Maduro” y ¿la llamada década robada de los Kirchner en Argentina?, en donde se pueden reconocer fácilmente otras muchas estrategias populistas como el “exclusivismo”: solo somos nosotros los verdaderos representantes del pueblo y los “puros” que pueden redimir al país, y el “adanismo”: (de Adán, el primer hombre) la historia comienza con ellos y el pasado es un solo gran fracaso del cual nada se puede rescatar.

Pero por si fuera poco, a los patéticos ejemplos de populismos fracasados que da nuestra América Latina, debemos sumar el triste “honor” de ser, además, la cuna de toda una filosofía política justificadora del populismo.

Nos referimos al argentino Ernesto Laclau, recientemente fallecido, y quien justificó en sendas obras “Hegemonía y estrategia populista” y “La razón populista”, el objetivo populista de construir una “democracia radicalizada, libertaria y plural”, la que solo sería posible alcanzar con una “revolución democrática” que permita articular la mayor cantidad de demandas sociales posibles, en una sola gran corriente que encarne un proyecto hegemónico de una nueva izquierda.

Para Ernesto Laclau y sus seguidores, el populismo no es una anormalidad o una especie de enfermedad de la política, sino por el contrario, sería la forma específica de construcción de las identidades políticas colectivas, reivindicándolo como “una forma legítima entre otras de construir el vínculo político”.

Vinculo que por lo demás, no es más que la manifiesta de una ideología totalitaria, para la cual la única solución racional posible de los temas públicos, es la imposición de una hegemonía, en este caso de una “izquierda populista”, que al igual que en los años 60, viene a prometer nada más y nada menos que ”el cielo en la tierra”.

Por último, cabe señalar que en el caso de Chile tampoco nos quedamos atrás. Nuestro país tiene tenemos destacados representantes de este Chavismo-Kichnerista-Sandinista-Lulista …. y quién sabe que más ….  y que no son otros que el llamado Frente Amplio y su candidata presidencial Beatriz Sánchez, quién, al más puro estilo nicaragüense de Daniel Ortega, entregó la solución “milagrosa” a casi todos los problemas del país: recaudar 10.000 millones de dólares más al año ….., solo sería cosa de subir los impuestos a la gran Minería, establecer otro impuesto a los “hiper-ricos” y otro impuesto a las “sobre-utilidades” de las empresas, y así en un dos por tres, (increíble que a nadie se le haya ocurrido antes tamaña genialidad), se conseguirían los recursos -para hacerse un idea- de todo el actual presupuesto de salud anual del país.

Por supuesto que los efectos en la inversión, la inflación, la competitividad, la evasión fiscal, el desempleo, y en fin, el largo etc. de la realidad no entran en el cálculo populista ¿para qué?

El populismo es el mayor peligro de la política latinoamericana, peligro del cual Chile no está ajeno. Si por algo será recordado el segundo gobierno de la Presidenta Michell Bachelet, es por haber abierto las compuertas al populismo y a la irresponsabilidad política y fiscal.

Las consecuencias las podremos apreciar en las próximas elecciones presidenciales.

Por Gonzalo Arenas Hödar, abogado, magister en Historia

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