Hemos sido testigos de la gran cobertura que los medios condescendientes con el actual gobierno le han dado al fraude en Carabineros y a las supuestas irregularidades en las pensiones en las FFAA. No pretendo restarle importancia a la gravedad de estos hechos y puedo anticipar que el monto de las malversaciones en la policía uniformada, que hoy va en los 27 mil millones, llegará a cifras que provocarán un terremoto Grado 10, a todo nivel. Tampoco niego que es reprobable el hecho que haya personal de las fuerzas armadas (uniformados, pero también civiles, académicos y juristas entre otros) que hayan jubilado con montos ajenos a la realidad del resto de los pensionados y muy especialmente que se paguen pensiones por invalidez a quienes aún continúan trabajando. Lo que no me parece es que se aplique la misma vara de rigurosidad para enfrentar el tema cuando afecta a personas ligadas al Gobierno. ¿Se sabe por ejemplo, cuál es el monto de la pensión que cobra la madre de la Presidenta y en que quedaron las gestiones que se hicieron para obtener una indemnización por la muerte del General Bachelet, asesinado para algunos, fallecido de un ataque al corazón según los peritos que investigaron el tema? No se trata de buscar la teoría del empate, aunque en este caso podría darse perfectamente, porque si de irregularidades en las pensiones se trata, están ahí las millonarias cifras que recibía Myriam Olate (ex esposa de Osvaldo Andrade) por un cargo absolutamente innecesario en Gendarmería. Y ni hablar del caso Caval, donde se pretende sobreseer a Sebastián Dávalos, como si no fuera al menos cómplice de todo lo que hizo su mujer, Natalia Compagnon. ¿O acaso él no hizo gestiones y luego se benefició con las ganancias obtenidas por la empresa? Y por último, lo más triste y lamentable: el caso Sename. Porque aquí la corrupción no se cuantifica en dinero, sino en la  dramática cantidad de niños muertos, por la desidia o ineficacia de las autoridades responsables del tema. Finalmente, una precisión, casi todos estos temas se arrastran desde la época en que Michelle Bachelet era Ministra de Defensa y se agudizaron durante su primer mandato como Presidenta, para explotar recién ahora, cuando está cercana a dejar La Moneda definitivamente. ¿Por qué no se investigó antes? ¿Por qué no se denunció en su momento la situación de Carabineros y las FFAA? ¿Por qué ahora, justo en un año electoral en que la coalición de Gobierno se ve irremediablemente perdida? Saque usted sus propias conclusiones.

/Columna de Waldo Mora Longa, publicada en la página editorial del diario el Mercurio

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