En marzo, cuando Chile Vamos retome las conversaciones para conformar la plantilla parlamentaria, el senador y vicepresidente de la UDI, Juan Antonio Coloma, se sumará al equipo negociador de su partido con el objetivo de llegar a un acuerdo con sus socios de coalición. Junto con ello, trabajará desde la directiva para enfrentar la otra gran elección de este año: la presidencial. Ya lo hizo en 2009 cuando presidía la UDI y ésta proclamó a Sebastián Piñera como su carta presidencial. Un escenario que ahora podría repetirse.

Usted se incorporará a las tratativas parlamentarias de Chile Vamos. ¿Qué expectativas tiene la UDI en esta negociación?

Efectivamente, en la comisión política me pidieron que fuera una de las personas que se van a hacer cargo de la comisión electoral. En cuanto a las expectativas, tenemos las que deberían tener todos: sacar un buen resultado como coalición. Hemos visto la importancia de tener un Parlamento fuerte, porque gran parte del desastre que ha sido la Nueva Mayoría es porque tienen el poder total en el Parlamento. Por lo tanto, recuperar espacios en el Congreso es esencial, y eso se logra con buenos candidatos y con realismo político. Con RN hemos conformado acuerdos desde hace años, y siempre ha habido buena capacidad de entenderse. Espero que en este nuevo esquema de Chile Vamos exista ese mismo espíritu.

Durante las últimas semanas ha habido fuertes diferencias entre la UDI y Evópoli, por las aspiraciones que tienen ellos de competir en “igualdad de condiciones”. ¿Qué le parece esta situación?

Espero que esas cosas vayan fluyendo. Todos los partidos deben tener espacio para existir, y eso debe ocurrir en una lógica de realismo político. En la Nueva Mayoría esto también se reflejaba, y el número de cupos que se llevaba cada partido dependía según cuántos votos podía aportar. Y era algo de sentido común. Nadie pretendió que todos llevaran el mismo número de candidatos. En ese sentido, la última elección municipal tuvo una virtud: cada partido llevó a los candidatos que desearon, por lo que los resultados corresponden a los votos que cada partido pudo recibir. Ese es un buen punto para situarse a la hora de las negociaciones, porque permite ver cuál es la cantidad de votos que cada partido puede aportar. Y espero que seamos capaces de llegar a un buen acuerdo.

En Evópoli plantean que si la UDI confía en que tiene más votos, que compitan de igual a igual y que les ganen en “cancha pareja”. ¿No es atendible este reclamo?

Nosotros no pretendemos llevar más candidatos que el resto. Con RN sacamos resultados relativamente similares en la municipal, y no pretendemos llevar más postulantes que ellos. Lo que yo digo es que sacar un 15% o 16% en una elección, o sacar un 3%, marca una lógica relativa. En la Nueva Mayoría nunca vi que la Izquierda Ciudadana pretendiera llevar el mismo número de candidatos que la DC. Si a un partido con potencial más grande lo restringen a llevar menos candidatos, ¿quién pierde finalmente? Pierde la lista, porque su potencial queda disminuido. Si hay partidos que por historia o liderazgo tienen más capacidad de sacar votos para el sector, lo lógico es ayudar a que eso sea posible. Soy optimista en que llegaremos a un acuerdo.

Otra elección relevante este año es la presidencial. A menos de diez meses, ¿cómo ve ese escenario?

Esta no es una elección presidencial cualquiera, sino que, desde el punto de vista de las ideas, es una de las más relevantes en décadas. Ya no estamos ante esa suerte de consenso mínimo que existió por 24 años en Chile, que fue muy virtuoso: donde, más allá de quién gobernara, había consenso en ciertas lógicas, en entender el esfuerzo personal como eje del desarrollo, en la importancia del emprendimiento privado, del trabajo bien hecho, y lo importante que era lo que pensara el otro. Eso se perdió con este gobierno. Por el nivel de los problemas, hoy Chile necesita lo más parecido a un SuperTanker, y la Nueva Mayoría demostró que es incapaz de manejarlo.

La UDI llega a marzo -fecha en que debe definir a su abanderado- sin un candidato propio, pese a la voluntad que tuvieron algunos de levantar una opción.

No es el escenario ideal, me hubiera gustado que tuviéramos una alternativa, pero hemos tenido situaciones internas que lo han complejizado. Pero lo más relevante es el “para qué” se va a gobernar, y luego el “con quién”. Y creo que ese “para qué” hoy es clarísimo: para recuperar un país donde el emprendimiento, el progreso y el optimismo vuelvan a tener espacio. Y en eso, espero que la UDI sea parte del corazón de ese nuevo gobierno. Y, a estas alturas, sin complejos, creo que quien mejor representa eso es el ex Presidente Piñera.

Siendo realistas, Piñera es hoy la única opción competitiva que tiene la UDI de volver al gobierno. ¿Cree que va a ser proclamado en el consejo general de marzo?

Vamos a tener dos instancias distintas: un consejo programático donde vamos a definir el “para qué”, y otro de proclamaciones. A estas alturas, creo que la UDI tiene que respaldar al ex Presidente Piñera y tomar con fuerza un rol de liderazgo en la conformación del programa de gobierno, que creo que es muy importante para que el país retome la senda del progreso. Creo que progreso es el concepto clave, porque marca una diferencia entre el gobierno actual y lo que fue el gobierno anterior.

En 2009, tras el consejo de Punta de Tralca, la UDI entregó su ideario de gobierno al entonces candidato Piñera. ¿Van a hacer algo similar en esta ocasión?

Absolutamente. A mí me tocó presidir el partido en ese momento, y fue una experiencia muy interesante. Si uno mira en perspectiva, gran parte de esas propuestas fueron llevadas a cabo, y espero que ahora hagamos algo equivalente. En marzo esperamos entregar un documento respecto de cuáles son, a nuestro juicio, las prioridades y las políticas sociales que debiéramos abordar dado el estado actual del país.

Justo en un año electoral, la presidenta de la UDI, Jacqueline van Rysselberghe, enfrenta una polémica por correos con el ex presidente de Asipes, Luis Felipe Moncada. El diputado Hugo Gutiérrez (PC) anunció que presentará una querella por este tema. ¿No es un complejo mantener este flanco abierto?

Primero, creo que la senadora Van Rysselberghe ha sido una de las personas mas injustamente atacadas en su trayectoria política. La izquierda no le perdona que ella les arrebatara primero la alcaldía de Concepción y luego la senaturía que habían doblado dos veces. No por nada, antes de esto ella tuvo cinco querellas en su contra, muchas de ellas presentadas por parlamentarios de izquierda, y todas fueron desestimadas en las investigaciones posteriores. Y en este caso en particular, creo que no pasa de ser un intento más por desacreditar a una mujer que ha sido muy capaz en su vida pública.

¿Pero no es un riesgo para el partido que este tema pueda terminar judicializándose?

Creo que mucho más riesgoso sería actuar con el temor de que, de forma injusta, la presentación de querellas pueda inhibir el actuar público de las personas. Si alguien hace de la amenaza su forma de hacer política, y uno se entrega a esas amenazas, sería el peor de los mundos. El diputado Gutiérrez sale en la prensa por su presentación de querellas, no por su rol parlamentario. Si no, pregúntenle al senador Fulvio Rossi, que era su socio de coalición. Yo le preguntaría cuántas de esas querellas han resultado exitosas, como para entender qué es lo que va a pasar con esta.

Van Rysselberghe ha dicho que ese intercambio de correos con Moncada se produjo en el contexto de su relación de amistad y debido a sus conocimientos en materias de pesca. ¿No le parece que la senadora podría haber sido, al menos, más cuidadosa en esos correos?

Yo desafío a cualquier persona a que vea la cantidad de información que uno como senador recibe en el correo. A mí me llegan miles de correos. Pero creamos un poco en el criterio de las personas. En este caso en particular, hay que ver bien cuál era la inquietud del señor Moncada, y qué es lo que finalmente ocurrió. Efectivamente, esto se aprobó por unanimidad de los parlamentarios de la comisión (de Pesca), y luego se aprobó en la sala. ¿Quiere decir que todos se equivocaron por igual? No, porque se aprobó por un bien del país, no porque beneficiaba a un sector determinado. Si uno hace de la desconfianza la única herramienta política, uno va a vivir siempre desconfiando. Yo trato de confiar un poco más en las personas.

Entrevista de Javier Canales para el diario La Tercera

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